martes, 23 de marzo de 2010

Desde Sevilla

Se cumple un sueño
La salida de la Nao Andalucía desde Sevilla

domingo, 21 de marzo de 2010

Zarpa la Nao Andalucía

El domingo 21 de marzo de 2010 zarpó la Nao Andalucía del puerto de Sevilla, rumbo a la Feria Mundial de Shanghai.
El acontecimiento es resultado de meses de intensos preparativos de la nave, construida por la Fundación del mismo nombre, que logró movilizar el interés de múltiples partes para su construcción, en el marco de un proyecto que incluye la capacitación de navegantes y la creación de un museo flotante.

La experiencia de visitar un navío del siglo XVII ha sido compartida por miles de personas en España y pronto lo será también en China. Esperemos que algún día pueda llegar a puertos mexicanos.

Enhorabuena.

viernes, 12 de marzo de 2010

La ruta de Villalobos

La expedición de Ruy López de Villalobos, de 1542 a 1545, enfrentó en todo momento la dificultad de entrar a una zona vedada por la partición estratégica entre España y Portugal. Concitó la resistencia de los lusitanos instalados en las islas de la especiería y, sobre todo demostró, por quinta ocasión, que nada podría hacer España para dominar Asia sin encontrar una ruta de regreso hacia América. Habrían de pasar dos décadas para que esto sucediera.

Los marineros españoles que regresaron por la vía portuguesa sufrieron una tremenda humillación, que no perdonarían.

Sin embargo, dos hechos fundamentales se derivaron de esta expedición: los primeros atisbos acerca de Japón y la incorporación de nuevos misioneros a la corriente jesuíta que comenzaba a dominar la región.
Un estudio acusioso de la expedición se encuentra en la revista Anales de Derecho, de la Universidad de Murcia, Número 23, 2005, pp. 249-292, escrito por José María Ortuño Sánchez-Pedrero.

La expedición de Villalobos

Dejé hasta este momento la información sobre una importante expedición efectuada entre 1542 y 1545 por Ruy López de Villalobos porque en cierta forma constituye una excepción respecto al impulso conquistador encabezado por Hernán Cortés y la prudencia mostrada por la corona española en la mitad del siglo XVI.

En 1537 Andrés de Urdaneta, uno de los sobrevivientes de la expedición de Loaisa, informó a Carlos V sobre las condiciones de las Molucas (1).
Por aquel entonces Pedro de Alvarado, capitán de Cortés y conquistador de Guatemala, que visitaba España, se reunió con Urdaneta y obtuvo una patente para el descubrimiento del Mar del Sur.
Al volver a México, Alvarado celebró un acuerdo con el virrey de Mendoza para llevar a cabo una empresa conjunta. El arreglo se formalizó en el tratado de Tiripetío, firmado el 29 de noviembre de 1540.
Debido a que Alvarado murió a raíz del levantamiento indígena en el Bajío, el virrey escogió a su pariente Ruy López de Villalobos como capitán de esa expedición, con una tripulación de trescientos setenta hombres. En uno de los barcos que zarparon los primeros días de noviembre de 1542, iban el contador Guido de Lavezares y seis miembros del clero; cuatro agustinos, dirigidos por el padre Jerónimo de Santisteban, y dos curas, que más tarde por complicaciones de la expedición se unirían a los jesuítas que operaban en la India.

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Cabe destacar en este momento la participación de un sacerdote, Cosme de Torres (1510-1570), quien había llegado a la Nueva España dos años antes, en 1540, junto con el impetuoso capitán Pedro de Alvarado.

Originario de Valencia, fue ordenado sacerdote y obtuvo un cargo magisterial en Valencia, Mallorca y Ulldecona. A los 28 años decidió marchar a Nueva España, acompañando a un franciscano que murió poco después de llegar a Veracruz; por ello, Cosme de Torres llegó solo al monasterio de la órden seráfica de San Francisco en la ciudad de México, en donde los frailes lo recibieron y le pidieron que tomara el hábito, "porque en ello haría grande servicio a Dios para enseñar Gramática a los frailes y también a los mozos de la tierra indíigenas, que lo hay muy hábiles para eso".

Cosme de Torres decidió en cambio aceptar un cargo de capellán, lo que lo mantenía libre de sujetarse a una orden monástica. Cuando se anunció la expedición a las Molucas resolvió ir "contra la voluntad de todos aquellos señores y señoras los cuales tenían más amor que si fuera su hijo carnal" (Schurhammer, citado por Lothar Knauth). Cosme de Torres jugaría un papel muy importante en la etapa final de la misión de Francisco Javier en Japón.

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Después de permanecer en Mindanao, en el sur de Filipinas (o como denomina Villalobos a esas islas: Cesarea Caroli), la expedición se dirigió a Ternate, en las especierías, donde se adentraba a una zona en litigio entre españoles y portugueses.

El misterio de Japón

Mientras la flota de Villalobos se encontraba en Tidore tuvieron noticias, por informes del portugués Diego de Freitas, de las islas Ryukyu. Más tarde llegaron informes provenientes de la cercana Ternate, que un tal Pero Díaz, español de Galicia, había vuelto de Borneo en un barco japonés. Villalobos pidió más informes y Díez (o Díaz?) escribió una carta en la cual relataba cómo en mayo de 1544 había partido de Patani, al sur de Tailandia, rumbo a Ningpo y Nanking, en China.

García Escalante, cronista de la expedición, preparaba un informe al soberano en los siguientes términos:
De allí atraversaron a la isla de Japón, que está en 32 °, hay de ella a Ningpo ciento e cincuenta leguas, córrese casi Este-Oeste. Es tierra muy fría, y por la costa los pueblos que vieron son pequeños, y en cada isla hay un señor, y el rey de todos, no supo decir a dó residía. La gente de estas islas es bien dispesta, blanca e barbada, no tienen yerba como en el archipiélago de las Filipinas,; pelean con varas, que en las puntas tienen puestos clavos agudos, no tienen espadas ni lanzas; leen y escriben como los chinos, y en la lengua parecen alemanes. Tienen muchos caballos en que andan; las sillas no tienen arzón trasero, y los estribos son de cobre. La gente labradora se voste de paño de lana, que parece estameña, ques de la manera de la Francisco Vázquez halló la tierra dó fue; y los principales visten sedas, damascos, rasos y tafetanes.
Las muejres son en gran manera muy blancas y hermosas, andas vestidas a manera de castellanas, de paño o seda, conforme a su estado. Las casas son de piedra y tapia, por dentro encaladas, los tejados de teja a nuestro modo, con altos y ventanas y corredores. Tienen todos los bastimentos, ganados y frutas que en la tierra firme; hay mucha azúcar, tienen halcones y azores con que cazan, no comen vaca, es tierra de muchas frutas, en especial de melones, labran la tierra con bueyes y arados, traen calzado de cuero, y en las cabezas traen capeletes, como albaneses, de cerda, quítanselo los unos a otros por cortesía. Son islas de muchas pesquería.
El gallego decía haber visto en esa isla muy poco oro, pero grandes cantidades de hierro y cobre, pero había encontrado a unos portugueses que venían de las islas Ryukyu, que según dijeron, eran ricas en oro y plata, con unos habitantes fuertes y con apariencia de guerreros. El informe de Pero Díez, escrito en español, fue la primera relación de un occidental sobre el Japón.

Los españoles, incapaces de mantener su posición en las Molucas, se rindieron a las demandas de los portugueses y estuvieron de acuerdo en volver a España a través de territorio portugués. Rumbo a Malaca, en Amboina, conocieron a Francisco Javier, misionero de los nativos. En este sitio murió Villalobos en los brazos del que sería el primer santo jesuíta.

Para el 22 de enero de 1547 el agustino Gerónimo de Santiesteban informó al virrey de Mendoza, desde Cochin en el sur de la India, que de los trescientos cincuenta miembros de la expedición de Villalobos, sólo ciento diez y siete habían llegado a la Malaca portuguesa. Gran parte de los españoles conoció en diciembre el informe que Jorge Álvarez envió a Francisco Javier sobre el Japón recién descubierto. Lothar Knauth resume lacònicamente el fracaso de esta expedición:
Poco después, en el lejano Absburgo, los Fúcares entablaban una demanda en contra de la Corona Española por 3 946 939 maravedíes que curbían los gastos durante las expediciones a las Molucas.
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(1) Lothat Knauth. Confrontación Transpacífica. El Japón y el Nuevo Mundo Hispánico, 1542-1639. UNAM. 1972, p.36.

jueves, 11 de marzo de 2010

Travesía 3

El pragmatismo distinguió en todo momento a la acción de los jesuitas en su búsqueda en el Oriente.

A fines de 1545, después de los esfuerzos misioneros en el sur de la India, Francisco Javier fue a Malaca. De ahí se dirigió a Amboina en las Molucas en busca de nuevos conversos. El poder militar portugués se reducía a algunos fuertes que protegían el comercio de especias, todavía en aquel momento un monopolio lusitano. Los españoles tenían prohibido acercarse a las islas, como resultado del Tratado de Zaragoza de 1529.

Sin embargo fue en ese espacio donde se encontraron los españoles que venían de América y los jesuitas que se amparaban en la potencia portuguesa. En marzo de 1546, los miembros de la expedición de Villalobos, que habían salido dos años antes de la Nueva España, se encontraban inesperadamente en la isla de Amboina. Entre ellos se encontraba Cosme Torres, quien quedó fuertemente impresionado por Francisco Javier. Así lo afirma:
(...) en la primera vista que lo vi, sentí en mí una decha de amor que me atravesó el corazón que de ahí en adelante siempre me pareció que era imposible a mi poder vivir apartado de su santa conversación. Y con todo eso aquella hora resistí al Espíritu Santo que me llamaba.
En mayo de 1546, desde Amboina, Francisco Javier escribió al rey de Portugual que hacia falta instaurar la Santa Inquisición en sus posesiones en Oriente. Al año siguiente, después de una breve estancia en Terrenate, regresó a Malaca. Aquí, en diciembre, un comerciante portugués, Jorge Álvarez, escribió un informe extenso sobre el recién descubierto Japón.

El 10 de enero de 1548, Francisco Javier escribió desde Cochín, en el sur de la India, acerca de su viaje a las islas de la Especiería y reveló sus planes de ir a Japón, mismos que tomarían forma un año más tarde.

Después de su experiencia en la India, consideraba la misión japonesa como una posibilidad para escapar del control de la burocracia portuguesa que impedía poner en práctica las máximas cristianas al estilo jesuita.

La nueva orden religiosa aprendía con rapidez de los errores cometidos por sus hermanos frailes. En la mente de los misioneros jesuitas comenzaba a madurar la idea de que la transmisión del mensaje cristiano en Oriente quizás debería ser distinto al empleado hasta entonces, debido a la complejidad de las culturas de aquel continente.

domingo, 7 de marzo de 2010

Cartografía holandesa

La Embajada de Holanda en México acaba de publicar (noviembre 2009) un espléndido libro sobre la cartografía desarrollada en los países bajos, especialmente en el puerto de Amberes, relacionada con la Nueva España. El esfuerzo de la representación diplomática es sobresaliente, pues pocas embajadas se involucran de tal manera en la promoción del arte y la historia como en el ejemplo que ahora tenemos en las manos.

El libro escrito por Laura Pérez Rosales y Arjen Van Der Sluis se publica en español, holandés y en inglés. Es resultado de una investigación iniciada en el otoño del 2004 en el centro de estudios Talen culturen van Latjins-Amerika de la Universidad de Leiden, de donde se obtuvieron las fuentes esenciales para los diversos ensayos, así como las láminas que ilustran de manera esplendida el libro.

Consta de once capítulos que abordan aspectos de una relación histórica conflictiva entre Holanda y Nueva España, llena de mitos y prejuicios aún en la actualidad. La palabra piratería aparece desde las primeras páginas, junto con las ideas del mercantilismo y de la industria editorial, del comercio de las especias, el palo de tinte y otros recursos naturales. ¿Cómo se podrá abordar, sin chovinismos decimonónicos, la creación de un mundo globalizado, en encarnizada disputa entre los diversos poderes europeos: la decadencia de España en el siglo XVII y el auge de las potencias marítimas inglesas y holandesas? Menuda tarea.

Los autores apuntan que el estudio de la cartografía holandesa ayuda a "explicar el interés de Holanda por explorar y conocer el teatro de la Nueva España y el Caribe, las vías de acceso a sus riquezas y la formación y reacomodo del poder económico en el mundo entre los siglos XVI y XVIII".

"Las expediciones holandesas desde la Florida, el Caribe, y las costas del Golfo de México y de Centroamérica, se reflejaron en la cartografía. Con el tiempo, los resultados de estas incursiones, junto con las de ingleses y franceses, arrebataron a la corona española los privilegios de haber colonizado el Nuevo Mundo; pero, sobre todo, la despojaron del beneficio que le acarrearon sus riquezas naturales."
Un tema espinoso que debe ser tratado con mucha rigurosidad por los historiadores contemporáneos, más allá de sus preferencias nacionales.