sábado, 24 de marzo de 2012

Una biblioteca en Manila

El gran historiador del barroco novohispano Irving A. Leonard descubrió en el Archivo General de la Nación en la ciudad de México siete delgados folios de color café, posiblemente de papel chino de arroz. Se trata de una lista de libros escrita con la nota: ¨Enero 1583. Documentos sobre asuntos varios enviados por el Comisario de Manila a los Inquisidores de la ciudad de México¨.

¨Parece probable que esta colección haya sido una pequeña biblioteca personal compuesta exclusivamente de ejemplares únicos, hecho que movió al empleado que hizo el apunte a omitir detalles numéricos. A la cabeza de la primera página está el acostumbrado signo de la cruz, bajo la cual se lee este críptico renglón¨ 

Memoria de los libros sigtes q trygo yo trebiña - 1583


Esto ha hecho pensar en algún personaje de apellido Trebiña o quizás Treviño, que llevó a Manila sus lecturas preferidas, casi todas de corte profano, escritos seglares y de ficción, en una época en que la literatura no religiosa era rigurosamente vigilada por la Inquisición. Se trata de 53 volúmenes, de los cuales 23 son títulos de literatura, 11 no de ficción y 19 obras religiosas.

¨Pero más interesantes aun que las estadísticas, son las propias obras. En conjunto, esta selección literaria refleja los gustos del tiempo, y salvo algunas excepciones, indica que el tal Trebiña era un caballero de alto juicio crítico. Figuran en ella cuatro o cinco obras caballerescas, que por cierno no son muy representativas del género: La historia de los nobles cavalleros Oliveros de Castilla yArtus d´Algarbe y la Historia del emperador Carlomagno y de los doce pares de Francia, en prosa: y  Caballero determinado -tal vez la versión de Chevalier deliberé, por Olivier de la Marche, que con tanta frecuencia figura en las listas de aquel tiempo-; el Orlando furioso, de Ludovico Ariosto, traducido por Jerónimo de Urrea -quien también hizo una versión del Chevalier deliberé-, el Caballero de la clara Estrella, compuesto en octavas reales por Andrés de Losa¨.

En opinión de Iriving A. Leonard, la selección es un indicio de que la literatura caballeresca comenzaba a ceder paso a una literatura de evasión, incluso amorosa, moldeada por versos delicados y refinada prosa. La influencia italiana en la literatura española se expresa en Garcilaso de la Vega, de quien se enlistan dos títulos en la lista de Manila.

¨Casi tan aceptables como las precedentes eran para el público las colecciones de apotegmas, anécdotas e historias breves que ofrecen a sus lectores, bajo las tapas de un solo libro, una gran variedad de entretenimiento e instrucción. La lista de Trebiña incluye varias obras de este tipo, entre ellas la más significativa de estas joyas de la literatura castellana del siglo XIV, El Conde Lucanor o libro de Patronio de Don Juan Manuel, cuyos cincuenta interesantes  ¨enxemplos¨ son la fuente de ingenios literarios como Cervantes, Calderón y Sheakespeare. La Floresta española, menos valiosa pero ampliamente divulgada, una compilación semejante de anécdotas y relatos, también se encuentra en la lista de Manila. Y la colección de cuentos, incidentes y diálogos, graciosamente escritos pero un tanto absurdos, de Antonio Torquemada, el Jardín de flores, que conquistó un éxito inmerecido, se envió también a Filipinas en 1583¨.

Poesía

En poesía, la lista de libros de Trebiña revela un gusto más depurado, con la salvedad quizás de lo libros de caballerías versificados. Al trasladar su pequeña biblioteca a los confines de la tierra, seguramente para su propio solaz y esparcimiento, eligió los escritos de algunos de los mejores poetas de su propio siglo y de los anteriores. Al paso que gustaba de las innovaciones de la llamada escuela italiana, seguía apreciando los viejos metros castellanos, a juzgar por el ejemplar de un Romancero, que debe ser alguna colección de antiguas canciones, y sobre todo por las patéticas Coplas de Jorge Manrique a la muerte de mi padre

¿Quién era Trebiña?

El investigador considera difícil identificar al dueño de la colección de libros que lllegó a Manila, pues no se localiza a ningún pasajero con ese nombre o algún habitante de Manila por aquel tiempo. Leonard alude a un librero de apellido Treviña que operaba en la ciudad de México por aquellos años, pero no existe prueba de alguna relación. ¨Ni la cantidad ni la calidad de los volúmenes registrados permite suponer que nos hallemos ante un tratante de libros o un mercader¨. Podría tratarse de un seglar, no de un eclesiástico. Tal vez se trate de un funcionario que viajaba con su familia, pues se incluyen libros para niños. ¨La variedad de contenido que ofrecen los escritos no de ficción parecen revelar a un caballero de cierta instrucción que desea tener a mano lectura para todas sus aficiones¨. En el futuro, quizás se aclare la misteriosa personalidad del tal Trebiña.



La bahía de Manila a fines del siglo XVI, grabado de Theodorus de Bry.

El significado de esta colección

Una visión de conjunto de esta reducida biblioteca transportada a las Filipinas en 1583 deja la impresión de que su propietario trató de reunir un conjunto de libros lo bastante reducido para que fuese posible incluirlo en el equipaje personal que habría de acompañarle en un largo viaje, y suficientemente variado por su carácter como para alimentar las necesidades de su cuerpo, de su inteligencia y de su espíritu durante una residencia prolongada en un remoto lugar apartado de sus corrientes culturales,

Es desde luego cierto que el carácter heterogéneo de muchos de estos escritos y la marcada preferencia por obras de influencia italiana son rasgos típicos del gusto literario de fines del siglo XVI tanto en España como en otras partes del imperio, pero la selección que contiene esta lista de libros de Manila acusa el deliberado propósito de reunir la mayor variedad de géneros literarios en un espacio reducido.

En suma, Leonard señala que ¨por pequeña y poco explícita que sea la lista de libros de Trebiña (...) tiene un enorme valor probatorio de la difusión cultural y de los productos del espíritu creador de España por todos los ámbitos del extenso territorio que formaba el imperio en el siglo XVI¨.

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Irving A. Leonard, Los libros del Conquistador, Lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica, México, Reimpresión, 1996, pp. 191-201. Cap.XV. Una biblioteca particular. Manila, 1583. El título original en inglés: Books of the Brave. Beign an Account of Books and of Men in the Spanish Conquest and Settlement  of the Sixteenth-Century New World, 1949. Es interesante señalar que Leonard vivió en Filipinas en los años veinte del siglo pasado, donde precisamente se aficionó al idioma español e inició su carrera como hispanista. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

jueves, 15 de marzo de 2012

Coloquio


El martes 20 de marzo se llevará a cabo un coloquio en el Colegio de México sobre nuevos enfoques históricos sobre la relación entre Filipinas y Nueva España en la época que navegó el Galeón de Manila en el Pacífico. Es un evento organizado por el Archivo General de la Nación, el Colmex y el Colegio de San Luis.




Es interesante que estarán presentes académicos filipinos, como el Director Ejecutivo de los Archivos Nacionales, Victorino M. Manalo y dos profesores de historia la Universidad de Filipinas en Diliman, Kristyl N. Obispado y Kristoffer R. Espejo. Por la parte mexicana acuden Cristina Barrón, de la Universidad Iberoamericana,  y dos investigadores del Colmex, Bernardo García Martínez y Carlos Marichal.

Los temas son muy variados pero orientados a la reflexión sobre las fuentes documentales que permiten un conocimiento más profundo de la relación existente en los siglos XVII y XVIII en la región del Pacífico, simbolizada por el Galeón de Manila.

viernes, 9 de marzo de 2012

Nuevo libro


Acaba de aparecer el libro Urdaneta Novohispano. La inserción del mundo hispano en Asia, bajo la coordinación de la doctora Cristina E. Barrón Soto,  investigadora de la Universidad Iberoamericana de México. Se trata de una recopilación de ensayos que fueron presentados en el encuentro académico sobre el tema, realizado en el Museo Franz Mayer del 17 al 19 de septiembre de 2008. En aquel momento se realizaron también dos exposiciones sobre la vida de Andrés de Urdaneta, en ese museo de la ciudad de México y en el Fuerte de San Diego, en Acapulco.


Más de uno levantará la ceja cuando lea que el gran marinero Andrés de Urdaneta (1498-1568) es considerado un personaje novohispano. Sin embargo, lo que intenta el libro con notable éxito es aprovechar el 500 aniversario del nacimiento de Urdaneta para enfocar el análisis del establecimiento de la ruta transpacífica entre Nueva España y Filipinas y las consecuencias que tuvo en ambos territorios hispanos de ultramar. Durante mucho tiempo los estudios sobre el dominio español en el Pacífico han sido vistos como una sola voluntad imperial española (supuestamente centralizada, racional y uniforme) perdiendo de vista el sistema complejo que dio vida a todas las partes involucradas.  Aquí se muestra que no siempre el todo es la simple suma de sus partes.

Observar el proceso desde esta perspectiva permitió que los promotores del seminario, Cristina Barrón Soto, Ostwald Sales Colín y Luis González Villanueva, lograran atraer diversas instituciones e investigadores en torno al eje que operó por 250 años entre Nueva España y Filipinas.

Participaron la Universidad Iberoamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, El Colegio Mexiquense, el Instituto de Estudios Superiores de Monterrey, la Universidad de Filipinas, la Universidad Ateneo de Manila, la Universidad de Nagoya, la Universidad de Valencia y la Universidad de las Naciones Unidas.

A finales de marzo se realizará la presentación del libro en el museo Franz Mayer. Enhorabuena.

jueves, 1 de marzo de 2012

Conquista de China



La revista Letras Libres publica en su edición de febrero un interesante artículo del historiador inglés Hugh Thomas acerca de los múltiples intentos de la Corona Española por invadir China en el último cuarto del siglo XVI. Es un ejercicio muy sintético de los acontecimientos suscitados en aquel período, que estuvo marcado por el interés de consolidar el poder global del imperio español y, al mismo tiempo, por la imposibilidad de continuar realizando aventuras expansionistas, debido a la crisis económica que minaba a la Corona.

En este blog hemos venido describiendo la denominada empresa de China, que constituyó por décadas un sueño compartido por burócratas, misioneros, comerciantes y aventureros europeos que residían en Manila. Se plantearon proyectos concretos de invasión del gran reino, con un conocimiento mínimo de las dimensiones de lo que significa China. Por su parte, Hugh Thomas concluye:
La idea de una expedición militar destinada a conquistar China nunca se abandonó explícitamente. Pero tampoco se hizo nada. Como el gran funcionario que era, Felipe II pensaba que la procrastinación y el silencio eran la reacción correcta ante las ideas de los gobernantes filipinos y sus aliados religiosos. Los altos funcionarios no responden las cartas si no saben qué decir.
Así se perdió la gran oportunidad. El cristianismo no se convirtió en la religión dominante de China, como había ocurrido en la Nueva España. Ningún aristócrata español recibió un título con el nombre del Río Amarillo.
Es un asunto que ha sido tratado por múltiples autores y hoy existen enfoques mucho más elaborados, como los de Manel Ollé, que logran observar el proceso geopolítico del encuentro con China desde una perspectiva integral.

EL artículo fue traducido por Daniel Gascón.




Curiosa ilustración de Raúl Arias para la revista Letras Libres


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Manel Ollé, Estrategias filipinas respecto a China: Alonso Sánchez y Domingo Salazar en la empresa de China, Universitat Pompeu Fabra. Tesis doctoral dirigida por Dolors Folch Fornesa, Barcelona, 1998.