sábado, 31 de diciembre de 2011

Carta al Rey de Camboya

Por la soltura de la carta que el Gobernador de Filipinas, Gómez Pérez Dasmariñas, dirigió al Rey de Camboya, vale la pena citarla completa.

En ella acepta actuar como mediador en el conflicto con Siam; advierte sobre el peligro y destrucción que provocan las guerras y envía regalos, esmeraldas, un caballo y unos perros:

Al Rey de Camboya, de 20 de julio último (1593)

Gómez Pérez Dasmariñas, Caballero de la Orden de Santiago, Gobernador y Capitán General de Luzón, por el Rey de Castilla, mi señor, salud y prosperidad.
Recibí la embajada y carta del Rey de Camboya con grande contentamiento mío del cual y del elefante y amistad con que se me envía. Quedo muy agradecido y más de la voluntad que muestra al servicio y devoción del Rey mi señor, al cual daré cuenta de ésto y sé que lo estimará en mucho hame dolido de las guerras y enemistades que hay entre el Rey de Camboyia y (el de) Siam porque más quisiera yo que entre dos reyes tales y vecinos y ambos amigos nuestros hubiera todo buen trato, conformidad y paz, sin la cual no hay bien ni contento y yo diera al Rey de Camboya la ayuda y socorro que me pide contra Siam sino mirara á que el Rey es tan buen servidor del mío y amigo nuestro y de él he tenido una embajada y así deseo saber la causa y fundamento de estas pasiones y la justicia y razón que hay de la una parte y de la otra que es la que ha de mover á un animo justo. 
Y en el entretanto como quiera aunque victorias el fruto, por la mejor parte sea ruinas y mortandades y destrucciones y asolamientos de reinos y vasallos y la voluntad y el amor que tengo al Rey de Camboya me obliga á desearle ver libre de estos trabajos y desasosiegos y que viva en paz y nos comuniquemos y tratemos y el comercio y conformidad enterados universalmente crezca con aprovechamiento de unos y otros reinos. 
He querido probar el medio más fácil y mejor que es poniéndome de por medio á procurar y componer estas diferencias y así he escrito y enviado persona al de Siam pero sin dar á entender que el de Camboya tiene necesidad de socorro ni me le ha pedido tratar de paces y medios. Y creo que lo admitirá y cuando no saliere a causa tan justa entonces la vuestra y la mía queda más fundada y justificada para hacer lo que se me pide en cualquiera suceso.
Aseguro de ser amigo del Rey de Camboya como esto dirá largo su embajador que vuelva regalado y con esto, tratémonos y comuniquémonos ya que se ha abierto el camino que aquí tendrán los de Camboya la misma buena acogida que en su tierra.

Envío estas esmeraldas y ese caballo que es muy bueno en señal de amor y unos perros de casa (caza) porque me dijo Veloso que allá eran de estima y por hallarme falto de algunas cosas curiosas de España no las envío pero yo me prevendré para otra vez y si otra cosa de esta tierra agradare la daré con mucha voluntad y para más satisfacción de nuestra amistad os envío la copia de la carta que escribiré al Rey de Siam.

Dios guarde y prospere de Manila 27 de septiembre del nacimiento de n.s. Jesucristo de 1593.

Gómez Pérez Dasmariñas.



Los famosos caballos españoles, imagen del siglo XVIII. 

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Carta tomada del libro de Virgina Licunan Benitez y José Lavador Mira, The Philippines Under Spain, vol. V(1590-1593), Manila 1994, misma que fue encontrada en el Archivo General de Indias, Sevilla, en el ramo Filipinas, legajo 18-B.

La primera jornada, 1592-1594

Gaspar de San Agustín relata en su libro Las Conquistas de las Islas Filipinas, la terrenal por Felipe II, el prudente, y la espiritual por los padres agustinos, escrito en 1698 que, entre otras embajadas recibidas en Manila, como la del Japón por ejemplo, se presentaron alrededor de 1592 dos embajadores representando al Rey de Camboya:

El uno portugués, nombrado Diego Belloso (en varios textos se llama Diogo Veloso); el otro castellano, llamado Antonio Barrientos, que trajeron de regalo al Gobernador dos hermosos elefantes, que fueron los primeros que se vieron en Manila. El motivo de esta embajada se reducía a pedirle su amistad y alianza para (que) les diese socorro contra el Rey de Siam (antiguo nombre de Tailandia), su vecino, que pretendía invadirle. Recibió el Gobernador Gómez Pérez Dasmariñas la embajada con agrado, y el regalo que le traían. Y como no se hallase con bastante gente para el socorro que se le pedía, despachó los embajadores dándole al Rey de Camboja breves esperanzas. Correspondiéndole con otro regalo, se estableció buena correspondencia para el comercio entre ambas naciones.

Los supuestos embajadores, un portugués aventurero de dudosos antecedentes y un castellano de peor fama, deben haber dado una imagen de boato, acarreando presentes que harían soñar a los manilenses y a su Gobernador con las maravillas que debían existir en las provincias del oeste, más allá del tempestuoso golfo de Siam, más arriba de Malaca y hacia el norte entre malayos infieles, hasta encontrar la parte más cerrada de la selva, ese infierno verde, y encontrarse en medio de un río inmenso llamado Mekong. Venían acompañados de esclavos y, de acuerdo con las crónicas, de los dos primeros elefantes jamás vistos en Filipinas.




Belloso y Barrientos tuvieron audiencia con el gobernador Dasmariñas, quien escuchó informes fantásticos sobre las riquezas de Siam, Laos, Camboya, Champa y Conchinchina. Los mensajeros reales aprovecharon el embeleso de sus oyentes para solicitar el apoyo del Gobernador y proteger a Camboya contra los ataques del Rey de Siam. Gómez Pérez Dasmariñas no prometió nada, pero los envió de regreso a esas tierras con algunos buenos presentes.
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Gaspar de San Agustín, Conquista de las Islas Filipinas, capítulo XII, pp 994-995, Libro III. Madrid, imprenta de Manuel Ruiz de Murga, 1698. Reimpreso en 1998, en Manila por el Museo de San Agustín.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Importancia y debilidad de Manila

Los más entusiastas promotores de aventuras invasoras en Asia eran sobre todo los comerciantes y algunos frailes de Manila, quienes esgrimían largos argumentos para que la Corona Española enviara tropas a las tierras vecinas. Su sueño, al más puro estilo de una novela de caballería, era evangelizar a las poblaciones asiáticas; ampliar el comercio y la riqueza de Su Majestad y lograr la paz bajo el dominio español. Todo ello, dentro del sagrado propósito de crear un imperio universal regido desde la península ibérica.

Los apasionados argumentos expuestos por los manilenses, desde el gobernador y el capitán general hasta los miembros de la Audiencia; los priores de las congregaciones e incluso los comerciantes del galeón, se acumulaban en abultados testimonios, informes, rogativas y cartas secretas que la Nao de China llevaba y traía de Manila a Acapulco y de ahí a España. Meses y años más tarde, dichas propuestas languidecían en los escritorios de las autoridades de España y México, desde donde se respondía con frialdad, en notas hechas al margen de los folios y mapas fabulosos en pergaminos, donde se autorizaba o no tal asunto. Proceda, concédese, anúlese, pues, como bien se sabe, los asuntos en Palacio, van despacio...

Desde la metrópoli se impidió, una y otra vez, iniciar nuevas acciones militares en Asia. Un tanto por prudencia y otro tanto por la sencilla razón de que faltaban recursos materiales y humanos para emprender nuevas campañas de conquista. Este fue el motivo por el cual, en la práctica, el proyecto asiático español se mantuviera estancado por largo tiempo, circunscrito a la isla de Luzón, pues el resto de las islas del archipiélago filipino fue realmente ocupado hasta el siglo XVII. Las fuerzas españolas se concentraban casi exclusivamente en la ciudad de Manila -puesto privilegiado para la navegación y el comercio- y a que la enorme bahía gris ofrece un invaluable refugio marítimo.

La precariedad de la presencia española en las islas era tanta que, el 12 de julio de 1599, el gobernador de Filipinas, Francisco Tello, escribió un informe sobre la situación militar en la región, en el cual solicitaba el apoyo de España para el envío anual de tropas a Filipinas: primero, por la gran cantidad de enemigos; segundo, por la enorme distancia de las islas respecto de la Nueva España, y tercero por la debilidad de las fuerzas militares para controlar el archipiélago. El número de tropas declinaba en gran parte debido a la situación insalubre que afectaba a los soldados heridos, señala el gobernador, ello sumado a la gran cantidad de acciones realizadas con resultados muy variados, como la pacificación de Mindanao, la expedición de Cagayán, el mantenimiento del presidio (cuartel) en La Caldera y la nueva expedición a Camboya. Continúa el Gobernador:

Los hombres que quedan están completamente pobres, por lo que ruego a Su Majestad ordene al Virrey de la Nueva España atender este asunto con puntualidad. Este año (1599) sólo vinieron setenta hombres; no eran útiles y entre ellos había solamente tres arcabuceros. Se deben enviar mil arcabuceros, quinientos mosquetes con cuernos de pólvora, y quinientos sacos de balas y otros tantos morriones. Eso es lo que se necesita para ser distribuidos entre los hombres desarmados: y los que no se utilicen quedarán como reserva de la armería de Su Majestad.

El gobernador Tello expresaba de manera contundente el temor que agobiaba a los pocos habitantes de Manila -cuya población desde que fue fundada la ciudad ascendía a pocos centenares de almas-, quienes pasaban de ser colonos a la condición de ciudadanos-soldados.


Manila sobrevivía con precariedad 

La población de la capital experimentó en la década de 1590 a 1600 una ligera recuperación, gracias al auge comercial de las islas y por la inmigración de españoles que quedaban en las provincias. Se trataba de hombres viejos, de casi treinta y hasta cuarenta años de edad, con cicatrices de la guerra y de los amores: cojos, tuertos o sifilíticos. Las mujeres españolas, que desempeñarían un papel central en el comercio del galeón en los siglos siguientes, aparecerán décadas más tarde en el escenarios de la ciudad. En Madrid se dieron instrucciones para que el Virrey de la Nueva España enviara las armas y también las tropas y colonos solicitados por el Gobernador de Filipinas ¨tomando en cuenta los límites de gastos que tiene el factor de Su Majestad¨

El sentido práctico de los administradores coloniales de España y México les hacía comprender que era más redituable concentrar en la capital filipina el comercio de manufacturas y especias del sudeste de Asia para satisfacer la creciente demanda de tales productos en Europa y América.

Manila ofrecía la enorme ventaja de que en ella confluían las principales redes comerciales de Asia, con productos venidos desde la India, China, la actual Indonesia y la denominada Indochina. El comercio en la región fluía como los monzones que sacuden estos mares, y mantenía su propio ritmo tiempo antes de que llegaran los españoles a la región. Sin embargo, por importante que fuera el comercio aparecían dudas sobre mantener empresa tan colosal. De tanto en tanto, en la metrópoli, y sobre todo entre los comerciantes de la Península Ibérica -quienes veían con recelo las ganancias que se obtenían en la Nueva España- se expresaban opiniones en el sentido de que la distante colonia era una carga innecesaria para el erario.

El argumento contrario, que justificaba la acción colonial española en Asia, se centraba en dos propósitos políticos: contener la expansión islámica y propagar los principios del catolicismo militante (frente a la amenaza protestante representada por holandeses e ingleses). De esta forma, Filipinas se convirtió en una las de las fronteras entre las dos religiones que contendían con fuerza incontenible desde las costas de España hasta las puertas mismas de Viena.

En opinión de John. D. Phelan ¨frecuentemente se oscila entre el análisis cuantitativo del comercio, los fines políticos o los intereses religiosos para explicar la presencia española en las islas. La realidad es que la compleja administración colonial española tomó siempre en cuenta todos estos factores, con grave ponderación entre unos y otros¨.

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Emma Helen Blair y James Alexander Robertson, The Philippine Islands, 1493-1898, 55 vols. Cleveland,  vol. 1603-1609, pp 207-244. Military Affairs in the Islands, Informe del gobernador Francisco Tello.

Luis Merino. O.S.A. El Cabildo Secular: aspectos fundacionales y administrativos, vol. I, p.47. The intramuros Administration, Manila 1983.

John D. Phelan, Hispanization of the Philippines, Spanish aims and Filipinos responses 1565-1700, University of Wisconsin Press, 1959, capítulo primero. 

jueves, 29 de diciembre de 2011

La invasión de Camboya

En solidaridad con la población filipina que ha sufrido los embates de la naturaleza. Mi más sentido pésame por los muertos y desaparecidos,  a sus deudos y a todo el pueblo filipino.
Diciembre, 2011.

Desde la fundación de Manila en 1571, los habitantes españoles de las islas Filipinas fraguaron todo tipo de proyectos para conquistar los variados reinos del sudeste de Asia, a pesar de que en España se desautorizaron tales iniciativas y hasta se llegó a pensar, al finalizar el siglo XVI, en abandonar aquella lejana colonia.

Los gobernadores del archipiélago llegaban instruidos por el Rey para vivir en respeto y armonía con las naciones circundantes, pero los intereses de frailes y comerciantes residentes ejercían una fuerte y continua presión para enviar ejércitos a las Molucas, a Siam, Champa, Camboya y Laos, y al propio imperio mandarín. Entre tales intentos se cuenta la intervención española en Camboya de 1592 a 1599, que concluyó en un rotundo fracaso, mostró los límites reales de la empresa conquistadora española en Asia y demostró, junto con otros intentos efectuados en aquella coyuntura, que el imperio español no podía seguir expandiéndose.

Dedicaré las siguientes entradas de esta bitácora electrónica a mostrar información poco conocida sobre un acontecimiento que tensó la vida política y militar de Filipinas en sus primeros años, y que puso a prueba la vinculación de la colonia española en Asia, frente a las estrategias que se tenían tanto en la metrópoli como en la Nueva España en aquella época. Mucho más que una anécdota curiosa, esa aventura, junto con otras que se vivieron en aquel momento fundacional, ilustra la visión que se tenía en amplios sectores españoles en contra de la masa criolla que crecía en América y Asia, calificada de perniciosa por sus ociosos y ambiciones. Con objeto de debilitar a esta masa de españoles criollos, se pretendió abierta y llanamente enviar a pobladores desde México para colonizar y cristianizar Camboya.

Poco se sabía en Manila, y mucho menos en España o en México, acerca de las naciones y pueblos que circundaban a la joven colonia española. Sin embargo, se recibían los informes de comerciantes, misioneros y soldados mercenarios, dispersos por toda la región, quienes describían con lujo de detalles las riquezas materiales, las costumbres locales y las posibilidades de establecer comercio, expandir las cristiandad, hacer acuerdos de amistad o, simplemente, ocupar tales territorios.

De esta forma, y desde un principio, se dispusieron planes muy serios para colonizar la Gran China desde Filipinas; avanzar en las Islas de la Especiería; conquistar los reinos misteriosos de Siam, Pegu, Camboya, Champa o Laos, todos ellos en la actual península Indochina.

Cabe resaltar que, a partir de la segunda mitad del siglo XVI y hasta casi el final del siglo XVII, se sucedieron numerosas convulsiones militares y una continua redefinición de las fronteras en la espaciosa región de la cuenca del rio Mekong que, más tarde, los franceses llamaron Indochina. Ahora nos resulta difícil intentar siquiera la localización de los reinos de Champa, Conchinchina o Tunkin, que forman el actual Vietnam. La parte este de Tailandia era provincia camboyana y el noroeste de Tailandia formó parte de Laos. En ese escenario geográfico, tanto la religión como el comercio desempeñaron un papel central, de atracción y conflicto. En los reinos de la península se venía efectuando un proceso de consolidación de alianzas entre autoridades budistas y la monarquía, lo cual sirvió más tarde para la formación de las naciones contemporáneas.






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Anthony Reid, Southeast Asia in the Age of Commerce 1450-1680, vol. I. The lands below the winds, pp 1-10. Silkworm Books, Bangkok, 1988.


domingo, 18 de diciembre de 2011

Negritos

Pocos asuntos tan poco comprendidos como la presencia de población negra en Filipinas, sobre todo porque la tipología racial que domina aún al mundo se basa en observaciones superficiales, relacionadas con el color de la piel. Solamente las investigaciones antropológicas a partir del siglo XX comenzaron a desentrañar la naturaleza de un pueblo que no encuadraba con el esquema descriptivo de los ¨indios filipinos¨.

Para comenzar, los ocupantes españoles del archipiélago filipino en el siglo XVI traían como herramienta de conocimiento la experiencia conquistadora de la Nueva España, donde había un sinnúmero de pueblos que podían ser catalogados como ¨indígenas¨ a partir del socorrido genérico de indios... americanos. Pero, un siglo después de la conquista de América, al llegar al otro lado del Pacífico encontraron más indios, lo que significó un serio problema de catalogación. Comenzaron a llamar a los pobladores, por simple extensión, indios filipinos. Para complicar la cosa, se encontraron con estos negrillos, distintos a los demás pueblos que ocupaban el espacio filipino. 

Como tal, los negros filipinos no compartían ni religión ni costumbres con el resto de los pobladores de las islas: mostraban grandes habilidades como cazadores y recolectores, pero no formaban en apariencia gobiernos y sistemas de defensa al estilo de los tagalos, por ejemplo, además de que a la llegada de los españoles ya se habían refugiado en las zonas altas de la isla de Luzón, para escapar del sometimiento de otras comunidades locales.

Se estima que la llegada de negritos a las islas pudo ocurrir en tiempos tan remotos como cuando Malasia estaba unida a Sumatra y a otras islas de Sunda. ¨Si esto es cierto, afirma Mario D. Zamora,  podemos postular la hipótesis de que por aquel entonces el conjunto de islas que formaban Filipinas era un solo bloque. De este modo las primeras migraciones de los negritos debieron ser por tierra¨. Hoy se habla también de migraciones realizada en una última mini glaciación, que habría puesto en contacto a las tierras bajas desde Tailandia y Malasia, hasta la Micronesia. Asunto difícil de confirmar.

La investigación lingüística contemporánea ha desentrañado una incógnita: siendo que tradicionalmente se relacionaba a los negritos de Filipinas con otros grupos orientales de la India, como los Semang, localizados en el interior de la península de Malasia, o con los habitantes de las islas Andamán en el Océano Indico, ahora se sabe que el pequeño grupo filipino habla una lengua distinta a la de aquellos con los que se les relacionaba. 





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Mario D. Zamora y otros. Los indígenas de las islas Filipinas, Mapfre, 1992, Madrid. Pp 243-278.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Cagayanes

En la punta norte de la isla de Luzón se localiza la provincia de Cagayanes, distinguida por ser una zona estratégica en comunicación con la isla de Taiwán y las costas del sur de China. La percepción de la importancia de la región  fue reforzada por los ocupantes españoles desde el período de la ¨pacificación¨de Filipinas a finales del siglo XVI. 


En una carta del gobernador Gonzálo Ronquillo de Peñalosa a Felipe II, Rey de España, escrita en junio de 1582, relata la necesidad que tuvo de enviar tropas a la zona de Cagayanes debido a la presencia de piratas chinos y japoneses. En su recuento señala que los españoles hicieron frente a tales  invasores y que en feroz batalla aniquilaron a doscientos japoneses, incluyendo al hijo del comandante, con sólo tres españoles muertos.



A partir de la expulsión de japoneses y chinos en 1582 se iniciaron las primeras incursiones españolas en aquella zona al norte de Luzón, lo cual condujo al descubrimiento de las oportunidades de expansión y el sometimiento de los naturales. El comandante español Juan Pablo Carrión exploró el rio Cagayanes y los fértiles valles protegidos por el terreno montañoso y fundó en aquella época la provincia de Nueva Segovia, que ha cambiado en extensión a lo largo de la historia.


Los pobladores originales de esta región debieron recibir influencia de una multitud de pueblos de la región, como lo muestran las imágenes del Códice Boxer. 


La distancia entre Taiwán y el norte de Filipinas es de apenas 250 kilómetros a través de un estrecho que incluye muchas islas, con dos grupos: Batanes y Babuyanes. De ahí que resulta natural la presencia de piratas chinos y japoneses en la zona. De hecho, ese fue el camino seguido por tropas japoneses durante la segunda guerra mundial para invadir Filipinas.



martes, 29 de noviembre de 2011

Tagalos

A partir del arribo de los españoles a las islas filipinas se formularon varias estimaciones generales sobre la población en el archipiélago en la segunda mitad del siglo XVI: una tarea difícil para cualquier colonizador o misionero, aún después de la traumática experiencia de los españoles en América, donde las concentraciones humanas rebasaban las dimensiones conocidas en Europa y al poco tiempo se vivió un desplome de la población indígena derivado de las enfermedades y el maltrato.

En comparación con Nueva España o Perú, en Filipinas la población nativa era relativamente escasa y dispersa en el enorme tapiz de islas, además de las diferencias entre cada uno de los pueblos y sin autoridades centrales. De tal forma, para los españoles el tema demográfico se volvió relevante hasta el inicio del siglo XVII, cuando comenzaron a observar el declive de la población y, como apunta O.D. Corpuz, la preocupación de los encomenderos y misioneros fue una caída de las recaudaciones, en forma de encomiendas y diezmos.

Las primeras estimaciones podían considerar a la población sujeta a la encomienda o la población de las doctrinas o pueblos. El problema para los historiadores es que tales datos sólo consideran a los habitantes sujetos al control español, no a los individuos que también ocupaban el espacio filipino y que resistieron por un largo período, quizás hasta el siglo XVIII.  La tarea de los historiadores contemporáneos es reconstruir una información que es limitada y sesgada. Ciertas estimaciones sobre la población indígena en las islas en los años de la conquista, y aún medio siglo después, deben ser tomadas con pinzas: 

  •  En 1588, el obispo Domingo de Salazar informaba de 586,800 feligreses, que aportaban un total de 14,700 tributos. La intención del obispo era solicitar al rey de España más misioneros para ayudar a la pacificación de las islas, pues deja señalado que existe una parte de los habitantes que aún no han sido convertidos a la religión católica. Corpuz deriva la posibilidad de que la población ascendiera entonces a alrededor de 800,000 personas.

  • Historiadores jesuitas hablaría más tarde de ¨menos de dos millones de habitantes¨. Sin embargo, las crónicas de siglos posteriores trataron de reducir las estimaciones.

  • El censo hecho por los estadunidenses en 1903 alega que aquellas cifras fueron abultadas y que la población no pudo ser en el siglo XVI de más de medio millón de personas.


Tagalos

Valga la nota anterior para introducir más imágenes del Códice Boxer, con sujetos del principal grupo étnico de la isla de Luzón, es decir los tagalos, cuyo nombre significa proveniente del rio.









Islas donde se habla el tagalog



O.D. Corpuz. The roots of the Filipino Nation. Philippine Centennial (1898-1998) Edition. Manila, 1989. Apéndice, p. 515-570.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Bisayas

En el archipiélago filipino, la cantidad y diversidad de pueblos es francamente enorme. Sabemos que la geografía explica la historia, pero el conjunto de más de 7,000 islas que conforman a este país induce sobre todo a la descentralización política, administrativa e incluso religiosa. Es muy difícil la tarea de crear estructuras unificadas, si se toma en cuenta la diversidad geográfica, la densidad poblacional y  variantes notables en fertilidad del suelo y acceso (incluso con pequeñas islas montañosas). 




Ante esta variedad se estableció una distribución territorial específica de las órdenes religiosas en Filipinas, ya que no podían todas estar en todos los lugares. Los primeros en llegar, agustinos y franciscanos, fueron beneficiados con amplio territorio misionero en la zona tagala, en Luzón, la principal isla tanto por superficie como por población.  Los agustinos también obtuvieron además las provincias de Pampanga e Ilocos en tierras fértiles del archipiélago. Los franciscanos se ocuparon también de la provincia de Camarines, donde se habla Bikol o Bicolano.
  
También en Luzón, se instalaron los jesuitas, mientras que los dominicos se ocuparon de la comunidad china en las inmediaciones de Manila, así como en Pangasinan y Cagayan.

Más al sur...

... el grupo de las islas Bisayas fue dividido a lo largo de líneas lingüísticas y geográficas entre agustinos y jesuítas. Esta fue la zona de arribo de los españoles, con la capital en Cebú y por cierto tiempo se pensó en que sería el centro de control del archipiélago, pero varias décadas más tarde los europeos se trasladaron a Manila, en la isla de Luzón.

En un principio, se tuvo que echar mano de misioneros preparados en la Nueva España, pero pronto se observó un declive en la calidad del trabajo misionero, señala John Leddy Phelan, por lo que fue necesario reformar la estructura de las misiones a fin de lograr mayor control, sobre todo en espacios remotos, con poca población. Surgía así un problema constante en las islas: el poder de los frailes sobre las comunidades rurales.

Se establecieron cabeceras de región, a las que acudía la población en días de fiesta religiosa, como la Navidad y el Corpus Christi. Se intentó en un principio el método de las reducciones de pueblos, es decir, concentraciones de poblaciones dispersas, pero la geografía -nuevamente- hacia impracticable un sistema que tuvo relativo éxito en América desde el siglo de la conquista.



Las ilustraciones que aquí presentamos nos muestran una población bisaya en contacto con las corrientes comerciales y culturales de la región, profundamente influida por el islam.


La división de clases entre propietarios de la tierra y desposeídos alimentaba la práctica del trabajo servil por deuda, una especie de esclavitud ¨por contrato¨ que podía durar largos períodos. Los españoles continuaron con la costumbre, aunque frecuentemente la criticaban por razones ético-religiosas.


Los españoles quedaron impresionados con la costumbre de la población de Bisayas de tatuarse el cuerpo de manera integral. De inmediato fueron llamados ¨los pintados¨



John Leddy Phelan. The Hispanization of the Philippines. Spanish Aims and Filipino Responses, 1565-1700. The University of Wisconsin Press, Madison, 1959. p. 36.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Zambales

Zambales es una de las seis provincias en que está dividida la isla de Luzon, en Filipinas. De hecho, fue la zona de expansión de los españoles a partir del siglo XVI y hoy es la segunda demarcación política más grande en la isla más importante del archipiélago. Originalmente estaba habitada por población de origen malayo, que compartía costumbres con toda la región del sudeste de Asia, como cazadores, pescadores, recolectores.


Uno de los rasgos comunes de las poblaciones de la región es la combinación de creencias animistas, practicadas durante siglos, que se mantuvieron a pesar de la presencia del islamismo en los siglos XIV y XVI. Es interesante observar que aún en la actualidad, la veneración de espíritus de la naturaleza, conocidos como anitos, sigue estando vigente después de 400 años de presencia de la religión católica.


                                                                                                  

Las ilustraciones que aquí se presentan forman parte del Códice Boxer. 

martes, 15 de noviembre de 2011

Un abanico de pueblos


En marzo de 2009, aludíamos a un famoso documento del siglo XVI filipino-español que adquirió el nombre del historiador inglés Charles R. Boxer (1904-2000), por lo que ahora el libro de folios es conocido como Códice Boxer. Se trata de múltiples notas y 75 valiosas ilustraciones que datan alrededor de 1595. Generalmente atribuido al gobernador español en Filipinas Luis Pérez Dasmariñas, el material puede tratarse en realidad de una encomienda de varios autores y probablemente los dibujos a color hayan sido realizados por un artista de origen chino, como lo denotan la técnica y los detalles.

El manuscrito se encuentra en la biblioteca Lilly, de la Universidad de Indiana, especializada en conservar obras bibliográficas antiguas. Recientemente ha circulado en la red parte del material del Códice Boxer, que revela el excelente estado que guarda el manuscrito y el valor como testimonio de las culturas que conformaban el archipiélago filipino. En las ilustraciones aparecen los diversos pueblos, tagalos, zambales, vizayas y los llamados negritos. 

En beneficio de los lectores, colocaré las imágenes consultadas en internet, que merecen sin duda la atención de quienes se interesan por la rica cultura del sudeste de Asia.  

La portada del libro

Referencia en La Nao Va: http://lanaova.blogspot.com/2009/03/una-rica-variedad-de-pueblos.html

domingo, 13 de noviembre de 2011

Museo en marcha

El comercio entre La Nueva España y Filipinas tuvo una duración de 250 años, con un intercambio anual de dos y tres navíos de1565 hasta 1815.  La revolución de Independencia impidió continuar el contacto con Asia, por lo que España retomó el comercio con Filipinas por la ruta larga de Africa e India.

Para recordar la etapa final de aquel recorrido, el Museo Naval de Acapulco tiene preparada una exposición titulada Navíos de la Independencia, del 23 al 30 de noviembre, que podrá ser apreciada en la Secretaría de Marina, en la ciudad de México.

La anunciada exposición itinerante del Museo Naval de Acapulco se trasladará en diciembre a la biblioteca José María Lafragua, de la Benemérita Universidad Autonoma de Puebla. Marcelo Adano, fundador del museo en Acapulco, informa que será expuesta una réplica a escala del navío Nuestra Señora de los Remedios, que fue realizada con base en los planos originales tomados del Archivo General de la Nación. La construcción de la réplica duró dos años y medio, con la integración de 17 mil piezas y 15 tipos de madera.

En enero, la exposición estará en el Museo Histórico Naval de Veracruz. 

Marcelo Adano ha dedicado su vida al estudio de la historia de la navegación, las rutas y los navíos, y en esta ocasión ofrece al público tanto las réplicas a escala, como las investigaciones realizadas en torno a esta importante etapa de la historia de México. 

viernes, 11 de noviembre de 2011

Encuentro en el mar

Esta bella ilustración pertenece al Códice Boxer, y muestra un barco español en aguas filipinas en el siglo XVI. Una admirable impresión de color y detalles, poco conocida.

domingo, 16 de octubre de 2011

Don Quijote y China


En 1615 apareció la segunda parte del libro de Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha. El autor mostraba inquietud para sacar a la luz su nueva obra, tanto por el éxito de la primera, como en parte por el hecho de que en 1614 había aparecido ya un tomo que pretendía ser la continuación de su exitosa obra; pero con la firma de un misterioso Alonso Fernández de Avellaneda. 


El orgullo de escritor hizo que don Miguel de Cervantes aludiera con burla a aquel que había pretendido tomar su lugar en la crónica de la vida del Quijote. Para ello hace alarde de la fama que ha tenido su primer y original libro, hasta en remotos países del Oriente. Cervantes alega en una deliciosa fantasía que el mismo emperador de China le escribió apremiándolo para recibir ese segundo tomo, pero él ha preferido dedicarlo al Conde de Lemos. 


¨(...) porque es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe para quitar el hámago (la amargura) y la náusea que ha causado otro don Quijote que con nombre de Segunda parte se ha disfrazado y corrido por el orbe¨.


Cuenta de una carta entregada a Cervantes por mensajero venido desde China.




¨Y el que más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China, pues en lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, pidiéndome o por mejor decir suplicándome se le enviase, porque quería fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote. Juntamente con esto me decía que fuese yo a ser el rector del tal colegio. Preguntéle al portador si Su Majestad le había dado para mí alguna ayuda de costa (recursos para viajar a China).


Respondióme que ni por pensamiento.


—Pues, hermano —le respondí yo—, vos os podéis volver a vuestra China a las diez o a las veinte o a las que venís despachado, porque yo no estoy con salud para ponerme en tan largo viaje; además que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y, emperador por emperador y monarca por monarca, en Nápoles tengo al grande conde de Lemos, que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear¨.


Manel Ollé, de quien retomo esta viñeta, apunta también que en aquella época la referencia cervantina a China reflejaba el interés de los europeos y de los habitantes de América por un país rico y lejano. 


Así lo demuestra el éxito de las crónicas de viajeros, entre las que se encuentra la famosa Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del Gran Reyno de la China, del agustino Juan González de Mendoza publicada en 1585. El misionero vivió dos años en México y nunca llegó a Oriente, pero recoge en su obra crónicas e información de gran interés para el ávido público de habla española, mostrando por vez primera caracteres chinos. El libro fue reimpreso y traducido a los principales idiomas de Europa casi de inmediato.


Se puede sumar a esta lista, la obra de otro contemporáneo de Cervantes, Lope de Vega, quien escribió años más tarde su crónica sobre los mártires cristianos en Japón, de la que ya hemos hablado en este blog. En suma, el impacto de Oriente en la mente europea crecía con una gran rapidez y estimulaba la imaginación de comerciantes, misioneros y literatos del Siglo de Oro


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Manel Ollé. Comunidades mercantiles en conflicto en los estrechos de Taiwán (1624-1684). Universidad Pompeu Fabra, Barcelona.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Bulas

El término Bula designa a un sello de bronce que se incorporaba a documentos de extrema importancia emitidos por altas autoridades. Cuando el Papa estampaba su firma en una decisión importante que debía ser conocida se le denomina Bula Papal, con los que se significaba la validez de lo que se desea promulgar. Ahora es posible consultar este tipo de documentos, desde el sitio vaticano denominado Lux in arcana, dedicado a mostrar importantes archivos a los que el público dificilmente podría acceder. De febrero a septiembre de 2012 se realizará también una exhibición física de muchos documentos en el museo del capitolio en la ciudad de Roma.

La noticia que nos ofrece Irene Savio, corresponsal en Italia del diario Reforma, es que ¨el Vaticano hace por fin pública la bula Inter Cetera II y el sumario en virtud de la cual el Pontífice español Alejandro VI fijó las líneas de demarcación de los dominios marítimos y terrestres que pertenecerían a España, y los que serían de Portugal¨.



Reproduzco a continuación la nota de la periodista, escrita ayer en Roma.

La excepcionalidad del anuncio reside en que dicho documento es el manuscrito original de la bula Inter Cetera II del 4 de mayo de 1493 conservado en los registros de la Santa Sede, donde también se preservó el sumario que llevó a la redacción de la misma.

"Ha sido gracias a este sumario que los investigadores descubrieron que se expidió una segunda bula Inter Cetera, redactada en junio pero fechada el 4 de mayo de 1493. Esto ocurrió porque la primera versión de la bula, con fecha del 3 de mayo, no satisfacía los Reyes católicos", explicó a Reforma Luca Carboni, secretario general del Archivo Secreto Vaticano y el estudioso encargado de analizar el documento por encargo de la Santa Sede.

Así se explica que, a diferencia de la primera versión, la segunda bula de Alejandro VI asigna a España todos los territorios situados al oeste de un imaginario meridiano ubicado a unas 100 leguas de las islas de Cabo Verde y de las Azores, limitando los anteriores derechos portugueses a expandirse por el Atlántico.

"Con la emanación de la segunda bula, en substancia, la Iglesia detalla el reparto de América entre las potencias de España y Portugal, con el fin de evitar controversias subsecuentes", precisó Carboni.

"Hay que tener en cuenta que en esa época el Papa era una autoridad no sólo religiosa sino también llamada a intervenir sobre cuestiones políticas y su autoridad era reconocida por todos los Estados cristianos como representante de Dios en tierra", añadió el experto.

La importancia de la bula queda de manifiesto si se considera que dicho documento fue el que sentó las bases jurídicas para la colonización de las Américas tras el regreso de Colón a Europa, en marzo de 1493, anticipando la firma del tratado de Tordesillas el 7 de junio de 1494 entre los Reyes españoles Isabel y Fernando, y Juan II, Rey de Portugal.

En su documento, el Papa también estableció la excomunión para toda persona "de cualquier dignidad, incluso imperial o real" que violara sus dictámenes.

"Bajo pena de excomunión latae sententia en la que incurrirá automáticamente quien atentare lo contrario, prohibimos severamente a toda persona de cualquier dignidad, estado, grado, clase o condición que vaya a esas islas y tierras (...) sin especial licencia vuestra o de vuestros herederos y sucesores", escribió Alejandro VI.

También, el Papa invocó el envío de misioneros para evangelizar a los indios que residían en el Nuevo Mundo, lo que suponía una ampliación del universo cristiano conocido hasta ese momento.

Además, homenajeó y avaló la obra Colón como el brazo ejecutor de la cristianización de las Américas, a quien Alejandro VI llamó de "hombre apto y muy conveniente a tan gran negocio y digno de ser tenido en mucho".

Una copia idéntica de la bula Inter Cetera II se encuentra en Sevilla, España, pero carece del sumario.

domingo, 9 de octubre de 2011

La reja de Catedral

"La reja del coro de la catedral de la Ciudad de México era de madera preciosa, pero el cabildo decidió hacerla de metal y para entonces -1721- no había en la Nueva España ni en Manila artífices capaces de hacerla.

"Diseñó el proyecto Nicolás Rodríguez Juárez. Los chinos no entendieron bien el proyecto y hubo necesidad de que un franciscano italiano les explicara en lengua china el significado de la obra. La reja, de tumbaga y calaín -una mezcla de bronces, estaño y zinc- se fundió en Macao, en la provincia de Guangzhou. De Macao se llevó a Filipinas en un patache y de Filipinas al Puerto de Acapulco en 125 cajones. No costó 17 mil pesos como se había calculado, sino 46,300, que debió pagar el Cabildo.





"Sin embargo no hay una reja igual en el mundo. Hubo necesidad de recortarla y con el metal sobrante se hicieron anillos llamados "tumbagas". Se la empotró entre las soberbias cornisas de oro que sostienen los dos grandes órganos tan exqusitamente labrados."
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Información tomada de Fernando Benítez La Nao de China, Cal y Arena, 1989. p. 65
Ver también:
http://www.arquidiocesismexico.org.mx

jueves, 22 de septiembre de 2011

Productos

Un documento muy importante para describir la mecánica del comercio transpacífico es el Extracto Historial del Comercio entre China, Filipinas y Nueva España, compilado por Antonio Alvarez de Abreu, que contiene información sobre las políticas comerciales coloniales desde 1565 hasta 1736. En diferentes momentos señala que el grueso del comercio de especias era pimienta, clavo y canela.


Un Real Despacho del 27 de octubre de 1720 ordena al Gobernador General de las Filipinas,

"que el comercio que se ha practicado por los vecinos de aquella jurisdicción con el reino de Nueva España, en adelante se reduzca solamente a los géneros de oro, canela, elefantes*, cera, losa, clavo, pimienta, cambayas, lienzos pintados, chitas (¿chinitas?, es decir porcelana pequeña), zarazas, gasas, lampotes, mantas de Ilocos, seda floja y en rama, y los demás que no sean tejidos de seda, oro y plata". Se ordenaba que al año viajaran "dos bajeles de a 500 toneladas cada uno, prescribiendo el importe de su carga a la cantidad de 300,000 pesos y el retorno a 600,000 con las demás providencias que en él se expresan"
El asunto de las cantidades era muy debatido porque los comerciantes en Manila (que eran en realidad agentes mexicanos del comercio) tenían cuotas para llenar los barcos y desde la Ciudad de México alegaban dificultades para cumplir con dichas cuotas o, en ocasiones, consideraban que éstas eran muy limitadas. Un ejemplo es el traslado de loza , que es voluminosa y frágil y que, en términos de comercio era considerada de poca ganancia.
En el caso de la especiería se alega que una parte importante de la carga se queda en la Nueva España y no se registra, es decir, entra de contrabando, mermando la que se debe enviar a España.

"la pimienta, clavo y canela, que aunque se le haya informado a Vuestra majestad no la llevan los comerciantes de España en las flotas, que pasan a la Vera-Cruz, como se expresa en el real despacho; lo contrario manifiesta (...) el escribano real y teniente del Mayor de Minas, Registros y Real Hacienda, de orden del virrey de México, en que, con reconocimiento de los registros y certificaciones del cargue de los 17 navíos de flota, que comandó el teniente general don Fernando Chacón, con toda distinción manifiesta pasar el número de la canela de más de 170 737 libras (...) que omitieron anotar el peso; y la especería, debajo de cuyo nombre se contiene la pimienta y el clavo, de más de 70 986 libras sin comprenderse las balas, sacos, cajones y barriles, en que se halla dicha omisión. Exhorbitante cantidad, por la mucha que se gasta en la Nueva España, de la que se coge en (se desvía a) las provincias Chiapas y Tabasco."
Este ejemplo ilustra un viejo problema del abasto de especias asiáticas para satisfacer la demanda europea. Los españoles dejaron el monopolio de las especias a los portugueses, que preferían llevar los productos por la vía del oceáno Indico y bordeando Africa, lo que convirtió a Lisboa en el emporio de la especiería ibérica. Recuérdese que desde el siglo XVII la otra parte monopólica del mercado estaba en manos de los holandeses, que habían arrebatado las molucas a los españoles. En suma, por la vía de Manila no pasaban grandes cantidades, ni grandes variedades de especias, más que las tres fundamentales.

(las razones de España para ceder el monopolio de las especias a los portugueses son bastante complejas, pero existió un quid pro quo con el control del comercio de la seda).

Otro ejemplo temprano de esta "distribución de los mercados" es la descripción de 1640 escrita por el administrador Grau y Monfalcón, en el sentido de que Filipinas y los ciudadanos de Manila no obtenían ventaja o provecho de las Molucas, cuando todavía estaban en posesión de España, ya que representaban mas bien una carga administrativa y militar. Por ejemplo el preciado clavo de olor, carpyophyllus aromaticus, originario de las Molucas llegaba en pequeñas cantidades a Manila , pero de ahi se destinaba a Malaca (puerto malayo en posesión de los portugueses) o Goa (en India, también en manos de los lusitanos).

De esta forma, el comercio fue relativamente pequeño e irregular. El historiador William Lyte Schurtz opina que pudo haber un acuerdo entre los holandeses y los comerciantes de Cadiz, enemigos entre ellos, pero en plena competencia con los comerciantes mexicanos, para que no se recurriese al comercio del Galeón de Acapulco, con lo que lograban que el precio de los productos fuera igual en Cadiz y en Batavia (el antiguo puerto de Jakarta, en posesión de los holandeses). En un momento dado los andaluces ofrecieron a Manila que si cortaba el trafico de la seda china recibiría como compensación el monopolio del tráfico de la especiería, propuesta que Manila no aceptó y en ello encontró el apoyo del Gobierno de Madrid".

Puede suponerse que la introducción de otras especias, con menos interés comercial que las tres mencionadas, fueron ingresando al mercado americano de manera paulatina y siempre acompañadas por la indispensable experiencia de quienes sabían emplearlas en sus propios guisos, pócimas y fragancias.
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* No he encontrado registro de importación de elefantes.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Itinerante

Próximamente una flotilla del Museo Naval de Acapulco zarpará en gira nacional hacia México D.F., Puebla y Veracruz, tomando el mismo camino que las mercancías que llegaban a Acapulco desde Asia en el Galeón de Manila, rumbo a Europa.


Este es el anuncio de una nueva iniciativa de Marcelo Adamo, creador y ferviente impulsor del pequeño museo que se encuentra en el puerto de Acapulco. 


Por décadas, la colección de modelos de barcos se ha ido ampliado y también los alcances del museo, pues ha salido a escuelas para mostrar las maravillas del galeón y así educar a los menores sobre una historia que es desconocida para tanta gente. La colección de réplicas de barcos, la biblioteca y el taller de miniaturas de barcos (de muy respetable tamaño) cumplen mucho más que una función lúdica, pues es el empeño por recordar la gesta marítima que se desarrolló en el Pacífico mexicano y que cruzó tantas veces el gran Océano Pacífico.


Ahora se propone llevar parte de esa experiencia a la antigua capital virreinal y al puerto que conectaba el comercio con la Carrera de la Indias, es decir, la ruta entre Veracruz, la Habana y Sevilla.



Explica el director del museo: contaremos cómo iremos poniendo "a son de mar" nuestros barcos para iniciar el viaje.


Enorhabuena. Lo estaremos esperando acá en el altiplano mexicano.



sábado, 3 de septiembre de 2011

Engranaje comercial

Plata americana, comercio asiático, manufacturas chinas. Todo ello involucra al galeón de Manila, pero cada vez se descubre de manera más nítida el nivel de intercambio entre culturas tan distantes en Europa, Asia y América, en el que operaron muchas fuerzas mercantiles ajenas a la voluntad de la Corona española. La peculiaridad de ese fenómeno globalizador que cabe resaltar aquí es la importancia adquirida por Nueva España, por su situación geográfica "a caballo entre dos mundos", que la proyectó, después de haber sido encontrada la ruta del tornaviaje por Urdaneta, en un puente entre dos continentes: Europa y Asia.

¨Por la ciudad de México pasaron todas las mercaderías que desde las islas Filipinas hacían llegar los comerciantes españoles a Europa, señala Gustavo Curiel. Por consecuencia, en los mercados, las tiendas y las ferias del virreinato, era posible adquirir objetos suntuarios procedentes de todo el orbe conocido. Las lujosas mercaderías, que eran enviadas al virreinato, hicieron que los comerciantes, que manejaron esta clase de objetos, se enriquecieran rápidamente. En este momento surgen tiendas especializadas como las de géneros de Castilla, China y de la Tierra¨.
¨Mucho se ha comentado de la multitud de ricos objetos que llegaban al virreinato en el galeón de Manila. Con el objeto de imaginar la variedad de piezas suntuarias que cada año arribaban a las costas de Acapulco, para luego ser transportadas a lomo de mula hasta la ciudad de México para su venta, se enumera a continuación algunas de estas lujosas mercancías. Conviene recordar que estos objetos fueron comprados en el Parián de Manila, y otros sitios del lejano Oriente, con la plata que dio fama y poderío a la Nueva España¨. 

He aquí una lista elaborada por el connotado investigador Gustavo Curiel sobre mercancias transportadas en las naos que venían de Filipinas:

arrimadores de estrado
abanicos
alcatifas o alfombras
bandejas de maque
biombos de laca dorada
atriles de maque
cajas de narra
escribanías de nogal
escritorios de narra
embutidos de marfil
escudillas de porcelana acubiletadas
flamenquillas
platones
frasqueras
juguetes de loza y vidrio
medias de seda
platos de porcelana
pliegos de papel pintado
vasos de unicornio
pulseras de perlas netas
aderezos de granates
tumbangas de metal
rodaestrados de maque y durados
sillas de mano de maque
sillas de madera
sartas de granates
tabernáculos

Veremos más tarde otras interpretaciones que nos hablan de un cargamento de los galeones más simple, destinado al consumo no suntuario, algodones, especias, ropa de todo tipo, cuerdas, láminas de metal. Sin embargo, lo que resalta a los ojos del investigador de la estética novohispana es la presencia de productos de delicada manufactura que perduraron en manos de familias acomodadas y que ahora podemos apreciar en los museos en América.
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Gustavo Curiel, Tránsito de obras suntuarias a la Nueva España reflexiones sobre el comercio artístico transmarítimo, en España y Nueva España: sus acciones transmarítimas. Universidad Iberoamericana, México, 1991, pp. 144-145

domingo, 28 de agosto de 2011

Diáspora y plata

El comercio entre pueblos de origen diverso se pierde en la prehistoria y es tarea de arqueólogos reconstruirlo. El impulso más notable es el intercambio fronterizo, que sustituye el conflicto, aunque en ocasiones lo genera (griegos, persas, árabes, indios, aztecas, incas). Pero en el siglo XVI estaba claramente delineada la práctica de comerciantes que se desplazaban hacia territorios ajenos y desde ahí ejercían el comercio transcultural, como los árabes en la India, cuyos asentamientos y redes comerciales fueron empleadas por los portugueses. Philip D. Curtin otorga particular relevancia a este tipo de comercio trashumante y lo define como diáspora comercial.

En este tipo de comercio, los encargados del intercambio se desplazan físicamente a países ajenos, generalmente a las urbes más importantes, aprenden el idioma local, las costumbres y las reglas comerciales imperantes. Sirven entonces como transferencias culturales (cross-cultural brokers), promoviendo el intercambio entre su propia cultura y la del país que los recibe. Pronto, estos comerciantes se distinguirán de aquellos que van y vienen desde su país de origen y en cambio prefieren establecerse permanentemente en el nuevo territorio, usualmente dominando redes de puestos comerciales.  Se cumple así el sentido de la etimología griega del término diáspora: la semilla que se esparce al viento para ser sembrada.


Dinámicas mercantiles de las comunidades de la diáspora china.

El concepto de diáspora es el más cercano a la realidad que operaba en los mares de China, desde la frontera norte con los estados vecinos de Corea y Japón, como en el sur, con los estados tributarios de Vietnam, Laos, Camboya y Siam. Grandes movimientos comerciales chinos en toda la región, unos ilegales, con prácticas de piratas, compartían el intercambio con un sinúmero de agentes de todos los origenes. En ese contexto, la presencia de europeos vino a complicar aún más el entramado de aquella región.

El elemento que daría fluídez al comercio fue la plata y la voracidad que China tenía por ese metal.  Manel Ollé explica este fenómeno histórico de la siguiente manera:

Durante la primera mitad del siglo XIV, el precoz sistema del papel moneda introducido en el imperio chino desde siglo XI y consolidado por la dinastía mongol de los Yuan entró en crisis: la opción de usar en exclusiva papel moneda acabó por incentivar la aparición de plata en el mercado negro doméstico y su masiva proyección hacia los ámbitos de Asia interior y marítima, donde la plata era requerida como única moneda viable de intercambio por sus socios comerciales (subrayado mío). Durante las primeras décadas de la nueva dinastía Ming (1368-1644) se intentó reproducir el sistema monetario anterior, pero derivándolo hacia un sistema dual, en el que el papel moneda se reservó a las grandes transacciones y las monedas de cobre a las pequeñas. Sin embargo, a lo largo del siglo XV se produjo un significativo  avance del uso de la plata de procedencia japonesa como sustituto del papel moneda.
La consolidación definitiva de la plata como moneda habitual en todos los ámbitos -menos en el pequeño comercio reservado a las piezas de cobre- se produjo durante las últimas décadas del siglo XVI. La unificación de los diferentes impuestos en el llamado sistema de latigazo único (Yitiao Bianfa), constituido por un único impuesto en plata se generalizó en la década de 1570.
La parcial apertura de algunos puertos de Fujián al comercio exterior incentivó el flujo comercial con los dos ámbitos productores de plata: Japón y  Nueva España, a través de la intermediación portuguesa en el primer caso y a través del Galeón de Manila en el segundo caso. La plata se convirtió así en la moneda de uso en el comercio interior y exterior, en las embajadas tributarias -una de las principales vías de entrada de plata japonesa en China eran las embajadas coreanas- y en la recaudación fiscal y el pago a los funcionarios imperiales.

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Philip D. Curtin. Cross-cultural trade in world history. Trade diasporas and cross-cultural trade. Cambridge Press University, 1984. pp 1-11.
Manel Ollé, Comunidades mercantiles en conflicto en los estrechos de Taiwán (1624-1684), p 278

domingo, 21 de agosto de 2011

Escenario de conflicto

Hemos explorado hasta aquí la profunda interacción de China y Occidente con base en el intercambio de plata, sobre todo de procedencia americana, desde mediados del siglo XVI. La percepción europea sobre la importancia de China fue en aumento y en consecuencia el conflicto de los poderes europeos para controlar el comercio con el imperio oriental. Los primeros en llegar fueron los portugueses, con enclaves como Malaca (ocupada en 1511, en un conveniente punto en la ruta marítima que conduce hacia China) y luego el importante puesto comercial de Macao. Cuando los españoles aparecen en la zona, intentaron establecer puertos de avanzada en la costa de Fujián, uno conocido como El Pinal que tuvo corta vida. A la vuelta del siglo, los holandeses comenzaron a incursionar en la zona, con una actitud mucho más belicosa y eso motivó un virtual estado de guerra entre los europeos que mantenían el intercambio con China.

Por su parte, muchos españoles avecindados en la región alimentaban el sueño de invadir China. El historiador catalán Manel Ollé cuenta la historia de tales intentos de invasión encabezada por varios misioneros anclados en Filipinas en las dos últimas décadas del siglo XVI. Martín de Rada, Juan González de Mendoza y el jesuita Alonso Sánchez diseñaron, prepararon y estuvieron a punto de llevar a cabo una "invasión" española en China, entrando por las costas de Fujián. Sus planes consideraban factible tomar una parte del territorio de los Ming, con el apoyo de mercenarios japoneses.

Tales planes, que hoy se observan como sueños descabellados, enfrentaron dos barreras infranqueables antes de llegar a su culminación: Felipe II tuvo conocimiento de ellos en el momento de la derrota de la "Armada Invencible" en las costas inglesas, lo que a cualquiera le hubiera provocado el desánimo como para iniciar otra batalla en el otro lado del mundo. La segunda razón fue la oposición en el seno de la corriente misionera, principalmente por parte de los jesuitas que ya realizaban labor evangélica en China y quienes desalentaban el uso de métodos militares en el acercamiento con el gigante asiático. Prevaleció la prudencia y no se volvió a hablar de conquista en las décadas siguientes.

Lo interesante de este recuento es la conclusión sobre el equilibrio internacional que se consolidó en la región asiática, en el momento mismo de la instalación de los españoles en Filipinas, por precaria que hubiera sido. Con agudo realismo el historiador Manel Ollé señala:
"Al final resultó que no fueron los españoles de Filipinas quienes conquistaron China, sino fue al revés. Fueron los chinos los que sutilmente conquistaron Manila. Porque Manila acabó pronto convertida en una floreciente y mercantil ciudad China gobernada y liderada por una élite española. Pero en el siglo XVII fue ya una ciudad de 30,000- 35,000 chinos con unos pocos de centenares o miles de españoles, a lo sumo. Es decir, que el sueño de Empresa de China que conquistará el Imperio Celeste, dio paso a la realidad de un Galeón que fue surgiendo en la década de los años 80-90. Fue tomando fuerza y esta dinámica juncos que anualmente acudían a Manila cargados de seda, especias, porcelanas y todo tipo de abastecimientos para el día a día de la supervivencia de la colonia filipina que quedaban alejada de la metrópoli mexicana y con necesidad de cuerdas, de cera y de todo tipo de cosas".

La China marítima de la provincia del Fujian se encontraba comprometida en un proceso de apertura al comercio y diferentes puertos como Malaca, Brunei, Manila o Champa empezaban a recibir barcos. En 1615 la superintendencia de marina de Fujian publicó una lista de 115 productos de índole diversa sujetos a tasación. Es decir, que indicaban qué es lo que entraba por esta canal oficial de procesamiento de la navegación.

Esta lista fue posteriormente publicada en 1617 en el famoso libro de Tang Xie “Dong Xi Hai Gao” que significa “Informe de los mares del Este y del Oeste”. A través de ésta y otras listas es posible conocer las pautas de importación de las últimas décadas del imperio Ming; predominaban los productos relacionados con la farmacopea –cuernos de rinoceronte o de búfalos de agua, nidos de ave, caparazones de tortuga, aloes, aceites de alcanfor, sulfuro...– productos aromáticos, materiales para la decoración y los acabados de construcción, tejidos, pieles de animales, maderas nobles, minerales raros, manjares secos, semillas, granos... En realidad un tipo de comercio antiguo, podemos decir así, pero también dirigido a las élites.

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Manel Ollé, Comunidades mercantiles en conflicto en los estrechos de Taiwán (1624-1684).Universidad Pompeu Fabra

sábado, 13 de agosto de 2011

Arte barroco

Un buen consejo para acercarse al tema del arte es procurar alejarse de lo que podría ser el gusto personal, las preferencias subjetivas por un determinado período cultural. Esta paradoja abre una sana distancia frente a la fascinación que puede producir un texto, una mirada a la arquitectura, una escultura o un cuadro y, por supuesto, al encuentro con la música de un determinado período.

Nos guste o no el arte barroco, éste proporciona claves muy claras de interpretación histórica, política y económica, del período del que se ocupa este blog. A partir de la definición elaborada por el historiador Werner Weisbach, que coloca el arte barroco como un instrumento de la política de la iglesia católica para contrarrestar el desafío de la cultura protestante en Europa, es ampliamente aceptado el sólido vínculo que existió entre la Contrarreforma y las expresiones barrocas del siglo XVII y hasta mediados del XVIII. 

En esta relación es posible distinguir al menos dos elementos: el papel de la Compañía de Jesús como actor central en la estrategia de defensa del Papado frente al embate del protestantismo, y el ingenio utilizado para impulsar las expresiones artísticas dentro de los objetivos religiosos.



Pero,  ¿por qué abordar este tema en un blog sobre la relación transpacífica? Porque el encuentro cultural que involucró de manera integral a Europa con América y Asia tuvo algo más que rasgos barrocos. Ya hemos visto aquí expresiones propias de aquella época, el temor a la muerte por ejemplo en el mar; las aportaciones al lenguaje como resultado de la aparición de nuevos objetos y sujetos; la música como interpretación/traducción entre culturas lejanas. El barroco constituyó el marco cultural del encuentro en aquella primera globalización. Se desplegaron toda suerte de herramientas culturales para ampliar la mirada del mundo, con el propósito de abarcar a todo el planeta.





La Compañía de Jesús definió sus objetivos a través de la defensa del poder terrenal de la iglesia católica y de su papel central en la vida de todo el mundo conocido, Europa, así como en los espacios recién descubiertos en América o en Asia. La centralidad de la iglesia en la vida de Europa implicaba un acercamiento del ritual cristiano, renovado después del Concilio de Trento, para acercar a esa iglesia a la vida cotidiana de sus fieles. Es pues un reconocimiento de la necesidad de renovación.

Lo anterior fue trasladado conscientemente para ofrecer una imagen más elevada y precisa en el sentido artístico, que se tornara atractiva para la población; una pedagogía religiosa. En ese medio representativo destacarían la pintura y la música.


En el sentido contrario, la demanda de arte religioso en América y en Europa incentivó la elaboración de exquisitas piezas por parte de artistas asiáticos, con técnicas y materiales de aquellas latitudes.  
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Weisbach, Werner, El Barroco, arte de la Contrarreforma, Madrid, Espasa-Calpe, 1948.
Foto del blog Vamos al Bable dedicado al Museo Nacional del Virreinato, México.