jueves, 31 de diciembre de 2009

Cédula real

Fechada en Granada el 20 de junio de 1526, el secretario real de Carlos V emitió la Cédula del Emperador a Hernán Cortés para que despache desde los puertos de la costa occidental de Nueva España alguna embarcaciones al Maluco para saber del paradero de las que fueron con Magallanes y Loaisa.
Esta era la respuesta del Rey a las propuestas hechas desde México por Hernán Cortés, interesado en participar en la campaña española en el Pacífico. El documento oficial relata al conquistador de México que se habían mandado tres expediciones a las Molucas, la de Magallanes, la de Loaisa y la de Sebastián Caboto. Ordena entonces a Cortés preparar naves para llegar a esas islas y localizar a los tripulantes de la expedición de Loaisa, ordenar la situación en las Molucas y completar la misión de asentar el control español en esas islas.
El documento dice lo siguiente:
El Rey: Don Hernando Cortés, nuestro Gobernador y Capitán general de la Nueva España: bien debeis saber, como el año de quinientos y diez y nueve envié una armada de cinco naos a las nuestras islas del Maluco e otras partes donde hay especiería, que caen dentro de los límites de nuestra demarcación, para les contratar, de que fue por nuestro Capitán general Hernando de Magallanes, de la cual algunos navíos llegaron a las dichas islas del Maluco, y rescataron y cargaron en ellas, e la nao capitana llamada la Trinidad quedó allá, porque hizo agua, con hasta cincuenta y siete hombres; y después el año pasado de quinientos veinte y cinco mandé enviar otra armada a las dichas islas e contratación de especiaría con ocho naos, en las cuales fue por Capitán general el Comendador Fr. García de Loaisa, caballero de la orden de San Juan, hasta llegar allá, porque después de cargadas las naos más gruesas que lleva él, con las demás e con cierta gente que de acá lleva, ordene las que han de quedar en las dichas islas, asentando su trato en ellas y gobernándolas; y asimismo este presente año de quinientos veinte y seis ha partido Sebastián Caboto con otra armada de tres naos e una carabela, el cual también ha de ir a las dichas islas de Maluco, y porque ansi para saber qué se hizo de la dicha nao capitana, llamada la Trinidad.
Para llegar a las Molucas, el Emperador ordena que "con diligencia se enviase por esas partes una carabela o dos a traer la relación de ello". Con más detalle se refiere a las cartas de relación de Cortés: "he visto que por vuestras cartas, relaciones que habeis enviado, haceis memoria de las cuatro carabelas o bergantines que teniades hechos y echados al agua, en la costa del mar del Sur: y como decías que las teníades echas para el propósito del descubrimiento de la especería, por la gran confianza que Yo tengo a vuestra voluntad para en las cosas de nuestro servicio y acrecentamiento de nuestra Corona Real, he acordado de encomendaros a vos este negocio.
Con esta carta, Hernán Cortés recibió el anhelado respaldo del Emperador para organizar la expedición, abastecerla debidamente y nombrar a la persona de su confianza para dirigirla "con la diligencia e gran cuidado que en el caso se requiere, e vos soleis poner en las otras cosas que son a vuestro cargo"
Previendo que no hubiera sobrevivientes de las anteriores expediciones se instruye a Cortés que aproveche el viaje para realizar el comercio necesario con las islas de la especiería.
Y será bien que proveais como en las dichas carabelas o bergantin se lleven algunas cosas de rescate, para que a falta de no hallar las dichas nuestras armadas, o por si toparen alguna isla o tierra rica, puedan contratar e rescatar en ella, e proveais como lleven el mejor piloto que se pueda hallar, y todas las demás personas espertas en aquella navegación que sea posible, sobre lo cual escribo a Luis Ponce de León y nuestros oficiales, que provean lo que fuere menester para ello, y que vos ayude y solicite.
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Martín Fernández de Navarrete. Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV.Tomo V.Documentos de Saavedra. Madrid en la Imprenta Nacional, 1837. pp.440-441.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Paso del Norte

En las Cartas de Relación de Hernán Cortés se expresa con claridad el tema de una supuesta comunicación marítima entre el Atlántico y el Pacífico, en la parte norte del continente americano, recién descubierto. Este pensamiento dominó por casi medio siglo la curiosidad de exploradores y administradores imperiales en toda Europa, desde la época de Colón y hasta muy entrado el siglo XVI.

Españoles, portugueses, franceses e ingleses apostaron recursos materiales y humanos para tratar de encontrar ese canal. Los frutos de tales esfuerzos fueron distintos a los esperados. Francia exploró, con la ayuda de Giovanni de Verrazzano en 1524, la costa este del actual territorio de Estados Unidos, de Nueva York a Florida. Posteriormente, gracias a Jacques Cartier, alcanzó en 1534 territorios septentrionales en América como la desembocadura del rio San Lorenzo, que serían parte de sus posesiones por varios siglos.

Un antecedente muy importante fueron las exploraciones de João Fernandes Lavrador, quien desde 1498 había dado cuenta de la existencia de Groenlandia o como se le conoce en español, tierra de Lavrador, en su honor. En 1499 y 1502, los hermanos Gaspar y Miguel Corte Real continuaron dichas exploraciones en el Atlántico norte. Estos descubrimientos quedarían anotado en los haberes de la corona portuguesa, sin mucho provecho, ya que el interés principal de los lusitanos era el avance por el lado de la India.

Inglaterra por su parte había empleado sin mucho entusiasmo los conocimientos marítimos que estaban en poder de renombrados marineros de diferentes origenes (sobre todo italianos y portugueses) para tratar de sumarse a la carrera de exploración de las naciones vecinas. Para ello Enrique VII patrocinó en una fecha tan temprana como 1496 y 1498, al italiano Juan Caboto para avanzar por el Atlántico norte.

De aquellas experiencias acumuladas, aparece un personaje, Sebastian Caboto, que ha sido poco valorado y que sirvió tanto a la corona española como a la inglesa. Hijo de Juan Caboto, es posible que participara desde muy joven en las expediciones de su padre y a lo largo de su vida defendió ante a los poderes europeos la idea de que existía un paso del norte, que facilitaría el camino por el oeste desde Europa hasta Cathay (China).

sábado, 26 de diciembre de 2009

De Molvccis Insulis

En el año 1522, un estudiante alemán en Valladolid, España, escribió una carta a su padre. El joven Maximilianus Transylvanus, alumno del gran humanista Pedro Mártir de Anglería, escribió este texto como un ejercicio de composición en latín, pero resultó ser ni más ni menos una suerte de ejercicio periodístico, pues entrevistó a los marineros -y probablemente al propio Sebastián Elcano-, recién desembarcados en Sevilla después de su largo viaje alrededor del mundo.

No fue un asunto menor, puesto que el estudiante era hijo natural del Arzobispo Matheus de Salzburgo, en Alemania, y el texto fue publicado en Paris en julio de 1523, con un éxito inmediato, lo que permitió reimpresiones en Roma en noviembre de ese año y en 1524 (ed. F. Minitii Calvi). De ésta se puede observar la siguiente portada:

El texto recoge los testimonios de aquellos marineros, mencionando territorios y culturas desconocidos para los europeos, con excepción de los portugueses; algo que posteriormente sería expuesto con mayor detalle por Antonio Pigafetta en su crónica del viaje alrededor del mundo. Sin embargo, la carta de Transylanus es digamos, fresca. Relata que el emperador había destinado a Magallanes en busca de las islas de las especias. "Aunque los portugueses nos traen grandes cantidades de ellas del Chersonesus Aurea (descrita por Tolomeo), que ahora llamamos Malacca, en realidad ninguna de sus posesiones produce nada más que pimienta".

Como quien descubre el truco del mago, Transylvanus informa que otras especias, como la canela, el clavo, la nuez moscada, y su cáscara (macis), son traídos desde islas más allá de la India, pero no de lugares tan distantes como se pretende, y además en barcos movidos por el viento, llamados juncos.

Señala que, a pesar de la autoridad de Herodoto, la canela no se encuentra en los nidos de los pájaros, incluso del Ave fénix, traídas de remotas regiones. "No conozco quien haya visto un nido de Fenix", anota en su texto. Plinio por su parte, quien podría tener mejores medios para conocer los hechos, pues las flotas de Alejandro Magno y otras expediciones ya habían hecho sus viajes, consideraba que la canela venía de Etiopía, en la frontera del país de los trogloditas. "Sin embargo, ahora sabemos que la canela se produce a una gran distancia de Etiopía".

"Fue necesario que nuestros marineros, que acaban de regresar, quienes conocen más acerca de Etiopía que cualquier otro, que viajaron alrededor del mundo en un circuíto enorme, antes de que descubrieran las islas y regresaran a Europa" (aclararan estas dudas). "Y debido a que el viaje fue tan importante y nunca antes o en nuestro tiempo se había realizado y logrado tan importante recorrido, he decidido enviar a usted Señor mio un recuento completo y cuidadoso de la expedición".

"He puesto mucho cuidado en obtener y dar cuenta de los hechos del comandante del escuadrón y de los marineros en los individual que regresaron con él. Ellos hicieron también su declaración ante el Emperador, y varias otras personas, con tan buena fé y sinceridad, como aparece en sus narraciones, absteniéndose no sólo de hacer relatos fabulosos, sino contradiciendo y refutando la apreciaciones fabulosas de autores antiguos".

El texto en inglés puede ser consutado en Filipiniana net.
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Blair and Robertson, The Philippine Islands, 1493-1898, The Arthur H. Clark Company.Vol. I, p. 305.

The Journal of History, Published by the Philippine National Historical Society, Vol. XI, March-June, 1963, No. 1 & 2, pp 250-276.

Hernán Cortés 3


Se disponía Cortés a escribir su quinta carta de relación al emperador Carlos V, la fechada el 3 de septiembre de 1526 en Tenochtitlán, cuando llegó un mensajero de las costas del Mar del Sur; de Tehuantepec, Oaxaca, para ser más precisos.
Ya hemos dado noticia de ese encuentro, en el que Cortés se enteró de la desventura de la expedición de Loaisa por voz de un clérigo, Juan de Aréizaga, que formaba parte de la tripulación del patache Santiago, que se había desprendido de la expedición de Loaisa y llegó a las costas de la Nueva España.
Cortés había regresado de la trágica expedición a las Hibueras, en la actual Honduras, donde llevó como prisioneros a Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal, para después ahorcarlos, en una de las más controvertidas decisiones de su vida.
El conquistador aprovechó la información de Aréizaga para remitirla a la corona española y sumar argumentos en favor de su propia expedición a las Molucas.
Mis navíos de la Mar del Sur están, como a Vuestra Majestad he dicho, muy a punto para hacer su camino, porque luego como llegué a esta ciudad comencé a dar priesa en su despacho. Y ya fueran partidos sino por esperar a ciertas armas y artillería y munición que me trujeron desos reinos para lo poner en los dichos navíos, porque vayan a mejor recaudo. Y yo espero en Nuestro Señor que en ventura de Vuestra Majestad tengo de hacer en este viaje un muy gran servicio, porque, ya que no se descubra estrecho, yo pienso dar por aquí camino para la Especería, que en cada un año Vuestra Majestad sepa lo que en toda aquella tierra se hiciere.
Y si Vuestra Majestad fuere servido de me mandar conceder las mercedes que en cierta capitulación envié a suplicar se me hiciesen cerca deste descubrimiento, yo me ofrezco descubrir por aquí toda la Especería y otras islas si hobiere cerca de Maluco y Melaca y la China, y aun de dar tal orden que Vuestra Majestad no haya la Especiería por vía de rescate, como la ha el rey de Portugal, sino que la tenga por cosa propia y los naturales de aquellas islas le reconoscan y sirvan como a su rey y señor natural.
Porque yo me ofrezco con el dicho aditamento de enviar a ellas tal armada o ir yo por mi persona por manera que las sojuzgue y pueble y haga en ellas fortalezas y las bastezca de pertrechos y artillería de tal manera que a todos los príncipes de aquellas partes y aun a otros se puedan defender. Y si Vuestra Majestad fuere servido que yo entienda en esta negociación concediéndome lo que digo, crea será dello muy servido. Y ofrézcome que si como lo he dicho no fuere, Vuestra Majestad me mande castigar como a quien su rey no dice verdad.
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Rubio Mañé, op.cit. p.250.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Hernán Cortés 2

Carlos V recibió con satisfacción la carta de Cortés, pero preocupado de que las múltiples expediciones pudieran distraerle del objetivo de encontrar un estrecho para cruzar hacia el Mar del Sur, le ordena desde Valladolid el 6 de junio de 1523 que se empeñe en ese propósito. Cabe recordar que el emperador había ordenado en 1522 la salida desde España de la expedición de Loaisa (que partió en 1525), pero tenía el interés de avanzar en diversos frentes.

A fines de 1524 Hernán Cortés vuelve sobre el tema de la conquista de las Molucas, con una actitud aún más resuelta, amparado en las noticias que se tenían de la difícil circunavegación realizada por Magallanes. En su cuarta carta de relación al emperador, firmada en la gran ciudad de Tenuxtitlan, el 15 de octubre de 1524, Cortés informa que cuenta ya con un astillero en el puerto de Zacatula y que allí se construirían los "cuatro navíos para descubrir por aquella mar todo lo que a mi fuere posible y Dios nuestro Señor fuere servido"

Con una dificil prosa, Cortés describe a Carlos V los preparativos para enviar embarcaciones desde México a las Molucas

... por la relación pasada como por ésta he hecho a vuestra alteza mención de cuatro navíos que tengo comenzados a hacer en la Mar del Sur, y porque por haber mucho tiempo que se comenzaron, le parecerá a vuestra real alteza que yo he tenido algún descuido en no se haber acabado hasta ahora, doy a vuestra sacra majestad cuenta de la causa: y es que, como la Mar del Sur, a lo menos aquella parte donde aquellos navíos hago (Zacatula, en Michoacán), está de los puertos de la Mar del Norte (se refiere principalmente a Veracruz), donde todas las cosas que a esta Nueva España vienen se descargan, doscientas leguas y aún más, y en parte de muy fragosos puertos de sierras, y en otros muy grandes y caudalosos ríos; y como todas las cosas que para los dichos navíos son necesarios se hayan de llevar de alló, por no haber de otra parte donde se provean, hase llevado y llévase con mucha dificultad.

Informa de un incendio que acabó con los materiales para la navegación:

...y aun sobrevino para esto, que ya que yo tenía en una casa en el puerto donde los dichos navíos se hacen todo el aderezo que para ellos era menester, de velas, cables, jarcia, clavazón, áncoras, pez, sebo, estopa, betumen, aceite y otras cosas, una noche se puso fuego y se quemó todo, sin aprovechar más que las áncoras, que no pudieron quemarse; y ahora de nuevo lo he tornado a proveer, porque habrá cuatro meses que me llegó una nao de Castilla, en que me trujeron todas las cosas necesarias para los dichos navíos, porque temiendo yo lo que me vino, lo tenía proveído y enviado a pedir; y certifico a vestra cesárea majestad que me cuestan hoy los navíos, sin
haberlos echado al agua, más de ocho mil pesos de oro, sin otras cosas extrardinarias; pero ya, loado nuestro señor, están en tal estado que para la Pascua del Espiritu Santo primera, o para el día de San Juan de junio, podrán navegar si botamen (tubería de la nave) no me falta, porque como se quemó lo que tenía no he tenido e donde proveerme; más yo espero que para este tiempo me lo traerán de esos reinos (España).
En ese tiempo se realizaban intensas exploraciones para descubrir un mítico camino entre el norte del Golfo de México, con salida al mar en lo que hoy conocemos como California. Cortés muestra inquietud por conocer ese pasaje, imaginando que puede encontrarse entre la Florida y el rio Pánuco
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José Ignacio Rubio Mañé. El Virreinato II. Expansión y defensa, primera parte. Ed. Fondo de Cultura Económica, Instituto de Investigaciones históricas, UNAM (1959), primera reimpresión 1992., p. 248-249

jueves, 24 de diciembre de 2009

Hernán Cortés 1

En las dos primeras décadas del siglo XVI, tantas y tan contradictorias eran las noticias que llegaban desde los confines de Oriente hasta las cortes de España y Portugal, que los cuerpos de aquellas naciones vivían una fiebre colectiva respecto a la posibilidad de dominar de manera definitiva el comercio de especias y de tomar control de territorios inciertos. Este espíritu de expansión y de conquista dominaba tanto a los adminstradores como a los navegantes, clérigos y capitanes de ambas coronas. Entre ellos se destacaba por supuesto el conquistador de México, Hernán Cortés, quien en medio de sus intensísimas campañas para estabilizar la situación en la Nueva España, soñaba de tarde en tarde con continuar sus andanzas a través de los mares del sur, hasta llegar a las islas de la especiería.

En la Tercera Carta de Relación destinada al emperador Carlos V, firmada el 15 de mayo de 1522 en Coyoacán, Cortés propone al rey enviar una armada que salga desde el Mar del Sur hasta las islas de la especiería.

Como en el capítulo antes déste he dicho, yo tenía, Muy Poderoso Señor, alguna noticia (...) de la otra Mar del Sur y sabía que por dos o tres partes estaba a doce y a trece y a catorce jornadas de aquí. Y estaba muy ufano porque me parescía que en la descubrir se hacía a Vuestra Majestad muy grande y señalado servicio, especialmente que todos los que tienen alguna ciencia y espiriencia en la navegación de las Indias han tenido por muy cierto que descubriendo por estas partes la Mar del Sur, se habían de hallar muchas islas ricas de oro y piedras y perlas preciosas y especeria y se habían de descubrir y hallar otros muchos secretos y cosas admirables. Y esto han afirmado y afirman también personas de letras y esprimentadas en la ciencia de la cosmografia.

Con esta promisoria carta, Cortés hace valer ante la corte española su prestigio para ser el encargado principal de alcanzar las islas de la especiería. Contaba en su haber la exitosa, por así decirlo, conquista de México y el descubrimiento del Mar del Sur. Seguramente, entre sus cálculos tomó en cuenta la posibilidad de recoger la experiencia de la expedición de Magallanes, que por aquellas fechas ya impacientaba al emperador Carlos V.

Lanzado el anzuelo, Cortés el militar informa de una acción realizada:

Y con tal deseo y con que de mí pudiese Vuestra Majestad rescebir en esto muy singular y memorable servicio, despaché cuatro españoles, los dos por ciertas provincias y los otros dos por otras. E informados de las vías que habían de llevar y dándoles personas de nuestros amigos que los guiasen y fuesen con ellos, se partieron. Y yo les mandé que no parasen hasta llegar a la mar, y que en descubriéndola, tomasen la posesión real y corporalmente en nombre de Vuestra Majestad.

Y los unos anduvieron cerca de ciento y treinta leguas por muchas y buenas provincias sin rescebir ningún estorbo, y llegaron a la mar y tomaron la posesión y en señal pusieron cruces en la costa della. Y dende a ciertos días se volvieron con la relación del dicho descubrimiento y me informaron muy particularmente de todo, y me trujeron algunas personas de los naturales de la dicha mar y también me trujeron muy buena muestra de oro de minas que hallaron en algunas de aquellas provincias por donde pasaron, la cual con otras muestras de oro agora invío a Vuestra Majestad.
Las costas que menciona Cortés son Michoacán y Oaxaca. En el momento que escribía su carta, el conquistador recibía noticias de Pedro de Alvarado, quien había salido de México el 31 de enero de 1522, para conquistar Guatemala y había descubierto otras costas del mismo Mar del Sur. En Michoacán ordena construir dos carabelas medianas y dos bergantines; las carabelas para descubrir, y los bergantines para seguir la costa.
(...) y para ello he enviado con una persona de recaudo bien cuarenta españoles, en que van maestros y carpinteros de ribera y aserradores y herreros y hombres de la mar; y he proveído a la villa por clavazón y velas y otros aparejos necesarios para los dichos navíos, y se dará toda la prisa que sea posible para los acabar y echar al agua; lo cual fecho, crea vuestra majestad que será la mayor cosa y en que más servicio redundará a vuestra majestad después que las Indias se han descubierto.

Establecida su apuesta, Hernán Cortés intentaría por todos los medios tomar la delantera en la carrera hacia el Oriente.

martes, 22 de diciembre de 2009

Nuevos intentos 5

La larga y accidentada travesía de la expedición de Loaisa debió dejar en la mente del joven Urdaneta una clara idea de los riesgos de este tipo de aventura marítima, pero también de las posibilidades de afrontarla con mejores recursos -en una siguiente oportunidad. Para la disciplina marinera es esencial observar con atención las corrientes y los climas propicios para la navegación. El viaje de Loaisa evitó la temporada más dura del invierno en el estrecho habitado por los patagones, al desembocar hacia el Pacífico en el mes de junio. Sin embargo al remontar el gran océano, rumbo al noroeste, se encontraron con los problemas derivados de la larga travesía sin agua fresca y su efecto más temido: el escorbuto.

En Guam, se hallaban próximos a la estación del monzón del sudoeste, momento poco adecuado para navegar de los Ladrones hasta las Molucas y, además de la indecisión del piloto, avanzaron con extrema lentitud. Poco después de hacer la escala descrita en Mindanao, al sur del archipiélago filipino, a fines de octubre llegaron al puerto de Zamafo al este de Gilolo.
De los cuatrocientos cincuenta hombres que partieron de la Coruña, ciento cuarenta y cinco se hallaban en el Victoria cuando pasaron por el estrecho: sólo ciento cinco llegaron a Zamafo. Los nativos de allí eran vasallos de Tidore y el rajá de esa isla se había ganado la simpatía española desde el tiempo de Elcano y Espinosa, de modo que los españoles estaban entre amigos. Pronto entraron en contacto con Tidore; pero después de desafiar los terrores y horrores del océano, ahora tenían que enfrentarse a la intensa hostilidad de sus correligionarios cristianos.
Para sorpresa de los españoles, la ciudad de Tidore acababa de ser conquistada y saqueada por los portugueses; el rey local se hallaba en las montañas, deseoso de encontrar apoyo para su venganza. El joven Urdaneta fue enviado ante los portugueses como improvisado embajador:
Esta dicha tarde me invió a mí el dicho capitán con otros cinco compañeros en el dicho parao a los reyes de Tidore e Gilolo, haciéndoles saber en cómo íbamos siete naos que S.M. enviaba para Maluco, e que nosotros solos habíamos llegado en el puerto de Zamafo, e las otras naos venían detrás, e que habíamos sabido en cómo estaban portugueses en aquellas islas, e tenían guerra con el rey de Tidore, e le habían destruido por ser amigo e servidor de V.M. e por haber vendido clavo a los capitanes Juan Sebastián del Cano y Espinosa. Que les pedía por merced le mandasen decir qué era lo que mandaban, que él estaba con toda su gente y nao e artillería para les favorescer, como a leales amigos de V.M., contra quien ellos fuesen servidos. Y asimismo les pedía por merced le quisiesen favorescer contra cualquier que le quisiesen hacer guerra, así portugueses como naturales de las islas (1).
Puede apreciarse en el lenguaje del joven enviado la mentira cuidadosamente calculada de decir que eran siete las naves de la expedición, cuando en realidad ya era sólo una, y no contento con ello ofrecía ayuda a los que se les sumaran contra los portugueses.
La guerra de fin del mundo
Habría de iniciar de esta manera una absurda guerra entre portugueses y españoles en el confín del mundo. Una guerra inutil basada en el equívoco del "derecho" sobre territorios y pueblos en verdad desconocidos. O.K Spate sintetiza de esta manera el terrible conflicto:
Los portugueses no eran ambiguos: su comandante, Garcia Henriques, mandó decir que si los españoles acudían a él en Ternate, serían honorablemente recibidos; en caso contrario, serían obligados por la fuerza de las armas o hundidos con toda su tripulación. Los españoles acudieron, pero a Tidore, donde anclaron el 1 de enero de 1527. Los portugueses atacaron doce días después, pero fueron derrotados, aunque la Victoria quedó tan malparada por los disparos de sus propios cañones que hubo que quemarla.
Una mezquina y desordenada guerra siguió, hecha de traiciones y estratagemas –Urdaneta acusa al nuevo comandante portugués, Jorge de Meneses, de haber planeado un envenenamiento general y, en un tono más ligero (aunque era muy serio para los buenos católicos morir sin confesión), el capellán español, al visitar Ternate para ser confesado por su homólogo portugués, fue desaprensivamente secuestrado y tuvo que ser cambiado (de forma poco equitativa), pues no disponían de ningún otro confesor y, en cambio, tenían muchos pecados de que arrepentirse–
Por el momento, los gobernantes locales hicieron su agosto con esas hostilidades: con la competencia española, los precios del clavo subieron vertiginosamente. Ternate apoyaba firmemente a los portugueses,Tidore a los españoles,quienes también tenían una base y un soporte poderoso en Gilolo. Durante casi quince meses, con periodos de calma debidos a disensiones entre los portugueses, ese puñado de hombres, portugueses y castellanos, se atacaron y mataron unos a otros en las antípodas de sus tierras de origen. Los españoles se aferraban desesperadamente a la esperanza de recibir refuerzos desde España; cuando la ayuda llegó por fin, fue de una parte inesperada: no de España, sino de Nueva España (2).
Fin de la expedición

Los sobrevivientes de la expedición de Loaisa quedaron en las Molucas. Entre ellos se encontraba Urdaneta, que tuvo un papel importante en la reparación y construcción de naves y en las luchas con los portugueses y fue herido por ellos. Aquellos españoles se sostuvieron al mando de Hernando de la Torre, durante seis años, hasta 1532, esperando vanamente recibir auxilios de España. Al tener noticias de que el Emperador había vendido a los portugueses sus derechos a estas islas, negociaron con sus hasta entonces enemigos su traslado a España. Este viaje fue muy dilatado, pasando por Banda, Java, Malaca y Cochin, y llegaron a Lisboa a mediados de 1536.

A Urdaneta le tomaron en Lisboa todos los libros, relaciones y documentos que traía para entregárselos a Su Majestad. El entonces, se fué a Évora, donde estaba el Rey de Portugal, para quejarse, pero el embajador de España, Sarmiento, le aconsejó que se fuera inmediatamente a España, con un caballo prestado.

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(1) Navarrete, op.cit., p. 409.
(2) OK Spate The Spanish Lake, p 142,

lunes, 21 de diciembre de 2009

Nuevos intentos 4

Andrés de Urdaneta escribió en 1535 una relación muy detallada para el Consejo de Indias acerca de la expedición de Loaisa, en la que corrobora las declaraciones del piloto Hernando de la Torre y de otros marineros. Señala en su crónica que una vez que la armada de Loaisa salió del estrecho de Magallanes, se dirigió al Japón (¡!), a 14 o 15 grados latitutd norte. Esto sucedió bajo el mando de Toribio Alonso de Salazar, entre agosto y septiembre de 1526, cuando ya habían muerto Loaisa y Elcano, lo que muestra la confusión de la tripulación respecto a las dimensiones del Pacífico y un anhelo no velado de concluir la tarea de Cristobal Colón de llegar a China. Sin embargo, la situación se volvió desesperada y resolvieron seguir el camino originalmente previsto hacia las especierías.
"(...) andabamos muy trabajados e fatigados en busca de Cipano (Japón), é como la gente andaba muy fatigada, así del mucho trabajar de la bomba como de la mar, é del poco comer é beber, é muy ruin, muríase cada día, pero por este respeto (con ese propósito) acordamos de arribar a nuestro camino para Maluco".

Literalmente a la mitad del oceáno Pacífico avistaron una isla que parecía grande y llamaron San Bartolomé (de las islas Marshall).


"Yendo asi nuestra derrota (trayecto), descubrimos una isla en catorce grados por la parte del norte: pusímosle nombre S. Bartolomé, la cual dicha isla parescia (sic) grande, y no la pudimos tomar, é andubimos nuestra derrota para Maluco".
El 4 de septiembre de 1526 llegaron a las islas marianas, hoy conocidas como Guam, donde tendrían un encuentro sorprendente: un náufrago de la tripulación de la infausta nave Trinidad, de Gonzalo Gómez de Espinosa, que había intentado regresar en 1522 de las Molucas a Panamá.
"Y después que partimos desta isla, en obra de doce días, hubimos vista de las islas de los Ladrones en doce grados de la parte norte, donde surgimos con la nao".
En la versión del piloto Hernando de la Torre se describe con más detalle este encuentro:
En amanesciendo vimos tierra, y era una de las islas de los Ladrones quel otro viaje había descubierto (el de Magallanes), y cuando vimos, estabamos norte sur con ella en la isla de l parte del sur, y amainamos para ir sobre ella, y llegando cerca della, se nos hizo el viento algo mas escaso, y el aguajo que nos echaba para fuera, andobimos barloventeando todo este dia y la noche.
Miercoles á 5 del dicho mes (septiembre de 1526) ... vino una canoa con ciertos hombres de la tierra, y de lejos nos salvó uno de ellos (los saludó) que dentro de la canoa venía, á la usanza y manera de España, en lo cual nos maravillamos mucho dello, hecimosle que viniese abordo, y él no osaba venir sin que le diesemos seguro, y ansí le dió el capitán Toribo Alonso de Salazar, que al presente era capitan de la nao, y ansi entró en la nao el dicho que nos había saludado, y dijo que era de la nao quel otro viaje (se refiere al de Magallanes) habia quedado en Maluco cuando la otra fue á Castilla (la de Elcano), y ellos que partieron de Maluco con la dicha nao por la tierra del Divian (Darién, en Panamá), ques en la contra costa de la Indias de Castilla, y los tiempos hallaron contrarios, y se volvieron á Maluco, y se les murió mucha gente en el camino, y que aportaron á una isla questaba al norte desta en que estábamos agora al presente, y por miedo de la muerte fuyeron él y otros dos compañeros, y asi se fue la nao á Maluco sin ellos, y estovieron en aquella dicha isla: dijo, que habían matado los indios á los otros dos sus compañeros, y á él que le trujeron unos indios de la mesma isla á esta isla en que agora él al presente estaba"
Urdaneta explica que el insólito personaje era un gallego llamado Gonzalo de Vigo, "que quedó en estas islas con otros dos compañeros de la nao de Espinosa, é los otros dos muriendo, quedó él vivo, el cual vino luego a la nao é nos aprovechó mucho, porque sabía la lengua de las islas".

Isla de Ladrones

El nombre dado por los expedicionarios a esta isla se debe a que los habitantes arrebataban las pocas piezas metálicas que traían los europeos, como cuchillos y cuentas, por carecer de estos materiales.
Estas islas son trece por dicho de Gonzalo de Vigo, y estan donde doce grados hasta diecinueve, é corrense norte sur; en estas islas no hay ganado ninguno ni gallinas ni otras animallias ni bastimentos, ecepto arroz que ha en gran cantidad, y pescado y cocos y aceite de cocos, y sal. Los indios de las islas andan desnudos, que no traen ninguna cosa sobre sí: son hombres bien dispuestos, y traen los cabellos largos, é la barba complida: no tienen ninguna ramienta de fierro, labran con pedernal: no tienen otras armas sino hondas, y unos palos tostados con unos fierros de canillas de hombres muertos, y de huesos de pescados.
En estas islas tomamos once indios para dar á la bomba, porque había en la nao muchos hombres dolientes; en acabando de tomar nuestra aguada, lueg partimos para Maluco, y el gallego vino con nosotros por su propia voluntad.

Mindanao

La expedición continuó rumbo a las islas de las especierías, pero en el camino toparon con el sur de lo que más tarde sería bautizado como Filipinas. Se trata de la zona meridional del archipiélago, influída por el islam desde siglos antes y que en los hechos es una de las culturas más perdurables de la zona. En las descripciones de ese momento los españoles no percibían que se trataba de un sultanato, aunque su asombro fue mayúsculo al encontrar la presencia musulmana al otro lado del planeta, el alto grado de desarollo, sus armas (alfanjes o sables y kris o dagas)



En palabras de Urdaneta se señala:
Obra de quince dias después que partimos de las islas de los Ladrones, hubimos vista de una isla grande que se llama Bendenao (Mindanao, en la actual Filipinas), é fuimos a surgir en un puerto que se llama Vizaya, é luego fuimos con el batel a tierra, y tomamos plática con la gente de la tierra, porque el gallego sabía hablar un poco lengua Malaya, y se entendía con ellos; é luego nos trujieron un puerco é gallinas, como que querían vender, as no los quisieron vender.
Esta gente desta tierra es ataviada, andan vestidos de paños de algodón y seda, y también traían vestidos de raso de la China, y andaban todos armados, sus azagayas en las manos, é sus alfanjes é sus quirrises, que son á manera de puñales, y sus paveses; es gente muy atraicionada e bellicosa.
Luego determinaron de tomarnos con el batel á traición, empero nosotros andabamos sobre aviso, é nunca pudieron salir con la suya; muchas veces venían de noche en navíos de remos, que tienen muy lueros, á la nao á cortar las amarras; empero como haciamos buena guardia, nunca nos pudieron empecer en nada.
Quizás la noticia más importante de este encuentro es la presencia activa del comercio chino en la zona, algo que poco después habría de desplazar el interés por la especias hacia el más amplio abanico de productos y manufacturas de la región.
Estuvimos en este puerto bien diez dias, que nunca pudimos comprar bastimentos ningunos: en esta isla de Bendenao hay mucho oro, é nos trujieron para les comprasemos; empero el capitán mandó que nadie fuese osado de comprar, por lo cual no se compró nada; y asi hubimos de ir nuestra derrota sin refresco. Aqui tomamos un indio que levamos á Maluco, el cual nos dijo, que cada año venían dos juncos de la China, que son una naos en que ellos navegan, á comprar oro é perlas que habían en gran cantidad, é tambien venían mas navíos á otras islas á lo mismo. También hay en esta misma isla canela por la parte del oeste.
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Navarrete, op. cit. 376-396. Mariano Cuevas, op.cit. 79-83.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Otro patache perdido

Patache o pinaza, es un bote menor de carga de aproximadamente 60 toneladas, que se habilita para llevar materiales que serán utilizados por las demás embarcaciones de una flota. Aunque tiene autonomía de navegación, requiere la guía de las naves mayores. En el caso del patache Santiago, que acompañaba a la expedición de Loaisa, un temporal en junio de 1526 lo separó del conjunto. Se mantuvo a la deriva por varias semanas y gracias a la corriente de Humbolt navegó rumbo al norte del Pacífico, hasta tierras de la Nueva España.


La sabrosa aventura fue descrita por Mariano de la Cueva, aunque no cita la fuente de la que obtuvo esa historia, pero es real, como lo constatan las crónicas en la Nueva España, donde ya se realizaban los preparativos para enviar una expedición a las Molucas, como veremos más adelante. La presencia de marinos de la expedición de Loaisa en tierras mexicanas dió certidumbre a Hernán Cortés de que era posible y necesario acelerar los preparativos de su empresa.

A medidados de agosto de 1526 en la ciudad de México, se presentó ante el Conquistador un clérigo, fray Juan de Aréizaga. Venía de Tehuantepec, a 375 leguas al sur de la capital de la nueva España.

El insólito visitante contó a Hernán Cortés cómo había salido en un patache de la Armada de Loaisa y que creía que esa expedición ya había llegado a la Especería.
Que habiendo ya pasado el estrecho de Magallanes un viernes primero de junio perdieron de vista las naves y se afligieron mucho porque no tenían ya sino cuatro quintales de bizcocho y eran cincuenta personas e arbitraban que estaban de la primera tierra de donde pudiésen comer, dos mil leguas.
Pensaban que se encontraban en medio del océano, sin darse cuenta de que habían seguido a corta distancia la costa de Chile y Perú.
E decía este clérigo Don Juan (de Aréizaga) que llevaba un gallo e una gallina e que cada díaponía la gallina un huevo, salvo en el Estrecho que por el mucho frío dejó de poner. Que le quisieron dar por el gallo y gallina cincuenta ducados y su dueño menos quiso porque con aquellos huevos se hacía mucho bien y socorro a los enfermos.
Anduvieron perdidos y el 25 de julio "surgieron sobre un cabo" (vieron tierra) y acordaron que metido en una caja de madera (pues no tenían batel ni lancha) uno de ellos "fuese a tierra llevado por el aire y oleaje e que llevóse espejos y tijeras y peines por que los indios no lo matasen o comiesen".
El capellán rogó al capitán Santiago de Guevara, que era su primo e a la otra gente que hubiesen por bien que le dejasen a él salir en la caja y esrbáronselo mucho; pero a su ruego, viendo su buena voluntad le dieron licencia. A mitad del camino la caja se desgobernó; él nadaba teniéndose recio ypofrió de ir a tierra pareciéndole cosa vergonzosa tornar atrás; e llegó a lacosta a andar muy cansado y desatinado medio ahogado. E quísole Dios socorrer epuso en corazón a los indios que lo entrasen a ayudar e así se echaron cinco gandules (hombres jóvenes) recios al agua aunque la mar adaba brava.
Entre millares de hombres le llevaron al rey le dieron de comer venado, tortillas, cerezas y guayabas y otras cosas que el clérigo no supo nombrar. Mostróle el rey una cruz diciéndole "Santa María". E luego como el clérigo la vido se quitó el bonete e se hincó de rodillas al pie de ella e le adoró e hizo oración y el rey y la otra gente estaban mirándole.
Saltaron a tierra los del patache y era tanta la gente que salía a mirar a estos critianos que les parecía que no solamente era multitud grande para poblar una ciudad mas para poblar un reino.
Dijéronles que a veinticuatro leguas había un cristiano. Era nada menos que el gobernador español puesto ahí de mano de Cortés. Vino hasta la playa echado en una hamaca que llevaban doce indios y luego que vido al Capitán Guevara y al Clérigo se apeó y los fué a abrazar y les preguntó que cuyos era y por quiéniban en aquella tierra y si eran cristianos y de quénación y ellos dijeron; "Cristianos somos y vasallos del Emperador Don Carlos y españoles y habemos aqui aportado con mucha necesidad y deseamos saber qué tierra es aquesta, pues ha placido a Dios que hallemos quien nos lo diga".
Habían llegado a Tehuantepec

El gobernador español respondió: "señores, todos somos vasallos del César; en su tierra están. Esta tierra es parte de la Nueva España, a donde es Capitán General y gobernador el Señor Hernán Cortés por sus majestades y es una de las mejores tierras y señoríos del mundo, en la cual hay muchas y muy grandes poblaciones y ciudades y grandes señores de los indios naturales".

El gobernador de Tehuantepec indicó al Capitán Guevara que pasase a verse con Hernán Cortés que estaba en la ciudad de méxico a trescientas setenta y cinco leguas. Guevara respondió que estba enfermo y que no pensaba que podría llegar vivo. Fué en su lugar su primo el padre Aréizaga, que quedaría como el primer navegante español que llegaría a México por las costas del Pacífico.
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Mariano de la Cueva. Monje y Marino. op.cit. pp 98-101.

El misterio de San Lesme


Uno de los navíos de la expedición de Jofre Loaisa, el San Lesme, o San Lesmes, de 96 toneladas, era comandado por Francisco de Hoces. Salió del estrecho de Magallanes al océano Pacífico con el resto de la expedición, pero perdió rumbo y nunca más se supo de su paradero. Sin embargo, investigaciones arqueológicas marinas desde los años ochenta del siglo pasado realizadas en Tuamotu, en la Polinesia francesa, han dado cuenta de cañones que podrían haber pertenecido a aquella embarcación.

El asunto podría quedar en aquel infortunado suceso, pero algunos investigadores han llegado a crear una visión misteriosa del hecho, afirmando que los sobrevivientes del naufragio habrían llegado a instalarse en la isla de Amanu, dejando un legado cultural importante. Una narración interesante de esta polémica se encuentra en la Revista Española del Pacífico, con un artículo de Annie Baert, sobre la presencia de españoles en el archipiélago. El principal alegato es que ciertos investigadores sajones llegaron al extremo de señalar un cambio radical en la historia de los pobladores de las islas, sólo a partir de la presencia de un puñado occidentales en el siglo XVI. Gracias a ellos los polinesios habrían "descubierto" la navegación a largas distancias, la religión católica y otras cosas.

Afirma Annie Baert, con razón, que es necesario dejar a un lado versiones extravagantes y tratar de hacer una investigaciones serias. "Sería necesario separar pasión y razón, pues el que unos españoles hubieran naufragado en Amanu en el año 1526 no tiene por qué implicar forzosamente tales consecuencias".

Lo cierto es que los naufragios de aquella época forjaron una visión romántica en Europa, a partir de la cual un simple marinero podría convertirse en el rey de una isla paradisiaca por el mero hecho de ser rubio y católico.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Nuevos intentos 3

En la expedición de Loaisa viajaba un joven marinero, Andrés Urdaneta, que tres décadas más tarde habría de convertirse en un navegante muy valioso para la corona española, si no es que el mayor cosmógrafo de su época. Como muchas partes de su biografía, apenas se conoce algo más que su reclutamiento en esta importante expedición, donde cumplió un papel de marino con preparación suficiente en matemáticas y latín para estar cerca de los comandantes de ese viaje, como lo demuestra el hecho de que su firma consta como testigo en el testamento de Sebastián Elcano. Se ha asumido que fue incluido en la expedición por sus origenes vascos y habría estado atraído por el espíritu aventurero de los marineros que llegaron a sus pueblos de origen, al regreso de la fantástica expedición de Magallanes.

Existen tres fuentes directas de este viaje: la bitácora del piloto mayor, Hernando de la Torre, y dos relaciones hechas por Andrés de Urdaneta. La primera de ellas fue confiscada por los portugueses y la segunda, reescrita probablemente en 1535, tenía el propósito de informar a los expertos reales acerca de las posibilidades de un viaje de regreso desde el Oriente por el Pacífico. En ellas se consigna desde una perspectiva material lo que fue un verdadero fracaso marítimo, pero que significó un cúmulo de experiencias y observaciones para relanzar la empresa de conquistar el océano Pacífico.

Conforme al informe del joven Urdaneta, la flota tenía como propósito alcanzar el Estrecho de Magallanes, para ello se dirigieron rumbo al actual Brasil y en el trayecto tocaron primero la isla de Gomera, perteneciente al grupo de las Canarias. Salieron de ella el 14 de agosto, y mes y medio después, poco más o menos, avistaron una isla, que se llama San Mateo, en la banda sur, a los 3º de la equinoccial; las siete naves, juntas, llegaron a la costa de Brasil, y costearon la tierra hasta depués de pasar el estuario del Rio de la Plata, y alcanzaron el Cabo de las Once Mil Vírgenes, que está en la boca del Estrecho, el 25 de enero de 1526.

La navegación, que se había desarrollado sin incidente importantes hasta ese punto, comenzó a sufrir las dificultades y los infortunios que habría de marcar en adelante el destino de esta expedición. En efecto, temporales, separación de las naves, destrozos de algunas de ellas, averías y otras calamidades hicieron que no saliesen de dicho Estrecho al Pacífico sino cuatro meses después, el 26 de mayo de 1526.

Sólo dieron vista al Oceáno cuatro de las siete naves que habían zarpado de España. La Sancti Spiritus fue destrozada por efecto de una tempestad en los acantilados del Cabo de las Mil Vírgenes, sobreviviendo de este naufragio sólo nueve hombres. La Anunciada y la San Gabriel se separaron de las demás en los incidentes acaecidos en el Estrecho. La primera desapareció para siempre, y la San Gabriel, después de muchas desgraciadas peripecias en Brasil con barcos franceses, llegó a tierra española en el puerto gallego de Bayona, el 28 de mayo de 1527.

Las cuatro naves que desembocaron al Pacífico fueron: la nave capitana Santa María de la Victoria, dos naos, Santa María del Parral y San Lesme y un patache, el Santiago.

De todas ellas, solamente la capitana llegó a las Molucas, al puerto de Tidore, el 1 de enero de 1527, con ciento veintisiete hombres. Durante la travesía sufrieron todo tipo de calamidades, hambre, averías, pérdidas de material, dispersión de las naves, enfermedades y muchas muertes. La carabela Santa María del Parral llegó por si misma a Mindanao, al sur de las Filipinas.

Entre las pérdidas humanas se cuentan la del Capitán General Jofre de Loaisa, el 30 de julio de 1526; la del piloto Juan Sebastián Elcano, quien falleció el 4 de agosto, cinco días después de haber sido nombrado Capitán de la expedición. Unas semanas más tarde murió también el nuevo capitán sustituto Toribio Alonso de Salazar. En su lugar se nombró a Martín Íñiguez de Garquizano, que fue el que llegó a las Molucas como Capitán General de la Santa María de la Victoria. Cuarenta hombres se habían perdido tan sólo en ese barco desde la salida del Estrecho.
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Martín Fernández de Navarrete, Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV : con varios documentos inéditos concernientes á la historia de la marina castellana y de los establecimientos españoles en Indias. Madrid, Imprenta Real, 1825. Disponible en: http://www.archive.org/details/coleccindelosv05nava

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Nuevos intentos 2


Apenas dos meses después de la llegada de la nave Victoria a Sevilla, la corona española ordenó la preparación de una nueva armada, esta vez enriquecida con los datos que aportaban los sobrevivientes de la expedición de Magallanes. De esta manera, el 13 de noviembre de 1522 el emperador Carlos V (1500-1558) firmó las capitulaciones requeridas para nombrar a fray García Jofre de Loaisa, quien era Comendador de la Orden de Santiago, para organizar una nueva expedición. La empresa marinera tendría a Juan Sebastián Elcano como piloto, que en ese momento era naturalmente el más capacitado para la empresa, pues acababa de llegar del otro extremo del mundo.

Con frecuencia se observa este capítulo de la historia como una gran empresa española, pero nuevas interpretaciones nos permiten analizar el enorme interés del joven emperador alemán Carlos V (en ese momento tenía 22 años) como una estrategia mucho más amplia, imperial, para consolidar su poder en el continente, en el que el ímpetu español fue decisivo.

Tenía en sus manos la insospechada conquista de América, con hábiles y ambiciosos capitanes, como Hernán Cortés (1485-1547), Diego Velázquez (1465-1524) o Francisco Pizarro (1471-1541), todos ellos pertenecientes a una generación mayor que la del emperador, pero al mismo tiempo Carlos V debía confrontar a los poderes de Inglaterra y Francia, los conflictos derivados de la reforma protestante y, como siempre, las limitaciones financieras.

Dotado de esos recursos económicos, políticos y humanos, Carlos V logró aprovechar el impulso para intentar la expansión hacia el Oriente, con el ánimo de contender por la supremacía en el escenario europeo. La meta de dominar la fuente de las especierías era una oportunidad apetitosa e ineludible para contrarrestar, entre otros, a los poderes de Portugal y de Venecia. En esas empresas disponía del financiamiento de sus compatriotas alemanes y no dudó en echar mano de la habilidad y conocimiento de exploradores portugueses (Magallanes) e italianos (Pigafetta).

Quede aquí esta reflexión acerca del interés del emperador por alcanzar el control de las islas de la especiería ya que, como se sabe, siete años más tarde, en 1529 vendió tales territorios a los portugueses por vía del Tratado de Zaragoza.

Pasaron más dos años, de1522 a 1525, para preparar esa expedición que sería la más costosa y monumental hasta el momento, con siete embarcaciones y 450 tripulantes, una demora que se explica precisamente por los cálculos que hacía el emperador para negociar, política y financieramente, con otras potencias europeas la expansión en aquellas latitudes, lo que lo convertiría indudablemente en la figura más poderosa del escenario político europeo.



En las instrucciones dadas por la corona a Loaisa se establece:
(...) por la presente vos nombramos por nuestro Capitan general de la dicha armada, desde que con la bendición de nuestro Señor se haga a la vela en la ciudad de la Coruña, hasta llegar a las dichas islas, porque a la vuelta que venga la dicha armada, ha de venir por nuestro Capitan general de ella la persona que por Nos fuere mandado, e vos habeis de quedar en las dichas islas para tener la gobernación de ellas: y asimismo vos nombramos por nuestro Gobernador y Capitán General de las dichas islas del Maluco, e hayáis y tengais la nuestra justicia cevil e criminal en la dicha armada, y en las dichas islas e tierras de Maluco, así de naturales dellas, como de otras cualesquier personas, así de nuestros reinos e señoríos, como de fuera dellos que en ellas estuvieren, e de aqui adelante a ellas fueren, e de las que fueren y anduvieren en la dicha armada.
Fechado en Madrid el 5 de abril de 1525.


La flota

La construcción de las siete naves suscitó una serie de problemas, que retrasó la salida de la expedición por casi tres años. Siete naves, seis naos y un patache, salieron el 24 de agsto de 1525 del puerto de La Coruña:



  • La nave capitana Santa María de la Victoria, de 360 toneladas, comandada por Loaisa
  • San Gabriel, de 156 toneladas, con Rodrigo de Acuña al mando
  • El patache Santiago, de 60 toneladas
  • Sancti Spiritus, de 240, con Sebastián Elcano al frente
  • Anunciada, también de 204
  • Santa María del Parral, de 96
  • San Lesmes, de 96 toneladas

Las cuatro últimas naves quedaban directamente bajo el mando de Juan Sebastián Elcano, como piloto mayor.

La ruta



Loaisa intentaría repetir la trayectoria seguida por Magallanes, con el respaldo de la experiencia de Elcano, pero enfrentaría muchas vicisitudes y peligros.
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Carlos Prieto, op.cit., pp. 59-61.


martes, 1 de diciembre de 2009

Galeón Andalucía

El día de hoy, el diario El País de España informa que concluyó la construcción de una réplica de las naos europeas que surcaban los mares del mundo en el siglo XVII. Se trata del galeón Andalucía, que formará parte del pabellón de España en la Exposición Universal de Shanghai, China, 2010.

El galeón fue construido en astilleros de Punta Umbría (Huelva), con tecnología de punta, a fin de ahorrar madera e incorporar el uso de energías renovables. El Andalucía ha sido construido por la Fundación Nao Victoria, dentro de su programa de eventos Guadalquivir Río de Historia.

Con 52 metros de eslora, 12 metros de manga y casi 1.000 metros cuadrados de velas esta embarcación tomará ahora rumbo a Huelva para instalarle los mástiles y realizar las pruebas de mar. La embarcaciòn cuenta con seis cubiertas (pisos), tres mástiles y siete velas. Es monumental pues tiene una altura de cerca de 40 metros. Está previsto que llegue a Sevilla en febrero para, desde allí, poner rumbo a Shanghai en una travesía que se prolongará tres meses.

Se informa que en la construcción participaron más de sesenta trabajadores; la mitad de ellos, estudiantes de una escuela taller dedicada a la construcción naval.