martes, 29 de noviembre de 2011

Tagalos

A partir del arribo de los españoles a las islas filipinas se formularon varias estimaciones generales sobre la población en el archipiélago en la segunda mitad del siglo XVI: una tarea difícil para cualquier colonizador o misionero, aún después de la traumática experiencia de los españoles en América, donde las concentraciones humanas rebasaban las dimensiones conocidas en Europa y al poco tiempo se vivió un desplome de la población indígena derivado de las enfermedades y el maltrato.

En comparación con Nueva España o Perú, en Filipinas la población nativa era relativamente escasa y dispersa en el enorme tapiz de islas, además de las diferencias entre cada uno de los pueblos y sin autoridades centrales. De tal forma, para los españoles el tema demográfico se volvió relevante hasta el inicio del siglo XVII, cuando comenzaron a observar el declive de la población y, como apunta O.D. Corpuz, la preocupación de los encomenderos y misioneros fue una caída de las recaudaciones, en forma de encomiendas y diezmos.

Las primeras estimaciones podían considerar a la población sujeta a la encomienda o la población de las doctrinas o pueblos. El problema para los historiadores es que tales datos sólo consideran a los habitantes sujetos al control español, no a los individuos que también ocupaban el espacio filipino y que resistieron por un largo período, quizás hasta el siglo XVIII.  La tarea de los historiadores contemporáneos es reconstruir una información que es limitada y sesgada. Ciertas estimaciones sobre la población indígena en las islas en los años de la conquista, y aún medio siglo después, deben ser tomadas con pinzas: 

  •  En 1588, el obispo Domingo de Salazar informaba de 586,800 feligreses, que aportaban un total de 14,700 tributos. La intención del obispo era solicitar al rey de España más misioneros para ayudar a la pacificación de las islas, pues deja señalado que existe una parte de los habitantes que aún no han sido convertidos a la religión católica. Corpuz deriva la posibilidad de que la población ascendiera entonces a alrededor de 800,000 personas.

  • Historiadores jesuitas hablaría más tarde de ¨menos de dos millones de habitantes¨. Sin embargo, las crónicas de siglos posteriores trataron de reducir las estimaciones.

  • El censo hecho por los estadunidenses en 1903 alega que aquellas cifras fueron abultadas y que la población no pudo ser en el siglo XVI de más de medio millón de personas.


Tagalos

Valga la nota anterior para introducir más imágenes del Códice Boxer, con sujetos del principal grupo étnico de la isla de Luzón, es decir los tagalos, cuyo nombre significa proveniente del rio.









Islas donde se habla el tagalog



O.D. Corpuz. The roots of the Filipino Nation. Philippine Centennial (1898-1998) Edition. Manila, 1989. Apéndice, p. 515-570.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Bisayas

En el archipiélago filipino, la cantidad y diversidad de pueblos es francamente enorme. Sabemos que la geografía explica la historia, pero el conjunto de más de 7,000 islas que conforman a este país induce sobre todo a la descentralización política, administrativa e incluso religiosa. Es muy difícil la tarea de crear estructuras unificadas, si se toma en cuenta la diversidad geográfica, la densidad poblacional y  variantes notables en fertilidad del suelo y acceso (incluso con pequeñas islas montañosas). 




Ante esta variedad se estableció una distribución territorial específica de las órdenes religiosas en Filipinas, ya que no podían todas estar en todos los lugares. Los primeros en llegar, agustinos y franciscanos, fueron beneficiados con amplio territorio misionero en la zona tagala, en Luzón, la principal isla tanto por superficie como por población.  Los agustinos también obtuvieron además las provincias de Pampanga e Ilocos en tierras fértiles del archipiélago. Los franciscanos se ocuparon también de la provincia de Camarines, donde se habla Bikol o Bicolano.
  
También en Luzón, se instalaron los jesuitas, mientras que los dominicos se ocuparon de la comunidad china en las inmediaciones de Manila, así como en Pangasinan y Cagayan.

Más al sur...

... el grupo de las islas Bisayas fue dividido a lo largo de líneas lingüísticas y geográficas entre agustinos y jesuítas. Esta fue la zona de arribo de los españoles, con la capital en Cebú y por cierto tiempo se pensó en que sería el centro de control del archipiélago, pero varias décadas más tarde los europeos se trasladaron a Manila, en la isla de Luzón.

En un principio, se tuvo que echar mano de misioneros preparados en la Nueva España, pero pronto se observó un declive en la calidad del trabajo misionero, señala John Leddy Phelan, por lo que fue necesario reformar la estructura de las misiones a fin de lograr mayor control, sobre todo en espacios remotos, con poca población. Surgía así un problema constante en las islas: el poder de los frailes sobre las comunidades rurales.

Se establecieron cabeceras de región, a las que acudía la población en días de fiesta religiosa, como la Navidad y el Corpus Christi. Se intentó en un principio el método de las reducciones de pueblos, es decir, concentraciones de poblaciones dispersas, pero la geografía -nuevamente- hacia impracticable un sistema que tuvo relativo éxito en América desde el siglo de la conquista.



Las ilustraciones que aquí presentamos nos muestran una población bisaya en contacto con las corrientes comerciales y culturales de la región, profundamente influida por el islam.


La división de clases entre propietarios de la tierra y desposeídos alimentaba la práctica del trabajo servil por deuda, una especie de esclavitud ¨por contrato¨ que podía durar largos períodos. Los españoles continuaron con la costumbre, aunque frecuentemente la criticaban por razones ético-religiosas.


Los españoles quedaron impresionados con la costumbre de la población de Bisayas de tatuarse el cuerpo de manera integral. De inmediato fueron llamados ¨los pintados¨



John Leddy Phelan. The Hispanization of the Philippines. Spanish Aims and Filipino Responses, 1565-1700. The University of Wisconsin Press, Madison, 1959. p. 36.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Zambales

Zambales es una de las seis provincias en que está dividida la isla de Luzon, en Filipinas. De hecho, fue la zona de expansión de los españoles a partir del siglo XVI y hoy es la segunda demarcación política más grande en la isla más importante del archipiélago. Originalmente estaba habitada por población de origen malayo, que compartía costumbres con toda la región del sudeste de Asia, como cazadores, pescadores, recolectores.


Uno de los rasgos comunes de las poblaciones de la región es la combinación de creencias animistas, practicadas durante siglos, que se mantuvieron a pesar de la presencia del islamismo en los siglos XIV y XVI. Es interesante observar que aún en la actualidad, la veneración de espíritus de la naturaleza, conocidos como anitos, sigue estando vigente después de 400 años de presencia de la religión católica.


                                                                                                  

Las ilustraciones que aquí se presentan forman parte del Códice Boxer. 

martes, 15 de noviembre de 2011

Un abanico de pueblos


En marzo de 2009, aludíamos a un famoso documento del siglo XVI filipino-español que adquirió el nombre del historiador inglés Charles R. Boxer (1904-2000), por lo que ahora el libro de folios es conocido como Códice Boxer. Se trata de múltiples notas y 75 valiosas ilustraciones que datan alrededor de 1595. Generalmente atribuido al gobernador español en Filipinas Luis Pérez Dasmariñas, el material puede tratarse en realidad de una encomienda de varios autores y probablemente los dibujos a color hayan sido realizados por un artista de origen chino, como lo denotan la técnica y los detalles.

El manuscrito se encuentra en la biblioteca Lilly, de la Universidad de Indiana, especializada en conservar obras bibliográficas antiguas. Recientemente ha circulado en la red parte del material del Códice Boxer, que revela el excelente estado que guarda el manuscrito y el valor como testimonio de las culturas que conformaban el archipiélago filipino. En las ilustraciones aparecen los diversos pueblos, tagalos, zambales, vizayas y los llamados negritos. 

En beneficio de los lectores, colocaré las imágenes consultadas en internet, que merecen sin duda la atención de quienes se interesan por la rica cultura del sudeste de Asia.  

La portada del libro

Referencia en La Nao Va: http://lanaova.blogspot.com/2009/03/una-rica-variedad-de-pueblos.html

domingo, 13 de noviembre de 2011

Museo en marcha

El comercio entre La Nueva España y Filipinas tuvo una duración de 250 años, con un intercambio anual de dos y tres navíos de1565 hasta 1815.  La revolución de Independencia impidió continuar el contacto con Asia, por lo que España retomó el comercio con Filipinas por la ruta larga de Africa e India.

Para recordar la etapa final de aquel recorrido, el Museo Naval de Acapulco tiene preparada una exposición titulada Navíos de la Independencia, del 23 al 30 de noviembre, que podrá ser apreciada en la Secretaría de Marina, en la ciudad de México.

La anunciada exposición itinerante del Museo Naval de Acapulco se trasladará en diciembre a la biblioteca José María Lafragua, de la Benemérita Universidad Autonoma de Puebla. Marcelo Adano, fundador del museo en Acapulco, informa que será expuesta una réplica a escala del navío Nuestra Señora de los Remedios, que fue realizada con base en los planos originales tomados del Archivo General de la Nación. La construcción de la réplica duró dos años y medio, con la integración de 17 mil piezas y 15 tipos de madera.

En enero, la exposición estará en el Museo Histórico Naval de Veracruz. 

Marcelo Adano ha dedicado su vida al estudio de la historia de la navegación, las rutas y los navíos, y en esta ocasión ofrece al público tanto las réplicas a escala, como las investigaciones realizadas en torno a esta importante etapa de la historia de México. 

viernes, 11 de noviembre de 2011

Encuentro en el mar

Esta bella ilustración pertenece al Códice Boxer, y muestra un barco español en aguas filipinas en el siglo XVI. Una admirable impresión de color y detalles, poco conocida.