viernes, 30 de abril de 2010

Soñar con Asia

Desde el inicio de la conquista de América, la historia de la Nueva España estuvo jaloneada por extremos de mito y profesía. La gran expectativa de colonizar un nuevo espacio desconocido alimentaba el interés por desplegar la obra misionera en el "nuevo" continente, pero sin dejar de pensar en el mítico Cathay que buscaba Colón.

No podía escapar de esa visión el imaginario misionero, sobre todo el franciscano, que llevó consigo una concepción mileniarista del mundo, abrigando la posibilidad de redimir a todos los hombres en el mundo antes del final de la historia. Los franciscanos que llegaron a la Nueva España estaban impregnados de un intenso misticismo y, de acuerdo a Francisco Morales, estaban un tanto alejados del mundo académico.
Los iniciadores de la misión franciscana en México pertenecen a este último grupo. Envuelto en corrientes del reformismo español de los últimos años del siglo XV y principios del XVI, el grupo básico de esa misión pertenecía a la custodia de San Gabriel, con sede en Extremadura, origen de la corriente más estricta del franciscanismo español del XVI.
Su ideal misionero nació en un cotexto de lucha por un estilo de vida basado en dos notas fundamentales: radicalismo evangélico y eremitismo contemplativo. El objetivo concreto de ese ideal es, en sus orígenes, un tanto vago, pues bien pude referirse a la misión entre los moros recién conquistados en el sur de España, a la de los pueblos descubiertos en la misteriosa América, o a los pueblos de Oriente, un anhelo, al parecer permanente en la orden.
Entre los portadores de esta concepción del mundo se encontraba el ya citado Martín de Valencia, originario de la provincia de León, que llegó con los primeros doce misioneros franciscanos a América. Durante su estancia en México jamás cejó en el deseo de alcanzar China, que en su mente era el lugar más apropiado para la evangelización. Comenzó a gestarse la idea de que los pueblos americanos nos estaban a la altura de lo que podrían rendir los pueblos asiáticos.

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Francisco Morales, OFM, De la utopía a la locura. El Asia en la mente de los franciscanos de Nueva España: del siglo XVI al XIX, en Órdenes religiosas entre América y Asia. Ideas para una historia misionera de los espacios coloniales. Elisabetta Corsi, Coordinadora. El Colegio de México, 2008, p65.

jueves, 29 de abril de 2010

Contratiempo

Aún con la más moderna tecnología, las embarcaciones contemporáneas enfrentan las eternas situaciones meteorológicas que dificultan la navegación. Si acaso, ahora es posible preveer el clima y ubicar las naves vía satélite, pero la fuerza de los vientos obliga a buscar refugio y a cambiar de planes.

Esto es lo que sucedió entre el 28 y el 29 de abril al galeón Andalucía, al que los vientos en la zona del Mar Rojo, frente al cuerno de África, le ha obligado a buscar abrigo en el puerto de Sudán.

En cuanto se reanuden las condiciones de travesía, la nave reiniciará su recorrido y hasta el momento no se espera un retraso para su arribo a China. De inmediato tomará rumbo al estrecho de las lágrimas, un espacio de poco más de 30 kilómetros que separa África de la península Arábiga. En árabe es conocido como Bab el-Mandeb, traducido también como puerta de las lamentaciones. Un romántico nombre que recuerda el dolor de los naufragios que han sucedido en la zona.

Suerte a los navegantes.

domingo, 25 de abril de 2010

Mito y leyenda

Reflexionemos un poco acerca del mensaje que hemos escuchado por siglos respecto a la evangelización católica en Asia, iniciada por portugueses y españoles en el siglo XVI.

La imagen de Francisco Javier domina claramente el panorama de aquella época, con su férrea voluntad por llegar a China y Japón. Pocos ponen en duda su capacidad para iniciar una obra duradera que tuvo sus mejores momentos a lo largo de un siglo de presencia jesuíta en esas naciones. Sin embargo, sería necesaria colocar un poco, sólo un poco, de realismo para observar la evolución posterior que tuvieron aquellas civilizaciones; en especial la china, que apenas fue tocada por la presencia del cristianismo militante.

La grandes civilizaciones asiáticas siguieron su camino como culturas basadas en una cosmogonía propia, extremadamente compleja, que adora a los ancestros y a un orden divino distinto al que se venera en Occidente. Sus estructuras sociales, culturales y políticas fueron suficientemente fuertes como para recibir y en algunos casos asimilar la influencia externa, sin sufrir un cambio radical en sus formas de vida.

Una joven académica de la Universidad de la Rioja aborda este tema cuando analiza las relaciones hispano japonesas en el siglo XVI. Sus observaciones son de interés para el conjunto de la relación de Europa y Asia. Además aporta en su texto un tono saludablemente provocador:


Sangre, mártires por la fe, gloria eterna, ínfulas de un imperio grandioso al que todas las naciones del mundo temen y envidian al mismo tiempo... Ésta es la sensación provocada en cualquier persona que se acerque a la literatura que versa sobre las relaciones hispano-japonesas durante los siglo XVI-XVII, aquel tiempo que ha sido llamado -obviamente, de manera pretenciosa y triunfalista- el Siglo Iberico nipón.

Este pretendido siglo cristiano dio comienzo en 1543 con la llegada de una pequeña embarcación portuguesa a las costas de Japón tras un naufragio. En efecto, a partir de entonces, los contactos entre Oriente y Occidente dejaron de ser casuales, y se estableció una relación continuada de tipo económico, religioso, diplomático e incluso cultural entre la península ibérica y la región asiática.

Para fines del siglo XVI, Castilla y Portugal ya habían perdido el monopolio de la navegación, y los ibéricos cedieron paso a las nuevas potencias marítimas en el liderazgo por el descubrimiento de nuevas tierras. Holanda e Inglaterra comenzaron a merodear por el Pacífico. El caso de Japón, los gobernadores evaluaron las nuevas posibilidades que aquellos visitantes les brindaban.

El llamado Siglo Ibérico (1543-1643) concluiría, en el caso de Japón, de una manera trágica con la rebelión de Shimabara en 1643. Según numerosos autores, el hecho de que ésta tuviera lugar en una zona preferentemente cristiana, fue determinante para que el Shogun dictara el último y definitivo decreto anticristiano, que puso fin por razones obvias al contacto con las naciones católicas.

Sin embargo, Japon no quedó cerrado al mundo por completo. Permitió a Holanda el comercio a través de una nave anual, práctica que continuaría durante toda la era Tokugawa, hasta que con la Restauración Meiji (1864) Japón volviera a tener contactos con el resto de los países. De cualquier forma, la clausura nipona tampoco fue total, ya que siguió manteniendo relaciones con parte de China y Corea.

Agrega la investigadora que, en el siglo XX aparecieron numerosos estudios que rabasaron las interpretaciones tradicionales; por desgracia todos ellos demasiado parciales, o demasiado ligados a la historia de cada orden religiosa.

Los jesuitas toman la pluma para tejer loas y guirnaldas a sus grandes misioneros, empezando por San Francisco Javier; los franciscanos, para cantar orgullosos las glorias de sus hermanos muertos por la fe; y otro tanto, ya en tono menor, les ocurre a los dominicos y los agustinos, sin que falten en sus páginas, algunas veces acaloradas y con frecuencia demasiado apologéticas, piques y pullas en un debate en el que, a fin de cuentas, a todos les asiste la razón. Pocos ha elevado su vista más allá, esforzandose por completar el panorama en su conjunto.
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Ainhoa Reyes Manzano, "Mitos y leyendas sobre las relaciones hispano-japonesas durante los siglos XVI-XVII". Cuadernos de investigación histórica, No. 29, 2005, pp.53-76, Universidad de la Rioja.

domingo, 18 de abril de 2010

Haifa

Hablando del galeón Andalucía: el pasado viernes 16 de abril llegó a su segunda parada, el puerto de Haifa, en Israel, después de haber tocado Malta. Lleva recorridos más de 3,700 kilómetros desde España.

La embarcación, que funciona también como un museo naval, sirve para el conocimiento actual de lo que fue la enorme empresa marinera española de los siglos XVI a XVIII. Fue creada para contruibuir a la Exposicion Universal de Shanghai y al propio tiempo se construyó con modernas tecnologías de navegación. Es una réplica de un galeón, con alma ambientalista.


Visitantes de Israel en el galeón Andalucía

Vale la pena seguir la bitácora del galeón, escrita por sus tripulantes.

Su siguiente etapa es llegar al cercano puerto de Said, en Egipto, para ingresar al canal de Suez.

Producción de galeones

Un lector de este blog pregunta respecto al galeón Andalucía, que fue construído en Huelva y actualmente hace un recorrido rumbo a Shanghai, China:
¿ Por qué no se ha intentado hacer una réplica exacta totalmente en madera utilizando la técnica de la época? Este no tiene valor histórico ninguno, sólo vale para hacer películas.
Mi respuesta es de índole histórica y económica. La corona española abusó de los recursos naturales de sus propios pueblos en la península, construyendo navíos de alguna forma ineficientes y que, al cabo de pocas décadas, dejaron en situación precaria a las poblaciones que se dedicaban a producirlos. Esto es cierto tanto para los astilleros gallegos y vascos, como para los mexicanos y los filipinos. El uso de maderas de enormes proporciones, muchas de ellas consideradas preciosas como la caoba, dieron al traste con las reservas forestales de la época. ¿Para qué repetir ese dispendio?

Por otra parte, la tecnología empleada servía de poco para enfrentar los retos del océano. La vida útil de un barco variaba mucho según cuáles fueran los servicios que prestaba. Era la excepción que algún navío, de los que hacían largas travesías, durara quince o más años, con frecuentes reparaciones.

Un estudio de la marina mercante holandesa muestra que la mayoría de las embarcaciones tenía una vida activa de cinco a diez años (1).

En el lado del Atlántico, el viaje conocido como la Carrera de Indias, cada embarcación podía realizar cuatro o a lo sumo cinco viajes de ida y vuelta. Se destinaban entonces a otras tareas menos desgastantes, en rutas cortas.

Un costo oculto era el mantenimiento, que generalmente recaía en las arcas de la Corona, o para decirlo en breve, del complejo financiamiento de plata proveniente de América, con aspectos inflacionarios e improductivos. Ello llevó de algún modo a la bancarrota a España.

Gracias al lector anónimo por esta pregunta.
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(1) Wilfred Brulez, Shipping Profits in the Early Modern Period, Acta Historiae Neerlandicae, 14, 1981, pp 67-68.

sábado, 17 de abril de 2010

Franciscanos

Con frecuencia se alaba la labor de los misioneros jesuitas en Asia, sobre todo por la emblemática travesía de Francisco Javier, el santo misionero por excelencia. No obstante, la orden franciscana tuvo un importante papel que llevó a una vinculación estrecha la obra educativa y de propaganda religiosa en América y Asia.

En la perspectiva franciscana existen raices sobre el concepto misionero que se remotan a la edad media, época de su fundación en Europa (Francisco de Asís, 1182-1226). En aquél período dió inicio el contacto misionero europeo con Asia. Giovanni di Pian Carpine y Guillermo de Rubruk, franciscanos , llegaron a las puertas del imperio chino.


La imagen de los 12 franciscanos que llegaron el 13 de mayo de 1524 a San Juan de Ulúa, en Nueva España. Portada de la catedral metropolitana de la ciudad de México.


Los primeros franciscanos que llegaron a México contaban como cabeza de misión a fray Martín de Valencia, superior de la provincia de San Gabriel, acompañado por Francisco de Soto, Martín de Jesús (de la Coruña), Juan Suárez, Antonio de Ciudad Rodrigo, Toribio de Benavente (Motolinía), García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Ribas, Francisco Jiménez. Además, dos frailes legos, Andrés de Córdoba y Juan de Palos.

Martín de Valencía trataría de realizar alrededor de 1534 la primera expedición misionera en tierras asiáticas desde la Nueva España, pero fracasó en su intento, por falta de recursos y por su excesiva edad. A pesar de ese fracaso, el deseo de "conquistar China" en el aspecto religioso siguió siendo un "ardoroso deseo" de muchos misioneros que pisaron territorio americano.

Padroado Portugués

La estrecha unidad entre el poder político y la labor misionera fue característica de la expansión portuguesa iniciada en el siglo XIV. La estrecha interdependencia de la iglesia, la sociedad y el estado, hacía natural que los príncipes consideraran que su principal tarea era expandir la fe cristiana, al mismo tiempo que ampliaban sus dominios y fortalecían su comercio. Pero las armas de los principes no son las mismas que las de los santos y por ello fue necesario confiar en un cuerpo especializado de misioneros para dedicarse a la propaganda de la fe cristiana.

El fenómeno puede ser visto también desde la óptica de una herencia medieval directamente relacionada con las cruzadas. Si bien la última fue en 1269 contra Túnez, el pensamiento guerrero-religioso siguió presente en la mentalidad imperial ibérica (portuguesa y española por igual) como lo demuestra la expulsión de los árabes en 1492.

Como hemos apuntado, la creación del Padroado en el caso de Portugal y del Patronato en España reunían en una sola estructura las peores formas del europeísmo, la unión entre la misión y el imperialismo colonial.

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Por ello resalta como un aspecto modernizante para la época la propuesta jesuíta, que encontró un ambiente propicio en Portugal. Si bien la orden religiosa se fundó en España, por españoles, en la etapa sucesiva encontró el cobijo necesario con la corte portuguesa.
La efectividad de la nueva orden en la corte portuguesa de Joao III estaba basada en las buenas relaciones con la Reina Catalina de Austria, quien a la muerte de su esposo, en 1557, se convirtió en la regente de su hijo de tres años, Sebastiao. Cuando renunció en 1562, la regencia recayó en el infante Enrique, que había sido inquisidor general de Portugal y nombrado Cardenal en 1540. El era aún más favorable a los jesuitas que la reina y escogió a un miembro de esa orden para tutor del principe.
En 1568 Sebastiao llegó a la mayoría de edad y las relaciones con los jesuitas se hicieron todavía más estrechas, fortalecidas por el sentimiento del rey de ser "Capitán de Dios", "idea fija que se fue transformando poco a poco, en la orgullosa convicción de estar predeterminado a grandes cosas".
Éstas no incluían el matrimonio, puesto que huía de la compañía femenina, sino un plan para la reconquista del norte de África, concebida bajo la influencia de sus consejeros jesuitas. Eventualmente fue vencido y muerto el 4 de agosto de 1578, en la batalla deAlcázar Kebir.Este asunto coincidió con desastres jesuitas similares en el sur de Kyushu, en Japón.
La guarda pretoriana de la Contrarreforma, apunta Lothar Knauth, aunque efectiva en la corte y altamente estimada por el Papa y la curia romana, órganos que estaban de acuerdo en sus conceptos de una jerarquía pre-ordenada, tendría que acostumbrarse a luchar a la retaguardia en el campo de batalla abierta.
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Lothar Knauth, Confrontación Transpacífica. UNAM, México, 1972, pp. 95-96.

domingo, 11 de abril de 2010

El Andalucía llega a Malta

El galeón Andalucía llegó al puerto de Malta, en medio del Mediterráneo, y aquí se muestra el abanderamiento del barco, una antigua tradición medieval que aún se conserva en todos los puertos del mundo.

El recorrido de Málaga a Malta es 2,144 kilómetros, lo que ha permitido demostrar la capacidad de navegación del gaelón. Si su camino hubiera sido hacia el Atántico, como en "la carrera de España", esta primera etapa lo colocaría más o menos en las islas Canarias, un paso antes de entrar en el infinito azul rumbo a América.

jueves, 8 de abril de 2010

Japoneses en Jalisco

Acuso recibo de un bello libro recientemente editado por la Universidad de Guadalajara, escrito por Melba Falck Reyes y Héctor Palacios, acerca de una historia fascinante: la de Juan de Páez, comerciante avecindado en la capital de Jalisco, a principios del seiscientos, de origen japonés, procedente de Osaka.

La acuciosa investigación arroja información documental valiosísima sobre los orígenes de este personaje y su integración a la sociedad novohispana.

En la contraportada, los autores señalan:

La sociedad novohispana, y tal vez todavía más la tapatía, era en el siglo XVII, cosmopolíta a un grado que nos resulta difícil de entender hoy en día, pues su vertiente urbana procedía de cuatro continentes. La presencia de asiáticos -llamados a menudo "chinos"- era común: su puerta de entrada en los dominios hispanos era por Filipinas, entonces una auténtica colonia de México. Entre ellos hay uno que otro japonés, y que las fuentes más diversas documentan. Pero esta información es a veces escueta, muy fragmentada, permite un tratamiento sobre todo estadístico, de destinos anónimos, sin el soplo vital y el correr de la sangre.

No obstante, en el caso de la investigación ahora publicada, Juan de Páez y su suegro Luis de Encío aparecen como personajes reales, plenamente documentados "como si se tratara de cualquier tapatío de la élite".

Y esta es la novedad: los dos inmigrantes japoneses, uno tras otro, tuvieron una promoción social poco común. Páez se pudo codear con los principales mercaderes, terratenientes, alto clero de la ciudad; acabó siendo el hombre de confianza de todos: albacea de muchos de ellos, y mayordomo de la catedral desde 1645 hasta su muerte en 1675.
Un libro que encierra una historia personal y muchas historias entrelazadas a las que se suman las vicisitudes de la investigación a lo largo de muchos años. Esperemos que este tipo de trabajo académico prolifere a fin de dar cuenta de una enorme cantidad de archivos olvidados.

Felicidades a los autores.