viernes, 22 de abril de 2011

Burocracia china

Aparte de la agricultura, otro factor histórico crucial que identifica Angus Maddison es el sistema burocrático, y las conclusiones de este autor son mixtas: reconoce méritos en la habilidad para trazar lo que hoy llamaríamos estrategias económicas o políticas públicas eficaces, pero por otra parte indica el abuso constante de las élites burocráticas, que impidió el desarrollo de otros sectores productivos como los propietarios agrícolas o manufactureros.

La burocracia y la aristocracia de la China imperial buscaron en todo momento apropiarse de las rentas nacionales. Sus privilegios jurídicos y consuetudinarios definían su posición, su modo de vida y sus actitudes. Constituyeron el grupo que dominó la vida urbana. Tenían un hondo sentido de la regulación a su favor.
(En razón de ello...) la actividad empresarial era insegura, pues se movía en un marco de exigua protección jurídica para las actividades privadas. Cualquier actividad que prometía ser lucrativa era absorbida por la burocracia. Las grandes obras se realizaban por medio de los monopolios estatales o con licencias públicas.
El dilema del buen emperador

Puede señalarse que el primer estado moderno en el mundo fue sin lugar a duda el de la dinastía Qin en China (221-206 a.c.), sucesora de la dinastía Zhou (1046–256 a.c.) que había desarrollado mecanismos de control a lo largo de 500 años. Asi lo señala el controvertido escritor Francis Fukuyama, en un nuevo libro que traigo a colación aquí por su gran interés en el aspecto histórico de China.


Durante el gobierno Qin se perfeccionaron reglas estrictas para permitir el ascenso burocrático basado en méritos (sobre todo el perfeccionamiento educativo de la burocracia, más que la transmisión hereditaria de los títulos administrativos), Se combinó de manera efectiva el enrolamiento masivo en el ejército con un sistema de premios al liderazgo militar, así como un sistema complejo de impuestos. Con un sistema meritorcrático, de conscripción militar y el perfeccionismo burocrático esa dinastía es recordada mas bien como autoritaria, aunque dejó una herencia importante en el sistema chino.

Sería la dinastía Han (206 a.c. 220 d.c.) la que duraría más tiempo la que conjugó los rasgos administrativos heredados, con un sistema de élites aristocráticas y la legitimación sugerida por el pensamiento confuciano. El estado Han duró más de 400 años, pero según Fukuyama su vulnerabilidad se derivó del fenómeno que el autor llama "el problema del mal emperador", es decir, cuando existe una concentración tal de poder en un grupo o en una persona es enorme el riesgo de que algún emperador falle.

Existe una correlación inversa entre la fortaleza de un poder centralizado y la fuerza de grupos patrimonialistas. El tribalismo, esa tendencia a favorecer a los más cercanos al poder, la riqueza y el estatus, se mantiene como un esquema que reaparece continuamente, algo así como un sistema de resguardo (default) de las organizaciones políticas, aún dentro de los modernos estados.

Lo que deseo dejar asentado en este punto es que la mirada de los europeos perdía de vista la complejidad del mundo chino. Es impresionante, pero en la actualidad seguimos observando a China con recelo y curiosidad, pero con un enorme desconocimiento de su historia y su cultura.

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Francis Fukuyama. The origins of political order. Straus & Giroux, NY, 2011.

jueves, 21 de abril de 2011

Largas tendencias

¿Qué hacia tan poderoso al imperio chino? Un exitoso desarrollo agrícola que compensaba la escasez de tierra con el uso intensivo de trabajo, infraestructura de riego y abonos naturales. China, cabe recordarlo, tiene un gran territorio pero con enormes espacios desérticos o montañosos. El desarrollo agrícola representa un aspecto cultural intrínseco del pueblo chino, que valora cada espacio cultivable. Desde hace miles de años mantiene un cuidado extremo del terreno agrícola, sobre todo si se le compara por ejemplo con las fértiles tierras de Estados Unidos o Argentina.

Seguimos aqui la arumentación de Angus Madison, quien considera que el modelo agrícola chino era distinto a Occidente; tomando en consideración el limitado espacio no se usaron cultivos forrajeros o tierras de pastoreo y el ganado fue más bien de corral (cerdo y aves). El consumo de carne, leche y lana era escaso. El suministro de proteínas era satisfecho por la práctica generalizada de la acuicultura de pequeña escala.

La agricultura operaba en un orden institucional que fue eficiente en su asignación de recursos y fue capaz de responder a la presión demográfica para aumentar la productividad de la tierra. Entre los siglos VIII y XIII se operó un importante cambio en el centro de gravedad de la economía china. En el siglo octavo tres cuartas partes de la población vivían en el norte de China, donde los principales cultivos eran el trigo y el mijo. Al final del siglo XIII tres cuartas partes de la población vivían y producían arroz al sur de rio Yangtsé. Esta había sido un área pantanosa, con poca población, pero con obras de riego y la técnica de maduración temprana de semillas, se creó la oportunidad ideal para el desarrollo masivo del arroz.

La introducción del algodón, con la ventaja de ser más cómodo, lavable y límpio, trajo por su parte un avance sustancial en cuanto al bienestar de la población, pues sustituyó otros textiles y de esta forma mejoraron las condiciones de salud de los trabajadores chinos. La seda estaba destinada a las élites.

De esta forma, una mayor productividad agrícola permitió destinar parte de la población a labores artesanales, como el hilado y el tejido. Entre el siglo XIII y hasta el siglo XVIII, China fue capaz de acomodar a una población que se había cuatriplicado, pero el nivel de ingreso de la población se mantenía satisfactoriamente. Hubo ciertamente crisis, resultado de transiciones políticas, guerras y grandes epidemias (peste bubónica y viruela) que paradójicamente comunicaron a Europa con Asia en el siglo XIV, o con la instauración de la dinastía Qing en 1644.

En este marco de autosuficiencia productiva, las élites chinas vivieron constantemente el dilema de la apertura al mundo. El aislamiento impuesto para evitar que salieran los chinos y entraran los extranjeros dificultó la modernización de China en diversos momentos. Desde la indiferencia ante lo foráneo, fue dificil percibir el riesgo que se avecinaba con la expansión europea desde el siglo XV. En las siguientes entregas hablaremos de ese encuentro histórico.

jueves, 7 de abril de 2011

China comparada

La importancia que ha adquirido China en el orden internacional contemporáneo ha producido un vivo interés en la revisión de su historia y sobre todo se ha fortalecido una tendencia de análisis de largos plazos. El investigador más avanzado en el estudio de amplias tendencias históricas fue el inglés Angus Maddison, quien murió en 2010, después de una prolífica carrera en la que construyó modelos estadísticos para entender la evolución de las economías a lo largo de siglos e incluso de milenios. Es reconocido como una autoridad en la materia, aunque también se expresan críticas sobre la confiabilidad de estimaciones que permiten comparar épocas diversas, en las que no se levantaban estadísticas.

Para Maddison es fundamental esta perspectiva amplia para entender la importancia de China, que históricamente es una entidad excepcional, pues es una unidad política por sobre cualquier otra formación "nacional" del mundo moderno. "Ya en el siglo décimo (China) era la principal economía del mundo en términos de ingreso per capita y este liderazgo duró hasta el siglo XV", señala Maddison.

Superaba a Europa en cuanto a los niveles de tecnología, la intensidad con que utilizaba sus recursos naturales y la capacidad para administrar un enorme imperio territorial. En los siguientes tres siglos (del XVI al XVIII), Europa superó gradualmente a China en cuanto a ingreso real, capacidad tecnológica y científica, de manera que en el XIX y la primera mitad del XX el desempeño de China declinó en un mundo en el que se aceleraba considerablemente el progreso económico.
No debemos olvidar que la disciplina de la economía, a la que llaman ciencia, surgió en Europa y casi siempre las interpretaciones histórico económicas han tenido un sesgo euro-centrista, donde se privilegia el estudio del modelo del capitalismo triunfante de los siglos XIX y XX, y por lo tanto se pierden de vista otras formas socio económicas existentes en otras latitudes. Por comparación, los chinos siempre han estudiado la historia desde un punto de vista sino-centrista y Maddison propone una comparación que permita entender el auge y la declinación de naciones en el largo plazo.

Esta disciplina occidental de la economía toma en consideración la dotación de factores como la tierra, el trabajo y la tecnología, que son los insumos que conducen al cambio y al aumento del ingreso per cápita de la población. Es difícil escapar de ese modelo, pero al observar a la economía china resulta evidente que el fenómeno de la enorme población fue su propio recurso y no siempre el avance tecnológico (la revolución industrial de Occidente) era la palanca, sino la combinación de buena administración pública, organización del trabajo y prácticas agrícolas sustentables. Maddison destaca por ejemplo a la burocracia como un aliciente para el desarrollo agrícola; si, el sector de administradores públicos que controlaban por ejemplo el reparto del agua y por medio de impuestos obtenían un surplus de la tierra.

China desarrolló un sistema de imprenta anterior al occidental que permitía la difusión de manuales ilustrados en los que se plasmaban prácticas agrícolas eficientes. Esa centralización administrativa permitió movilizar a los campesinos a regiones más atractivas y promovió la creación de un sistema de graneros públicos que contuvieran el constante peligro de hambrunas. Fue la burocracia china la que favoreció la innovación en la agricultura y la introducción de sistemas de semillas maduradas antes de plantar, lo que permitía duplicar o triplicar la producción de alimentos. Hubo apertura para la introducción de nuevos cultivos, a lo largo de las diversas dinastías:


Tang introducción del té
Sung algodón
Yuan sorgo
Ming productos procedentes de América,
como el maíz, la papa, el camote, el cacahuate y el tabaco.

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Angus Maddison, Chinese Economic Performance in the Long-Run, OECD, Paris, 1998.

domingo, 3 de abril de 2011

La potencia china

Las líneas de investigación planteadas en las últimas décadas por diversos historiadores de la cultura, el arte y la economía ofrecen la oportunidad de escapar de una visión simple del intercambio a través del Pacìfico, o de limitarse a una enumeración de mercancías y bienes suntuarios que eran acarreados por el galeón de Manila.


El reto es lograr una interpretación integral que no se limite a la parte cuantitativa o estética que ha dominado la visión de muchos historiadores (y conspicuos coleccionistas), sino que ponga de relieve la existencia de un sistema comercial que alcanzó niveles mundiales, y sobre todo que significó un intenso intercambio humano que influyó en el perfil cultural tanto de América como de Europa.


A la luz de nuevas investigaciones sobre el poderío económico de China en los siglos XVI y XVII, es posible mostrar que la inundación de productos chinos en los mercados americanos y europeos también fue una estrategia de Oriente. En las próximas entradas intentaremos establecer que no sólo hubo una ingente demanda de productos asiáticos en Europa y en América, sino que también una oferta asiática que encontró camino y se adecuó a los mercados del otro lado del Pacífico.


Usualmente la historia se cuenta desde la demanda de bienes asiáticos por el lado europeo y americano, utilizando la formidable palanca de la plata americana (Nueva España y Perú), pero poco se habla de la gran capacidad china, japonesa o india de constituirse en una suerte de potencias exportadoras que, bien observadas, supieron aprovechar sus "ventajas comparativas" (mano de obra abundante y barata, capacidad de adaptación tecnológica, y sus adelantos en la producción de porcelana y seda, principalmente) para adaptarse al equilibrio económico mundial a partir del siglo XVI.


Conexiones globales. Debemos partir de un hecho contundente: China es la entidad política más añeja que sobrevive en la actualidad; es una civilización. Es decir, no es un "país" en los términos occidentales. Algo determinante en su historia fue su capacidad de generar poder en su entorno, a través de presiones militares y económicas sobre sus vecinos (y estados vasallos) o también por medio de una influencia cultural y tecnológica basada en el atractivo de su cultura. China tenía posibilidad desde aquella época de inundar con sus productos no sólo Asia, sino el resto del mundo.


Crearon un sistema administrativo complejo y duradero que administró un sistema de poder coherente, capaz de satisfacer sus propias necesidades y de mantener un sistema de comercio global que inundó al mundo de mercancías, con la tecnología de la época. El primer intento de esa conexión global fue la ruta de la seda, que sirvió de experiencia y ejemplo para lo que posteriormente sería un verdadero emporio comercial a través del Océano Pacífico. Seguiremos sobre este tema.