lunes, 30 de diciembre de 2013

Hospedería de San Jacinto

Con los mejores deseos para los lectores en el año 2014.

Decenas de jóvenes españoles impulsados por la fe religiosa recorrieron cada año el largo y accidentado camino entre Sevilla y Manila desde finales del siglo XVI y hasta el siglo XIX, cuando concluyó el tránsito directo entre México y Filipinas. Las dificultades del viaje, que podía durar entre ocho meses y en alguna ocasión hasta dos años, fueron un gran reto para varios misioneros que deseaban en principio llegar a las islas de Oriente. Queda pendiente investigar, en clave sicológica y social, el poderoso impulso que animaba a estos hombres; un valor que en la actualidad es difícil incluso imaginar si se compara con el interés pecuniario o de prestigio individual que estimula a las sociedades modernas. Detrás de las biografías de varios de aquellos misioneros, enterradas en archivos, debe estar una veta muy interesante de experiencias humanas y una psique tan particular que aún es necesario analizar. 

En aquel viaje sin retorno a la Nueva España y Filipinas, tras un recorrido en el Atlántico que podía variar de mes y medio, con buen tiempo, hasta seis meses (si se descuentan barcos hundidos o las enfermedades a bordo), se llegaba a Veracruz, y a lomo de mula o a pie se llegaba en cosa de otras semanas a Puebla y a la ciudad de México. 

Ya hemos mencionado aquí el hospicio agustino de Santo Tomás de Villanueva, que alojaba a los misioneros de esa orden y cuyo edificio engalana el costado norte de la Alameda Central. En esta ocasión hablaremos del hospicio de los dominicos, ubicado "en una casa que está extramuros de esta ciudad, en las huertas entre el convento de San Cosme y el pueblo de Tacuba, nombrada San Jacinto de Nuestra Señora de Guía, para que sirva de hospedaje a los religiosos que vienen por su cuenta para las dichas islas".  

La casa con huerta se encontraba a media legua de los confines de la ciudad del siglo XVI, junto a la actual calzada México-Tacuba, frente al Colegio Militar. 



El 29 de septiembre de 1582 llegaron a Veracruz los miembros de la Orden de los Predicadores destinados al Oriente, que en 1587 fundaron la Provincia del Santo Rosario de las Filipinas. "Tras unos días de descanso en Puebla, en donde algunos murieron, los religiosos se distribuyeron por los conventos de la Provincia de México, esperando la primavera del año siguiente para embarcarse en Acapulco". En ese período colaboraron con el trabajo misionero en México y seguramente aprendieron mucho para sus tareas en Filipinas.

Seis años más tarde, en 1598 fue adquirida la  nueva casa de tránsito, con las limosnas del rey y de otras personas caritativas. El padre Procurador Fr. Diego de Soria compró allí una casa y una huerta, para descanso y vida recogida de los frailes que iban a evangelizar China y Filipinas. Tomo aquí el texto de Fray Miguel A Medina, OP, con precisiones sobre el origen de esta casa:

"Las actas de 1621 la denominan: Domus St. Dominici de Mexico. Sin duda se trata de un error, y así parece deducirse de la corrección efectuada por el siguiente Capítulo. Pero el error tendrá como consecuencia la desaparición de la segunda parte: desde entonces será S. Jacinto de México. Esta es la denominación que aparece en los documentos de la Provincia, con la precisión geográfica de "extramuros de México". Algunos documentos se refieren a él con el nombre de San Jacinto de China y en otros, finalmente, se le conoce como San Jacinto de los filipinos, por referencia los frailes que él paraban.
"Los primeros en gozar de las ventajas de la nueva casa fueron los 35 componentes de la expedición conducida por FrayTomás Hernández en 1601."
"Normalmente las expediciones tenían que esperar en San Jacinto desde agosto-septiembre hasta mediados de febrero del año siguiente, fecha en que solía partir el galeón de Manila. El tiempo de estancia variaba, desde dos días como ocurrió a una expedición de 15 religiosos en 1790, a tener que estar esperando año y medio". Sin embargo se dio el caso de 32 religiosos que salieron de Sevilla en 1613 y llegaron a Manila hasta 1615.

La forma de vida

Un personaje fundamental que se hospedó en San Jacinto fue fray Domingo Fernández Navarrete, autor de una de las obras más interesantes y leídas sobre China, Tratados históricos, políticos, éthicos y religiosos de la Monarchia de China, que lo confrontó con los misioneros jesuitas en aquellas latitudes y en el Vaticano. Cuenta el misionero que llegó a México en 1646 junto con otros 27 dominicos y en esa casa "comenzamos luego a vivir conforme al estilo de nuestra Santa Provincia, sin más cama que dos mantas sobre unas tablas; dos horas de oración mental, coro, estudio y lo demás, que nuestro instituto conduce. Domingos y fiestas no faltaba sermón, ni confesores en la iglesia, ni conclusiones cada semana". 

La casa de los predicadores se sostenía con lo producido en las huertas, además de que los gastos de viaje y estancia de los misioneros en tránsito era costeado por las cajas reales. La disciplina religiosa y el ayuno en la solían coincidir con el tiempo de estancia de los viajeros que se hospedaban en San Jacinto.

Al igual que en otras órdenes misioneras, con el correr de los años, la disciplina se relajó y en varias ocasiones fue necesario obligar a los jóvenes que tenían por destino Manila, para que continuaran el viaje desde Acapulco. Mucho de ellos preferían quedarse en la Nueva España, de clima benigno y en condiciones privilegiadas. 

El fluir de noticias

La llegada de visitantes desde Europa y las cartas y relaciones desde Asia, colocan a este hospicio como un lugar de incesantes noticias sobre lo que acontecía en el mundo. Seguramente ahí fue discutido el tema de los métodos misioneros que seguían los jesuitas en China y Japón; los martirios a que fueron sometidos misioneros en aquellas lejanas tierras y otros tantos relatos de un mundo apenas conocido por los occidentales en esa época. De algún modo, la casa de San Jacinto a las afueras de la Ciudad de México se convertía en un espacio cosmopolita de su tiempo.

En Filipinas

Los dominicos llegaron al puerto de Cavite el 21 de julio de 1587. Cinco de ellos permanecieron en una casa que fue denominada Convento de Santo Domingo. Cuatro más se destinaron a Bataan y otros seis a Pangasinan. Esa orden se hizo cargo de Baybay, Binondo y el Parián, donde vivían los comerciantes chinos, la provincia de Pangasinan, algunos pueblos del norte de Tarlac, el valle de Cagayan, las actuales provincias de Cagayan, Isabela, y Nueva Viscaya, incluyendo las laderas de la Cordillera Central y el oeste de la Sierra Madre, las islas Babuyan y las de Batanes, con interrupciones.

Una de las tareas misioneras más importante desarrolladas por los dominicos fue la fundación de la Universidad de Santo Tomás, probablemente la más antigua de Asia. El primer obispo de Filipinas, Fray Domingo de Salazar, perteneció también a esa orden. Un éxito notable fue su dedicación al conocimiento de lenguas y dialectos que existían en el archipiélago filipino, como la primera doctrina cristiana, escrita en tagalog.
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Fr. Miguel A. Medina OP.  San Jacinto de México entre España y Filipinas, en Los Dominicos en el Nuevo Mundo, Siglos XIX-XX. Actas del V Congreso Internacional, Querétaro, Qro (México) 4-8 septiembre 1995. Editorial San Esteban, Salamanca, España, 1997, pp. 107-123.

Pablo Fernandez. History of the Church in the Philippines (1521-1898). Orientalia Dominicana-Philippines No.8, 1979, pp. 23-24.

martes, 17 de diciembre de 2013

Negros esclavos en Cantón

En línea con el tema del tráfico de esclavos por parte de comerciantes europeos en la región asiática en los siglos del comercio (o de la "modernidad", como también se le llama), me encuentro con una historia que me ha dejado impresionado. Forma parte de un libro escrito por el Obispo y Virrey de la Nueva España Juan de Palafox (1600-1659), relativo a la caída de la dinastía Ming (1368-1644). El destacado representante de la Corona en América  cuenta cómo la invasión manchú desde el norte de China en 1644, condujo a la creación de una nueva dinastía denominada Qing (1644-1911). Fue un cambio de régimen relativamente rápido y sin embargo, a lo largo de un lustro en la segunda mitad de los años cuarenta de ese siglo, continuó la resistencia de los súbditos chinos de la etnia Han, principalmente en las provincias del sur, como Fujián y Guandong, cuya capital es Guangzhou.

En español se le da el mismo nombre Cantón, tanto a la provincia como a la capital. 


La resistencia china en aquellas provincias tomó varias formas, incluida la lucha de los terratenientes y algunos guerreros-comerciantes en las costas del Mar del Sur de China, que dieron dolores de cabeza por muchos años a los invasores del norte. Lo sorprendente es que estos guerreros contaban también  en las provincias del sur con la fuerza militar de esclavos negros (Hei Nú, 黑  ).

Transcribo íntegro el pasaje de esta historia:

“También se hallaron en esta ocasión en la ciudad de Quangtung (Cantón) más de seiscientos negros de varias naciones, pero todos ellos Cristianos y esclavos fugitivos de la ciudad de Macan (Macao) de la cual se huyeron a lo interior de la China. Eran estos negros a los principios de esta Guerra más de tres cientos, y sirviose de ellos contra el Tártaro aquel famoso corsario Icoan, que los tenía junto a su persona, fiándose más de ellos, que de sus naturales Chinos. Ellos le sirvieron con valor y fidelidad; hasta que vencido de el Tártaro y muertos muchos de ellos, se asentaron los restantes, que eran ya poco menos de doscientos, en servicio de los vencedores en esta ciudad de Quangtung". 

"Estos negros pues se portaron tan valientemente en esta escaramuza contra los corsarios a vista de el Virrey, y toda su gente los alabó con encarecimiento. Ni se contentó con alabanzas, sino que agradecido a su fidelidad y valor, mandó darles algunos regalos de cosas de carne. Mas ellos anduvieron tan cristianos, y tan píos, que le respondieron estas palabras: Señor sepa Vuestra Excelencia, que nosotros somos católicos Cristianos, y que la santa Iglesia católica manda a sus hijos que no coman carne en la cuaresma que es un espacio de tiempo de cuarenta y seis días cada un año. Ahora es ese tiempo que nosotros llamamos Cuaresma. Así no podemos comer esos regalos que Vuestra Excelencia nos ofrece, aunque lo estimamos, y agradecemos muy de corazón. Vuestra excelencia nos perdone, y nos dé licencia para obedecer a nuestra Iglesia, y nuestra ley tan santa, que no solo tenemos obligación de guardarla, sino de morir por ella, si fuere necesario.

"He puesto este caso, aunque parece menudencia, con mucho gusto; porque los juzgo por digno de alabanza, y de memoria eterna, y por un argumento glorioso de la verdadera fe, que cría unos espíritus y respetos tan generosos en unos sujetos de suyo tan viles, y también por este caso es confusión de las perfidia (s) de los herejes; que pueden aprender religión los que se llaman religionistas, de unos negros, y sobre negros esclavos, y sobre esclavos fugitivos. Come carne el hereje carnal todo el año, y tiene por ceremonia ociosa, y aun por abuso el que en la santa católica se prohibe a sus tiempos. También comen carne todo el año los buitres, y las avestruces, y los cuervos con que consiguen su apetito y se desconocen la razón. Luego el saber los hombres abstenerse a tiempos de lo que apetecen, los diferencia de los animales brutos; y los que siguen sin abstinencia su apetito no se distinguen de los brutos animales.

"Quieren ver cuán cierto es esto la luz de la razón. Pues juzgando los Tártaros, que no tienen otra luz, y aun en esa la tienen ofuscada, con el ser de Bárbaros e Idólatras o Ateístas.

"Quedó el Virrey atónito con esta respuesta, y después de informado bien del misterio de ella, alabó de nuevo a estos negros, y a su fe, y a su obediencia con admiración y publicidad; y lo mismo hicieron todos los Tártaros diciendo: Que merecían aun más alabanzas, por esta respuesta, que por el valor con que habían peleado. Así discurre, aunque sea bárbaro, quien no niega el discurso a la luz de la razón: y es razón bastante para convencer a las piedras, el ver, que el verdadero Dios crió a los hombres con diferente fin que a los brutos animales. De lo cual se colige con evidencia que no es ley del verdadero Dios, ni es ley que lleva al verdadero Dios aquella en que viven los hombres, sin diferencia de los brutos. Por el camino a sy fin. Por medios racionales se consigue el fin racional. Porque es ley sentada en las ciencias; que sean los medios proporcionados a los fines.

"Ni Dios nuestro Señor quiso dejar de pagar de contado esta fineza, y de aprobar esta acción, con un favor milagroso, que hizo a estos negros a vista de los mismos Tártaros que lo notaron, y los aplaudieron todos con Gloria de la verdadera y católica religión. Fue el caso, que cuatro días después de este asalto, volvieron los corsarios a dar un asalto a esta ciudad, y con más furia, y más confianza que la vez pasada. Esta vez saltaron desde luego a tierra y se arrojan a la ciudad: Opusiéronseles los Tártaros con igual fuerza, gobernados de el mismo Virrey de las letras. Peleóse de entrambas partes con pertinacia, desde el amanecer hasta el medio día. Hubo muchas muertes de una parte y otra; porque llovieron todo este tiempo balas y flechas y lanzas, porque iban al aire.

"Halláronse en este encuentro los negros católicos por la parte del Tártaro, conocidos ya por católicos, y mirados como tales, y ellos obligados de las alabanzas y cortesías pasadas. Que hasta los negros se obligan con alabanzas y cortesías. Y deseosos de aumentar su crédito, y el de su santa fe, que tan heróicamente habían profesado delante bárbaros y gentiles, y poderosos y vencedores, se procuraron señalar más este día, arrojándose a los más formidables de los peligros.

"Quedó finalmente la victoria por el Tártaro, y los corsarios se entregaron a la fuga, y se acogieron desordenadamente a sus embarcaciones, quedando en la plaza mucha sangre, y cuerpos muertos de los unos y de los otros. Solos nuestros católicos negros perecieron este día inmortales, y aun invulnerables. Con ser más de doscientos, y haberse hallado en lo más sangriento de los encuentros, y en lo más espeso de las flechas y balas, no murió ninguno de ellos, ni fue herido, ni descalabrado, ni hubo arma ninguna que llegase a ofenderles, con asombro de los Tártaros, y crédito de nuestra santa fe. Reconocieron ellos este favor del cielo; y así desde el mismo lugar de la batalla se fueron todos juntos, sin dejar las armas de las manos, a dar gracias a Dios nuestro Señor en la Iglesia que la compañía de Jesús tiene en esta ciudad de Quangtung. No quiso Dios nuestro Señor dilatar la paga a estos nuevo (s) Cristianos negros, agradeciendo a la fineza de la fe con que le habían servido, teniendo tan pocas obligaciones: Digo tan pocas obligaciones. Porque, aunque la razón de criatura era igual con ellos con todos los demás hombres, y esta razón de criatura en los hombre es tan trascendente, que los hace a todos esclavos de Dios en todas sus formalidades y esos, y otros católicos de Europa, que están más arraigados en la fe de sus abuelos, por tantos siglos, y más llenos de la luz y conocimiento de la fe católica, y más fundados en este conocimiento".

La importación de esclavos africanos en China se remota  varios siglos antes de la aparición de los europeos en la región y corría a cargo principalmente de comerciantes árabes. No deja de causar sorpresa el alto nivel de interacción cultural que prevalecía en la zona y si se quiere de cierto cosmopolitismo de la época.
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Juan de Palafox, Historia de la conquista de la China por el Tártaro, París, 1670. Capítulo  XVI. Profesan heróicamente la fe Católica unos negros esclavos, delante de el Tártaro idólatra.

Chang Hsing-lang. "Importation of negro slaves to China under the Tang Dynasty (a.d. 618-901)", Catholic University of Peking, Bulletin No.7, December, 1930, pp. 37-59.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Esclavismo en Japón

En los siglos XVI y XVII aparecen múltiples noticias que muestran la presencia de esclavos japoneses en la región Asia Pacífico, o como ya mencionamos incluso en la Nueva España. Lo que cabe precisar es que el enfoque de Japón frente a la esclavitud difiere en gran medida de los patrones del trabajo forzado en varios otras culturas de la macro región asiática. La unificación de Japón al finalizar el siglo XVI bajo el dominio Shogún trajo consecuencias notables en la presencia de los japoneses en toda la región. 

Una explicación ampliamente aceptada es que el esclavismo en Japón dejó de ser atractivo económicamente porque importar mano de obra, aún siendo forzada, era poco rentable pues se estaba gestando un proceso de homogeneización interna con intenso intercambio dentro de sus fronteras. El ascenso de una clase laboral libre, dispuesta a trabajar por un salario, ganó terreno en la economía de las islas. El uso del dinero y el auge de las ciudades vio aparejada la movilidad de la mano de obra libre, según explica Yosaburo Takekoshi, aunque reconoce que existen pocos elementos estadísticos para mostrar este proceso.  A partir del ámbito económico, el principio de la libertad del trabajo se habría transferido al terreno cultural, donde el esclavismo se tornó anacrónico ante los ojos de las élites japonesas. En el periodo Sengoku (1467-1615) continuó existiendo la trata de esclavos, pero ya en 1590 esta práctica fue oficialmente prohibida por Toyotomo Hideyoshi aunque no erradicada del todo. Coexistían formas de contratos forzosos y de sumisión junto con los códigos de trabajo más regulares. Más tarde, durante el periodo Edo por ley se decretó el trabajo no libre para familiares de criminales ejecutados, aunque en la práctica no se utilizó ese recurso.





Una visión distinta es la de Thomas Nelson, investigador de la Universidad de Oxford, quien elabora ampliamente sobre la esclavitud en Japón:

"Las fuentes portuguesas y otras occidentales están repletas de registros de la exportación de esclavos japoneses en la segunda mitad del siglo XVI. Algunos ejemplos deben servir para ilustrar este punto. Muy probablemente , los primeros japoneses que pusieron un pie en Europa eran esclavos. Ya en 1555, la Iglesia denunciaba que los comerciantes portugueses estaban tomando jóvenes esclavas japonesas con ellos de vuelta a Portugal y vivían con ellas en pecado. En 1571, el comercio de esclavos se llevaba a cabo a una escala tal que el rey Sebastián de Portugal, se sintió obligado a emitir una orden que lo prohíbe en Japón para que no se obstaculice la actividad misionera católica en Kyushu.

Sin embargo, la desunión política en Japón impidió que la corona portuguesa lograra frenar el tráfico de personas; la disponibilidad de mercancía humana y los beneficios derivados del comercio esclavo (en el exterior) mermaron la efectividad de esa prohibición. En 1603 y 1605, los ciudadanos de Goa protestaron contra la ley, afirmando que la Corona se equivocaba al prohibir el tráfico de esclavos que habían sido adquiridos legalmente. Finalmente, en 1605 Felipe III, en ese entonces rey de España y de Portugal, emitió un documento que era una obra maestra de la ofuscación destinado tanto para apaciguar a sus críticos en Goa que exigían el derecho a tener esclavos japoneses y también para satisfacer a los jesuitas, que insistían en que se prohibiera esa práctica pues afectaba la imagen misionera.

Los peores temores de los jesuitas se confirmaron muy pronto, escribe Thomas Nelson, cuando Hideyoshi, el gran unificador de Japón después de un siglo de guerra civil, llegó a Kyushu. Ahí expresó su disgusto de que muchos de sus compatriotas acostumbraran la venta de esclavos japoneses a los extranjeros, y se interrogó a los jesuitas fuertemente en esta práctica. El 24 de julio 1587, Hideyoshi envió la siguiente carta al Vice - Provincial  jesuita Gaspar Coelho:

"Ha llegado a nuestra atención que portugueses, siameses y camboyanos que vienen a nuestras costas para comerciar,  están comprando muchas personas, toman cautivos a sus reinos, arrancando japoneses lejos de su patria, sus familias, los niños y los amigos. Esto es intolerable. De este modo, el Padre (jesuita) deberá garantizar que todos los japoneses que hasta ahora han sido vendidos en la India y otros lugares distantes vuelvan a Japón. Si esto no es posible, porque están muy lejos, en reinos remotos, por lo menos que los portugueses dejen libres a las personas (japoneses) que hayan comprado recientemente. Voy a dar el dinero necesario para hacer esto. "
Quizás no fue una coincidencia que pocos días después Hideyoshi promulgó su primer decreto de expulsión de misioneros. 

Es evidente la contradicción que se observa entre la intención de las autoridades japonesas para controlar e incluso eliminar la esclavitud en manos japonesas y, por otra parte, la salida de esclavos de las islas que terminaban en diversos lugares de Asia (o incluso en América y en Europa). 

Más que cifras, es posible obtener indicios del tráfico de esclavos japoneses en manos de comerciantes de Portugal. Uno de estos es la molestia generada en China por la ingente presencia de japoneses en Macao, a quienes se les consideraba fuente de inestabilidad y carne de cañón para la piratería en la zona. En 1613, las autoridades china exigieron a los portugueses que no retuvieran más japoneses. El argumento por demás extraño era: "Ustedes como extranjeros ¿para qué quieren japoneses, si pueden usar (esclavos) negros? Nuestra ley establece dar muerte a los japoneses donde se les encuentre. Al tener a esta gente, es como tener tigres que también pueden devorarlos a ustedes". 

La pena por llevar esclavos japoneses a Macao era la decapitación del traficante y del esclavo.
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Thomas Nelson. Slavery in Medieval Japan, Monumenta Nipponica, Sophia University, Vol. 59, No. 4, invierno 2004 , pp 463-492 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Esclavismo holandés

(Al pueblo filipino que sufre a causa del tifón más grande de su historia)


En 1602 fue establecida la Real Compañía de las Indias Orientales, mejor conocida como VOC (Vereenigde Oostindische Compagnie) como un monopolio estatal del comercio de las provincias holandesas unidas en el que participaban abiertamente intereses privados. De hecho, fue la primera entidad que colocó acciones en la Bolsa de Valores. La "estructura interna permitía a los capitalistas invertir con la opción de opinar en asuntos de la política de la empresa, aunque dejaba al Estado la decisión final. Por ello la VOC comenzó con más ímpetu en el terreno militar que en el comercial. Era menos una empresa comercial que un sindicato de piratas, dispuesto a arrebatar el poder a los portugueses en Asia. Estaba dominado por los intereses de gobierno, pero obtenía sus fondos de los inversionistas, más que de los impuestos" (Curtin, 1984).

Una vez en aguas asiáticas, la VOC descubrió que carecía del poder para hacer un ataque frontal contra los otros poderes europeos. Los portugueses en la región eran pocos, pero tenían una larga experiencia en el trato con la variedad de intereses regionales y era muy difícil desalojar a los ocupantes anteriores. En 1605 ocuparon las islas de Ternate y Tidore, pero fuerzas hispano portuguesas enviadas desde Manila recuperaron la posesión. La encarnizada lucha entre los europeos en la región adquirió tintes grotescos cuando puñados de soldados se acuartelaban por años en remotas fortalezas en las islas del sur, reflejando las pugnas europeas político-religiosas, descritas con lirismo por cronistas de la época, como Bartolomé de Argensola. 

La VOC abandonó la idea de apoderarse por la pura fuerza de la red comercial de los portugueses y comenzó a desarrollar un sistema paralelo de comercio. El puerto de operaciones fue Batavia, hoy Jakarta la capital de Indonesia, en el noroeste de la isla de Java. La posición era tan importante como los puertos portugueses de Goa, Malaca y Macao, con acceso al mar del sur de China y al Oceáno Indico. La empresa estableció contacto directo con las monarquías en China y Japón, donde se confrontó además con españoles y portugueses en reflejo de las fricciones religiosas entre calvinistas y papistas.  A lo largo del siglo XVII fue ocupando con implacable eficiencia el enorme espacio, arrebatando el monopolio a los portugueses en Formosa (la actual isla de Taiwán, entre los años 1624 a 1662), Ceilán (1649 a 1796) y Ciudad del Cabo en Sudáfrica (1652). En 1641 los holandeses tomaron por la fuerza Malaca a los portugueses que habian llegado, también por la fuerza, 130 años antes. Mención aparte requiere el asedio permanente que los holandeses mantuvieron sobre Manila -motivo de una próxima entrada de este blog.


En cuanto al tema del tráfico de seres humanos, los holandeses arremetieron con igual ahínco y ferocidad.  Como el comercio más antiguo del mundo, el tráfico de mano de obra cautiva involucra, a un mismo tiempo, la migración forzada de los pueblos, la dispersión cultural, y el intercambio económico, pero el toque de modernidad iniciado en aquel momento fue el contexto de comercio integrado en un sistema global. Un estudio detallado sobre la esclavitud en Asia en manos de los holandeses fue escrito por Markus Vink en 2003, quien llama la atención sobre el hecho de que este aspecto ha sido largamente ignorado en la historiografía occidental. Si acaso, una excepción a lo que él llama "la historia del silencio" ha sido la documentación de la esclavitud holandesa en la costa Este de Africa (concentrada en el período posterior a 1770) y en la colonia que tuvieron en El Cabo (1652 - 17796/1805).


La administración colonial holandesa en Asia ejerció un sistema de estricto control en el cual aspectos de sumisión laboral semiesclava no era considerada como tal, sino simplemente servidumbre. Indios, chinos, javaneses "coolies" eran empleados, no esclavos, según la moderna definición de la VOC. Al llegar al Océano Índico a finales del siglo XVI, los holandeses se hicieron cargo e interactuaron con los sistemas de esclavitud y dependencia preexistente. Al igual que su predecesor portugués,  el comercio de esclavos del Océano Índico se concentró en las poblaciones urbanas que actuaban como foco de mano de obra cautiva. De acuerdo con el análisis de Vink, los holandeses desarrollaron tres circuitos o subregiones entrelazados y superpuestos: 


  • "Sudáfrica Mayor": Cabo de Buena Esperanza , Madagascar, islas Mauricio y Reunión y las factorías que la abastecían.

  • Asia del Sur: Surat, Malabar, Ceilán, Coromandel y la costa de Bengala y Arakán.

  • Sudeste de Asia: el circuito Malasia-Indonesia, con Malaca desde 1641, la costa oeste de Sumatra, Amboina, Banda y las Molucas.




La expansión hoalndesa y las rutas de productos
Imagen tomada de Maritime Asia

La habilidad holandesa reunió las condiciones de navegación suficientes para articular un sistema propio de comercio en la región, paralelo al portugués: la fundación de plantaciones con cultivos para la exportación y por supuesto el tráfico de seres humanos y armas en la región asiática.

Las cifras, como siempre, son poco claras, sin embargo Vink realiza un estimado del número de esclavos bajo control holandés, tanto para las labores de la VOC como el total comerciado a finales del siglo XVII. Indica que "había alrededor de 4,000 esclavos para la empresa, de un total de 60,000 esclavos. Cada año, con el fin de reponer estas cantidades, se importaban entre 200 y 400 esclavos para la empresa y 3,200 a 5,6000 esclavos en total. Suponiendo una tasa de mortalidad en la ruta media del 20 %, la cifra se eleva a 240 ó 480 esclavos para la empresa y 4,476 ó 7,716 esclavos en total bajo dominio holandés".

Estos esclavos formaban parte del sistema de producción y comercio holandés en la región y no necesariamente eran exportados fuera de Asia y mucho menos hacia territorios bajo control hispano o lusitano. Sin embargo, paradojas de la historia, muchos terminaron en Europa y en el Caribe. Sus herederos, chinos, indios, malayos, forman parte hoy de la comunidad cultural de América Latina.

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Philip D. Curtin, Cross-Cultural Trade in World History,  Cambridge University Press, 1984, pp 152-153.

Bartolomé Leonardo de Argensola ofrece una visión heróica de la presencia española en las islas de la especiería, Conquista de las Molucas, Madrid, 1609.

Markus Vink, "The World´s Oldest Trade": Dutch Slavery and Slave Trade in the Indian Ocean int he Seventeenth Century,  Journal of World History, Vol. 14, No.2, 2003, University of Hawai'i Press.


domingo, 27 de octubre de 2013

Comercio portugués de esclavos

Desde una etapa temprana de la vida de las Filipinas, los portugueses se convirtieron en los principales abastecedores de esclavos en Manila. No se observaba ninguna dificultad en este tipo de comercio, cuando las caravelas lusitanas recorrían las costas de Africa del Este, la península de Arabia, India, y así tomaban rumbo hacia Malaca y Macao, donde tenían el control. Manila se convertía en la última estación de aquel recorrido comercial de marfiles, especias, telas... y seres humanos.


El papel de los portugueses en este tráfico era muy ventajoso, tanto porque habían iniciado mucho antes que cualquier poder europeo en Asia, como porque Manila era un enclave que dependía del abasto de comerciantes chinos, malayos, japoneses y portugueses que llegaban a esa ciudad con la periodicidad del monzón. Al inicio del siglo XVII, la creciente disputa de los portugueses y españoles con los holandeses e ingleses significó un peligro adicional para el tránsito en la región y mayor aislamiento del emporio de Manila. Los portugueses tenían prohibido cruzar el Pacífico hacia la Nueva España, pero aprovechaban al máximo la puerta filipina para beneficio de su comercio. Ahora, como entonces, se tiene gran aprecio por las tallas de marfil de origen indio-filipino, exportados por los portugueses hacia América y Europa.


Una breve revisión de dicho comercio, con base en lo escrito por William Lytle Schurz, puede ilustrar esta relación:
"Una ley española de 1593 prohibía a los españoles ir a Macao, entre otros lugares, y ello después de que Macao fuese obligada a someterse por juramento al Rey de España". Sin embargo, tal comercio continuó intermitentemente y "algunos de los primeros gobernadores -como Santiago de Vera y Gómez Pérez Dasmariñas- habían estimulado todo tráfico entre ambos puertos y de hecho ocurrió que a partir del año 1619 llegaron otra vez a Manila navíos portugueses, con gran regularidad y a lo largo de varias décadas. En 1620 fueron diez los navíos de Macao y seis años más tarde uno de ellos llevó un cargamento de medio millón de pesos. En 1630 José de Navada Alvarado declaró que el valor de lo importado habitualmente desde Macao se aproximaba al millón y medio de dicha moneda.(...) Aparte de la seda, Morga escribió que también venían muebles, finamente dorados, de manufactura china, por supuesto. Fray Gregorio López se refiere a un navío de Macao, cargado con una gran riqueza de ámbar, almizcle, perlas y piedras preciosas y más de trescientos esclavos"


                    El Imperio portugués, imagen tomada del sitio MacroHistory


Esclavos de todo el orbe

El asunto del comercio esclavo es complejo pues desde el principio de la ocupación de Filipinas la Corona Española se hallaba envuelta en un debate propiciado por  los humanistas españoles que venían reflexionado sobre el impacto de la conquista de América en relación con los principios religiosos y morales de la destrucción de las culturas originales del nuevo continente. Las decisiones sobre el tema de la esclavitud en Asia, oscilaban entre la autorización del comercio esclavo no-filipino y, al propio tiempo, la sujeción de trabajo de los indios filipinos, a quienes formalmente no se les denominaba esclavos. En la realidad se permitía la importación de esclavos procedentes de África, India y otras regiones,  pues así se cumplía con las normas establecidas por el sistema legal y se complementaba la fuerza laboral de las islas.

Un estudio reciente de Tatiana Seijas ofrece una mirada sobre las diferencias en el tipo de esclavismo prevaleciente en los siglos XVI y XVII, y procura dar seguimiento a la trata de esclavos procedentes de áreas no africanas, en especial de la India. La investigadora elabora su ensayo en torno al caso de Catarina de San Juan a fin de ilustrar este tráfico de seres humanos.

La dinastía de los Habsburgo, señala Seijas, permitió a los comerciantes portugueses el control del transporte y de las redes de abasto que hicieron posible el comercio esclavo. Los manileños, como se llamaba a los españoles residentes en Filipinas, intentaron con poco éxito restringir la actividad de los comerciantes portugueses, particularmente los de Macao, con la queja principal de que podrían dominar el sistema de comercio de la Nao de China y reorientar los flujos de ese comercio hacia sus propios territorios, más cercanos a Cantón. El objetivo de los españoles consistía en que los comerciantes cantoneses comerciaran directamente con los residentes en Filipinas, eliminando la intermediación portuguesa e incrementando sus ganancia en mercancía destinadas a América.  Sin embargo, explica Seijas, la dependencia de Filipinas de sus importaciones, incluyendo alimentos, garantizaba la permanencia de los portugueses en el comercio intra-regional. 

La investigadora ofrece varios ejemplos de que las actividades comerciales portuguesas continuaron, incluyendo la trata de humanos, bajo la tolerancia de las autoridades filipinas: en 1670, un capitán portugués hizo entrega de un cargamento de esclavos en el puerto de Manila procedente de Bengala, También en 1690, datos de la Compañía Holandesa de Indias Orientales (VOC) señalan que un barco con doscientos esclavos, zarpó de Malaca con destino a Manila.

Como se mencionó en la entrada anterior de este blog, los funcionarios en Manila tenían una preocupación adicional, pues los portugueses eludían pagar las tarifas. La Audiencia de Manila informó a España en 1584 y en 1586 que los comerciantes lusitanos no pagaban impuestos sobre los esclavos traídos de la India y Macao, ni tampoco por los que eran exportados a la Nueva España. La sugerencia era muy práctica, en el sentido de obligarlos a pagar impuestos, pero años después, en 1605, la queja era la misma. Fue hasta 1612 cuando se estableció el pago de almojarifazgo, impuesto al comercio exterior sobre mercancías y esclavos, en siete barcos procedentes de Macao.

"Aquí suelen venir cada año uno o dos navíos de portugueses... Malaca y Macao con mercaderías y esclavos...derechos de tres por ciento de almojarifazgo como lo pagan los sangleyes...el gobernador no quizo que lo pagasen... es cosa a mi parecer justa que lo paguen tanto de la ropa como de los esclavos y así lo mando a pagar y se cobre de un navío que aquí vino en tiempo de Gomes" AGI Filipinas 29-57-382r-404v (1595). AGI Filipinas 34-78-796r-809r (1588), citados por Tatiana Seijas.

Otros componentes del análisis de Seijas es la diferenciación que se hacía entre los esclavos procedentes de Africa, India o el Sudeste de Asia, que para los portugueses era indistinto, más no para los compradores, quienes preferían la mano de obra africana para cierto tipo de trabajo rudo y la del sur y sudeste de Asia para servicio doméstico y artesanal. También toca el tema del comercio de mujeres esclavas para servicios sexuales, como concubinas en algunos casos y como prostitutas en otros. 

El comercio integrado

Una dificultad patente es la carencia de estadísticas del tráfico de esclavos, si bien existen numerosas evidencias de esta realidad que modeló a las sociedades alrededor del planeta. En el caso del comercio en el Atlántico, se estima que alrededor de 4.5 millones de africanos fueron llevados a América. Los portugueses desarrollaron la industria del azúcar en Brasil con esa fuerza de trabajo. Más tarde, el descubrimiento de oro y diamantes a fines del siglo XVII aceleró el tráfico de seres humanos. En contraste, el masivo movimiento esclavista en la región asiática es menos estudiado. Richard B. Allen estima que entre los años 1500 y 1599 los portugueses movieron alrededor de 12,500 y hasta 25,000 esclavos en el espacio del Océano Indico; cifra que se repite en el período 1600-1699.

Los estudios citados tratan de mostrar la dinámica mundial de esta industria esclavista en la edad moderna, que forma parte del proceso de expansión de las potencias europeas en el mundo. Con la irrupción de holandeses, ingleses y franceses en los espacios dominados por Portugal y en parte por España, tal sistema se aceleró y se volvió más sofisticado; inclemente para las poblaciones de Africa, India y el Sudeste de Asia.

Seguiremos el tema en las próximas entradas.
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"Otra característica del portugués era que sus gentes solían permanecer en Manila todo el invierno esperando muchos meses que se aceptasen los precios altos que ellos solicitaban, o enviando sus géneros a Acapulco en el galeón con la mediación fraudulenta de algún agente español. A veces producía sorpresas la prodigalidad de los comerciantes lusitanos, el Padre Díaz (sin indicar fechas), al comentar que son tan corteses y acostumbrados a cumplir con las obligaciones de la nobleza, señala su tren de gastos, que les hace regresar a Macao en la ruina, como ocurrió este año con Joao Tabora, caballero de la Orden de Cristo, que gastó las riquezas que trajo con él, que eran muchas, en galanterías y en fiestas de toros". William Lyte Shcurz, El Galeón de Manila, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1992. pp. 145-146.

Tatiana Seijas. The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580-1640. Itinerario. Volume 32 (March 2008), Issue 1. Published online 11 January 2010.

Richard B. Allen, Satisfying the "Want for Labouring People": European Slave Trading in the Indian Ocean, 1500-1850, Journal of World History, Vol. 21, No.1, 2010, University of Hawai'i Press, 2010. p.64.

sábado, 5 de octubre de 2013

Defensores del esclavismo

La historiografía del Pacífico tiende a olvidar aspectos amargos del intercambio humano a través de ese enorme océano. A excepción de estudios especializados, se conoce poco el tema del tráfico de seres humanos en sus diversos matices, que van de forzados y reclutas, migrantes involuntarios, hasta esclavos en toda la forma.  En cambio es común la descripción de viajeros que por voluntad propia transitaron de un punto a otro en ese inmenso recorrido marítimo y en afortunadas ocasiones dejaron testimonio escrito de su experiencia. Documentos históricos dispersos, en espera de nuevos investigadores, conservan la historia no escrita incluso cuidadosamente oculta de la experiencia esclavista en el Pacífico.

Es importante señalar que en el período inicial de la ruta del Galeón, toda la movilización humana de aquella época se realizó conforme a un sistema integrado bajo los poderes imperiales español y portugués, especialmente en el período en que las coronas estuvieron unificadas entre los años 1580 y 1640.  En ese sistema, paradójicamente, se integraron desde el siglo XVI y hasta el siglo XVIII los otros poderes europeos en disputa por Asia y el Pacífico: la Compañía Holandesa de Indias y tardíamente también los intereses de Inglaterra. Cientos de miles de seres humanos pertenecieron a ese trasiego económico y cultural, en una gran proporción de manera forzada, involuntaria, sometida. Visto de esta manera es posible encontrar un vínculo que relaciona a negros africanos en Filipinas, China o India; malayo-filipinos marineros en las galeras de los galeones; esclavos del sur y sudeste de Asia y hasta de Japón y China en Europa o América. Era un sistema integrado, quizás el primero verdaderamente global.

Antes, como ahora, sigue habiendo poca claridad en la descripción de la variedad de formas de sumisión laboral que prevalecían en diversas culturas en Africa, Oriente Medio, India y el Sudeste de Asia. Los colonizadores utilizaron hábilmente el concepto que para ellos era más adecuado al tomar prisioneros legítimamente como presas de guerra y comerciar con aquellos individuos, hombres, mujeres, niños, que en sus comunidades estaban obligados a trabajar sin retribución, principalmente por deudas y también por otras razones sociales. El tránsito era sencillo para convertirlos en esclavos y transportarlos a cualquier rincón del mundo. Por principio de cuentas, a los ojos de los europeos, eran infieles, no católicos, y por tanto susceptibles de ser prisioneros producto de una guerra justa

Paulatinamente ha emergido un mejor conocimiento de este fenómeno, que formó parte del sistema comercial y de dominio en el planeta. Mucho se sabe de las hornadas de esclavos africanos con rumbo a América, pero aún existe un velo de silencio en cuanto a la migración forzada asiática hacia el nuevo continente. En las próximas entradas de este blog intentaremos mostrar parte de tales investigaciones que permiten ver de manera más clara, primero la confusión existente entre esclavitud organizada, llana y clara, y las formas de manumisión preexistentes en las sociedades asiáticas. En segundo lugar, la sorda lucha que existió en las élites imperiales para contener el abuso sobre los pobladores y tratar de apegarse a valores consagrados en las leyes de la religión, con muy pobres resultados.

Filipinas, punto de llegada y punto de partida

Hemos abordado el tema del esclavismo entre Filipinas y la América hispana desde varios ángulos, comenzando por el abuso del régimen de encomienda. También se han descrito las formas que se usaron para enmascarar la trata de personas y la demanda de esclavos entre las élites hispanoamericanas. Una serie de textos nos ha permitido recordar que también mexicanos de origen humilde sirvieron obligados como soldados o reclutas en tierras asiáticas. El destierro tanto en Filipinas como en América fue el destino final de muchos insurrectos. En suma, viajeros involuntarios. Volvamos al principio.

Desde la fundación de Manila, se debatió la legitimidad de tener esclavos filipinos. Por lo general se argumentaba que la esclavitud que hacían los filipinos de sus propios pueblos era moralmente tan negativa como hubiera sido la esclavitud entre ciudadanos españoles. En 1574 el Rey Felipe II, teniendo conocimiento que “hay muchos indios privados de su libertad y que han sido tiránicamente esclavizados” nombró un ministro para investigar estos casos y restaurar la libertad natural de las víctimas.


Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, Malate, Manila.


En 1582, bajo la guía del primer obispo Domingo de Salazar, dio inicio en la Catedral el Sínodo de Manila, que congregó a 90 religiosos y tomó conocimiento de las opiniones de todos los sectores de la nueva comunidad reunida en la ciudad, incluso de los jefes indígenas. A lo largo de cuatro años abordó temas delicados y de trascendencia para todo el imperio, como la legitimidad del uso de la mano de obra indígena, la recolección de tributos, la legitimidad de la esclavitud, la enseñanza de la religión, la traducción y publicación de doctrinas en otras lenguas distintas al español, y en general el tema que hoy llamamos derechos humanos. El Sínodo concluyó que de “veinte o más formas de esclavismo, ninguna es justificable” aunque el obispo Salazar pensó “que algunos son esclavos legítimos”. A la distancia, ese evento marcó la pauta de lo que era el abuso sobre las poblaciones y aún cuando las prácticas semi-esclavistas o el descarado esclavismo continuaron se atemperó la legitimidad de esta acción.

Todos los europeos dueños de esclavos pensaban que la abolición general de la esclavitud no sólo sería injusta, sino que produciría una disrupción social y económica en la colonia, si no es que una rebelión. La Asamblea General de 1586 propuso una fórmula para reducir gradualmente el número de esclavos y que fuera aprobada por el Rey: todos los niños deben nacer libres (ley de vientres libres), no se harán nuevos esclavos y se debe fijar un precio justo para que los esclavos paguen su libertad si pueden.

En Madrid, una comisión real aprobó el plan, pero el Rey no lo puso en práctica. En cambio, instruyó al gobernador Gomez Pérez Dasmariñas para poner en práctica la vieja ley que negaba el derecho de los españoles a tener esclavos filipinos. Felipe II trató continuamente de proteger a los filipinos de los abusos de los españoles, pero nunca quiso ni en este caso intentó reestructurar a la sociedad filipina.

Múltiples crónicas de los siglos XVI y XVII mencionan la persistencia de la esclavitud entre los filipinos y atestiguan las variaciones de precios de la mercancía. En cierta medida, los españoles se acostumbran a ver a ese mercado de manera natural, que sólo inquietaba un tanto porque cuando los españoles preferían negros para el trabajo pesado, el precio de éstos aumentaba, comparado con el de los indios.

Los esclavos no filipinos, procedentes de diversas regiones africanas, de la India y en general de los dominios portugueses constituían un jugoso comercio que generaba dos tipos de conflicto: el pago de impuestos y la seguridad. Por una parte, la queja de la Audiencia de Manila era que esa importación de esclavos no pagaba impuestos, se cometían muchas ofensas a Dios en los barcos cargueros, y la presencia de un ingente número de esclavos negros amenazaba la seguridad de las islas. En 1605 se reportó la presencia de muchos esclavos que huyen y cometen desmanes. "Que hay muchos negros esclavos traídos por los portugueses que huyen se convierten en borrachos y salteadores" AGI Filipinas 27-51-310r-336v (1605).

Por lo tanto, en la práctica, el esclavismo en Filipinas se mantuvo como una institución legal en la colonia, y su legislación actuó sólo para remediar los excesos. Trató, por ejemplo, de que cada esclavo sólo tuviera un amo. En 1598 la Audiencia dictó que cuando se establezca un estado (negocio) los esclavos no deben ser compartidos sino vendidos y la ganancia dividida, o si uno de ellos retiene un esclavo, esta parte debe pagar a la otra por los derechos de ésta. Pero al año siguiente, en 1599, reconsidera y ordena que los abogados y fiscales deben seguir la costumbre local en cuestión de “esclavizaje, división de herencias, esclavos, matrimonio, dotes y otras cosas”. 

Una nota de Tatiana Seijas señala: "Real Cedula...sobre sacar de la ciudad de Manila a los 400 o 500 negros libres y libertos que en ella había, por los robos que hacían ayudados de los esclavos y desordenes que provocaban. La ciudad pretendía que se les expulsase a 9 leguas y los Jesuitas ofrecieron una isleta que tenían en el río para que se poblasen allí y darles doctrina junto a los chinos. Se considera que esto también puede ser peligroso." AGI Filipinas 330-4 40v-42r (1638).
Volveremos sobre este enorme asunto.
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William Henry Scott. Slavery in the Spanish Philippines. De La Salle University Press. Manila. Segunda Edición. 1994.

Tatiana Seijas. The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580-1640. Itinerario. Volume 32 (March 2008), Issue 1. Published online 11 January 2010.

martes, 1 de octubre de 2013

Biblioteca Digital Mexicana

Un grato encuentro en internet. Así es la presencia de la Biblioteca Digital Mexicana que forma parte de CONACULTA o Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Un repositorio electrónico creado a fines de 2010 en común acuerdo por el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, el Centro de Estudios de Historia de México CEHM-Carso y el mencionado Consejo.

"Hoy en día muchos archivos y bibliotecas están digitalizando sus fondos y abriendo páginas de internet donde muestran una selección" se indica en la presentación de la página. "La novedad de esta iniciativa es que es interinstitucional en su dirección y en su convocatoria", así que el acervo podrá mostrar documentos depositados en diversos archivos y con ello la riqueza documental del país dentro y fuera de él.

La doctora Andrea Martínez Baracs preside este modesto gran proyecto.

La Biblioteca cuenta ya con importantes documentos en línea, como los códices Chavero de Huexotzingo,  Colombino,  Huamantla, Sigüenza. También figura un Catecismo Testeriano (1524), el Códice Totomixtlahuaca (c. 1570) y el libro en náhuatl Huey Tlamahizoltica (1649), documento clave para la historia guadalupana. El códice Techialoyan de Cuajimalpa y la serie de Códices del Marquesado del Valle, ambos reconocidos como Memoria del Mundo por la UNESCO.




Para los lectores interesados en el Pacífico también hay prometedores encuentros:

El testamento de don Rodrigo de Vivero, Gobernador y Capitán General de la Ciudad de Manila y sus Yslas, sin fecha, que forma parte del Patrimonio cultural del Tecnológico de Monterrey.

La Mapoteca Manuel Orozco y Berra aporta dos planos y un mapa de 1780 con las costas occidentales de la Nueva España, California, Japón, Mindanao y Célebes, así como un plano de la Bahía de Manila y otro del puerto de Acapulco.

José María Montes de Oca, Vida de San Felipe de Jesús. Protomártir del Japón y Patrón de su Patria, editado en México en 1801 y que constituye un magnífico ejemplo de la iconografía del siglo XIX que educó a varias generaciones acerca de los acontecimientos en Japón. Una especie de fotonovela que reboza de imaginación.

Felicidades a la doctora Martínez y por supuesto a los lectores por este tipo de nuevas instituciones digitales.


domingo, 29 de septiembre de 2013

Cinco siglos

Continúan las actividades celebratorias del descubrimiento del Mar del Sur, ahora conocido como Océano Pacífico, el 25 de septiembre de 1513, en el estrecho de Panamá. El diario español El País ha venido publicando varios artículos sobre este acontecimiento histórico y puede ser de mucho interés para el público interesado aprovechar las crónicas plasmadas en tales textos.

El sueño del paso a la India, del escritor argentino Daniel Samoilovich es particularmente interesante y colorido. 

Por su parte, Mariano Cuesta Domingo coloca a Núnez de Balboa frente a la Historia, en un texto que parece tratar de recuperar la imagen de quien ha sido tratado con rudeza por los historiadores. Una tarea difícil para quien encarnó las características de casi todos los conquistadores, ambición y rudeza.

El polizón que descubrió la Mar del Sur, escrito por Fernando Pajares describe con bastante detalle la veta aventurera y atrevida de Balboa.


Para concluir el paseo por el Darién, vale la pena dar un paso por la exhibición montada en el Archivo General de Indias en torno a este acontecimiento, y en el que se muestras mapas, documentos originales y piezas artísticas alusivas a la época. La temática y el enfoque coloca a este descubrimiento como el primer paso hacia la globalización.



"Toma de posesión de la Mar del Sur" de Vicente Urrabieta,
propiedad del Museo Naval. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Exposición en el AGI

Dentro de los variados festejos por el V Centenario del descubrimiento del Pacífico, el Archivo General de Indias, en Sevilla, inaugura el día 19 de septiembre una exposición para conmemorar que en 1513 Vasco Núñez de Balboa divisó el Mar del Sur, en el actual territorio de Panamá. Con amplio material gráfico y audiovisual, que incluye documentos y un total de 160 piezas originales de la época, la galería mostrará el proceso de descubrimiento y exploración del Pacífico.



La exposición concluye el 9 de febrero de 2014.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Hallazgos filipinos en internet

Debo hablar ahora acerca del proceloso océano del internet en el que esta Nao navega. Desde la cantidad de contactos y amigos que he encontrado en diversas partes del mundo, hasta los hallazgos de información (y errores) que circulan en la red global. Tengo pensado escribir, algún día, un texto en defensa del uso que hago de Wikipedia como referencia útil, a fin de que los lectores tengan la posibilidad de encontrar más información sobre determinado tema y sigan bogando. En China me encuentro con limites para la navegación y sin embargo creo que es posible llegar algún día a los medios locales en su idioma, quizás con un navío en mandarín... y sigo soñando.

En esas estoy cuando recibo un generoso correo de un lector amigo, Paco Moreno, quien desde Madrid nos comparte la página que contiene la obra La Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón.  Esta es una obra clásica en nueve volúmenes escrita por el marino e historiador Cesáreo Fernández Duro y publicada a finales del siglo XIX, época difícil para España tras la pérdida de sus dominios en casi todo el mundo. La obra abarca prácticamente toda la extensión naval de lo que fue el Imperio Español desde el siglo XVI.




De imprescindible consulta para cualquier interesado en el tema, raro es el artículo o libro relacionado que no incluye referencias al Océano Pacífico y Oriente en particular. Por fortuna, es posible descargar capítulo por capítulo la obra completa desde la página de la Armada Española.

Esta magna obra contiene abundante información sobre el Pacífico, Filipinas y el galeón de Manila. La hemos buscado a través de los nueve libros y a continuación listamos con sus índices los 11 capítulos de varios tomos que nos interesan.

Tomo 2 Capítulo 14. Islas Filipinas 1564-1572 

Tomo 3 Capítulo 04. Islas Filipinas 1573-1589 

Tomo 3 Capítulo 17. En Filipinas 1600-1607 

Tomo 3 Capítulo 24. Oceanía 1609-1616 

Tomo 4 Capítulo 22. Islas Filipinas 1621-1664 

Tomo 5 Capítulo 20. Extremos 1668-1700 

Tomo 6 Capítulo 05. En las Indias 1701-1710 

Tomo 6 Capítulo 12. Ocurrencias en Indias 1718-1728 


Tomo 7 Capítulo 04. Pérdida de Manila 1762

Tomo 9 Capítulo 12. Filipinas 1808-1830 

Desde el otro lado del mundo, estimado Paco, agradezco la gentileza de este préstamo bibliográfico.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Congreso Internacional sobre el Mar del Sur

De la Mar del Sur a la construcción de un nuevo escenario oceánico, es el título del congreso internacional que organiza la universidad de Sevilla, la Escuela de Estudios Hispano-Americanos/CSIC y el Archivo General de Indias, del 23 al 27 de septiembre en Sevilla. 



El congreso tiene como propósito "aunar los esfuerzos de investigadores, estudiosos, instituciones y asociaciones relacionadas con el gran océano para evaluar lo realizado hasta ahora, analizar la documentación custodiada en docenas de archivos de tres continentes y estudiar los aportes españoles en la exploración, poblamiento y desarrollo de las islas y archipiélagos de Oceanía. Sin olvidar los nuevos enfoques metodológicos: las miradas sobre sus culturas autóctonas, la construcción simbólica del espacio y el análisis de las transferencias artísticas, técnicas y comerciales que posibilitaron la primera globalización a la ruta Manila-Sevilla".

 El amplio y ambicioso programa se desarrollará por conducto de 11 mesas temáticas. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Vislumbraron el Pacífico

Con motivo del descubrimiento del Mar del Sur, del 24 al 26 de septiembre se realizará el coloquio Vislumbraron el Pacífico y pusieron a México en el Centro del Mundo, 1513-2013, un esfuerzo coordinado por la Dra. Ma. Cristina E. Barrón Soto, de la Universidad Iberoamericana (UIA), junto con la Biblioteca Digital Mexicana, El Archivo General de la Nación, el Centro de Estudios de Historia de México Carso y la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero de la UIA. 



Los mastines de Núñez de Balboa atacan a indios del Caribe,
según un grabado de Teodoro De Bry.


El evento inicia con la presentación de un documental sobre la Isla de Clipperton, el martes 24 de septiembre.

El 25 de septiembre la Dra. Barrón ofrecerá la Conferencia Migistral que da nombre al coloquio, seguida de nueve ponencias diversas, que se anuncian de la siguiente manera:

  • "Cálculos y mediciones en el Pacífico", por el Dr. José Antonio Cervera, de El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y Africa (CEAA).

  • "Andrés de Urdaneta en la Nueva España (1538-1568)", sustentada por del Dr. Lui Abraham Barandica Martínez de la Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras.

  • "La fortificación del puerto de Acapulco" por el Arq. Manuel Rus.

  • "El Galeón de Manila" por  el Arq. Armando Azua, de la UIA, Departamento de Historia.

  • "Si quieres saber rezar hazte a la mar", Mtra. Teresa Matabuena, UIA, Biblioteca Francisco Xavier Clavigero.

  • "La conquista espiritual agustina en Filipinas", Pbro José Gerardo Herrera Alcalá, Presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica, A.C.

  • "Los primeros asentamientos jesuíticos en Filipinas", Lic. Mónica Acosta, El Colegio de México,  CEAA.

  • "Testimonios auténticos de la religión seráfica en la provincia de Filipinas acerca del martirio de Nagasaki", Dr. Manuel Ramos Medina, Centro de Estudios de Historia de México Carso, Fundación Carlos Slim.

  • "Nagasaki un bastión para la cristiandad: la fundación de la Misericordia de la Asunción, 1583-1618", Lic. Víctor Hernández, El Colegio de México, CEAA.


Enhorabuena.

500 años del descubrimiento del Mar del Sur


En septiembre se celebran los 500 años del "descubrimiento" del Mar del Sur a manos de Vasco Nuñez de Balboa.  El encuentro de los exploradores españoles con el Pacífico se dio en la temible zona del Darién, hirviente e inhóspita, como la segunda etapa de la expansión que irradiaba desde el Caribe, cuyo centro de operaciones era la isla La Española. Venían los conquistadores desde el norte geográfico, por lo que al asentarse en las costas de Uraba, en tierra firme, estaban dirigiéndose hacia el sur. 



Ante la noticia de que al cruzar lo que se advertía como un estrecho de tierra podría encontrar otro mar (y atraído por la promesa de obtener riquezas infinitas) Núñez de Balboa se aseguró de recorrer el camino acompañado de 190 soldados, guías indígenas y una jauría de perros.  Emprendió la marcha el 1 de septiembre de 1513 y el 25 de ese mes atisbó el desconocido mar desde la cima de la cordillera del río Chucunaque. 


Hoy Balboa es el principal puerto del Canal de Panamá, el nombre de la moneda oficial panameña y de la cerveza de ese país, como se describe en un artículo de El País publicado hoy acerca de este trascendente acontecimiento histórico, material y humano. Se abrió la puerta hacia la conquista del imperio del Inca y el control de América en manos españolas, así como la posibilidad de continuar el anhelado camino hacia el otro lado del mundo.

El clima y la población de la costa atlántica en América Central fueron desde un principio barreras para el asentamiento de los españoles. El avance hacia el Pacífico fue la oportunidad de expandir la acción conquistadora hacia otros terrenos templados en el sur, en tierra continental, y mejor abastecidos de minas, tierras cultivables y recursos forestales. 

Como una moneda, la cara que ve al Atlántico fue dejada por décadas y siglos como una frontera a la que llegaban piratas, ingleses y cimarrones africanos. El Pacífico en esas latitudes, la otra cara de la moneda, aprovechaba la dinámica del intercambio entre los dos polos en que se concentró el poder virreinal, la Nueva España y Perú. La historia de esa región está escrita también con dos caras: la de las hazañas guerreras, notables sin duda, de los conquistadores, y la del furioso poder destructivo sobre la población indígena que fue diezmada en pocos lustros, como lo atestiguó tempranamente fray Bartolomé de las Casas.


sábado, 24 de agosto de 2013

Un gobernador de Tlaxcala a Filipinas

En esta ocasión invito a los lectores a conocer un pasaje de la administración española al inicio del siglo XVIII, época de activo movimiento de administradores bajo el dominio Borbónico, que recorrieron Europa, América y Filipinas, casi siempre en un contexto de crisis y de fallida reforma. Este es el caso de un gobernador español que sobrevivió a un motín popular en Tlaxcala, México; participó luego en la Guerra de Sucesión en Europa, y en premio fue enviado a Manila, donde encontró dramática muerte. Personajes como el que nos ocupa, más que virtuosos, son ejemplo de una maquinaria imperial en crisis que mostraba sus fallas estructurales y dificultades políticas a lo ancho del planeta.

El historiador español Florentino Rodao ofrece el siguiente contexto histórico: ¨Para España, la Guerra de Sucesión y la subida de los Borbones al trono hispano supuso una revitalización de la presencia ibérica en Manila, que se puede percibir desde la llegada del primer gobernador producto del nuevo régimen: Fernando Manuel de Bustamante y Bustillo (1717-1719). Los Borbones portaron una nueva mentalidad dentro del Imperio Español que intentaría aprovechar sus posibilidades comerciales; en el caso de las Filipinas se puede percibir con la fundación de la Real Compañía de las Filipinas y con la apertura del puerto de Manila, ambas en 1785".

Es difícil trazar un corte exacto en cualquier proceso histórico, aunque en este caso se advierte la presencia de una nueva mentalidad administrativa de la metrópoli. Más comercio y menos colonización, parecía el lema de la época, sin embargo, las inercias generadas por el control anterior, basado en prebendas hacia los colonizadores y el intento de ocupar físicamente los territorios, parecían prevalecer en todo el sistema imperial. La breve estancia de Bustamante en los diversos puestos ofrece la oportunidad de hacer una revisión de estas contradicciones. En un ensayo escrito por un historiador filipino contemporáneo, Ferdinand C. Llanes, se discute en detalle sobre el significado para Filipinas de la transición en la administración desde la llegada de los Borbones al poder y coloca nuevas interrogantes en la interpretación histórica de este pasaje.




Tlaxcala-Manila-Ayuthaya-Manila

Don Fernando Manuel Bustamante Bustillo y Rueda nació en el valle de Toranzo, Santander, en 1663. Era señor y pariente de las casas solariegas e infanzonas de Bustillo de la Herrán, por lo que gustaba firmar cambiando sus dos primeros apellidos, de ahí que se genere confusión en las fuentes históricas. No hablaremos aquí de su infancia, pero podemos decir que a los 27 años se le encuentra ya en un cargo de importancia en América.

Llegó a México el 10 de octubre de 1690 como Gentilhombre del Virrey Conde de Galve, "que lo nombró Alcalde Mayor de Tlaxcala, dándole al mismo tiempo el grado de Teniente de Capitán General, que antes se concedía a todos los alcaldes de aquella provincia".  Llegó en un momento de turbulencia en el gran reino americano y le tocó vivir la insurrección popular contra las medidas dictadas por el Virrey para controlar el abasto de grano en la ciudad, el famoso Gran Tumulto del 8 de junio de 1692, del que ya hemos hablado en otra ocasión.

Apenas unos días más tarde, el 14 de junio de 1692, y también por la furia popular causada por la carestía de maíz, la pacífica Tlaxcala también se levantó en tropel contra el palacio de gobierno. La respuesta de Bustillo Bustamante fue tratar de dominar con su reducida guardia a la muchedumbre, compuesta esencialmente de población indígena, pero sus asistentes lo disuadieron ante la evidencia de que tenían poca capacidad para resistir a una gran multitud. La historiadora Concepción Pajarón Parody, en un estudio clásico escrito hace medio siglo, cuenta de esta manera aquel momento, basada en las crónicas del Ayuntamiento de Tlaxcala:

"Ordenó a su teniente general, don Amador de Mirafuertes, que guardara las bocacalles de la plaza. Al mismo tiempo manda al Cabildo de la ciudad y a la nobleza de los naturales que traten de apaciguar los ánimos, valiéndose de cuanto medios fuese necesarios. (...) El Ayuntamiento de Tlaxcala escribe al Rey en 13 de julio de aquel mismo año para informarle sobre el suceso y dice que a eso de las tres de la tarde algunos naturales, privados de sus sentidos, prendieron fuego al Palacio, que han habitado en todos los tiempos los gobernadores que han sido de esta provincia y al presente habitaba don Fernando Manuel de Bustamante, como gobernador actual y teniente de Capitán General"
"De nada le valieron los esfuerzos realizados para contenerlos. A una señal que uno de ellos hizo, embistieron con tanta furia y arrojo que atropellaron a los españoles que guarnecían el Palacio y le pegaron fuego durando la lucha unas tres horas. El Alcalde Mayor, entretanto, sólo tenía para defenderse veinte arcabuceros, que actuaron con valentía. Pero como los indios eran tantos, y el fuego crecía velozmente los más abandonaron el palacio para salvarse. Quedó Bustamante con sólo seis hombres, defendiéndose con valentía hasta que viéndose acosados por los indios, y por el fuego, sin más recursos que el del cielo y su valor, resolvió salir por una puerta falsa y acompañado de los seis hombres que le quedaban llegó a la Plaza a pie, armado de rodela y alfanje. El teniente general, con doce hombres, acudió a socorrerlos, logrando con tan poca gente que los indios se retiraran y abandonaran la ciudad"
"Hecha la calma, el primer cuidado de Bustamante fue salvar el Palacio que estaba ardiendo. Sólo se quemó la antesala, otra pieza inmediata al cuarto del Alcalde y el Archivo (...) De la refriega salió Bustamante lastimado en una pierna. Perdió sólo tres de sus hombres mientras los indios tuvieron más de doscientos muertos".
"El desvelo que sentía por sus vasallos se hizo patente en los días que siguieron al motín. Animó a los vecinos asustados por la superioridad numérica del enemigo y los organizó en milicias para contener a los indios que amenazaban con bajar de nuevo a pegar fuego a todas las casas de los españoles" (...) Esta enérgica actitud desanimó a los sublevados y cuando los esperábamos  que volviesen crueles a la venganza vinieron humildes y rendidos a dar obediencia y disculparse unos con otros, ciento veintisiete pueblos que tiene la provincia"
Desde la Ciudad de Veracruz se enviaron fuerzas militares para controlar a la provincia y Bustamante fue llamado a la Ciudad de México para dar cuenta de sus acciones. En un memorial dirigido al Rey intentó explicar que el motín fue causado por los indígenas y propuso que se les aleccionara con la destrucción de dos pueblos, San Bernardo y Santa Cruz, donde habían saqueado los graneros. Afortunadamente no se tomó tan drástica medida. Fue exculpado y repuesto en su cargo donde se mantuvo hasta el fin de su mandato. Cabe señalar que algunos cronistas sospechan que el maíz y trigo tomado por la población pertenecía precisamente al Gobernador.

Regresó a Europa, donde tuvo un papel destacado en la Guerra de Sucesión, lo que le redituó ser nombrado como Gobernador en Filipinas en 1717. Entre tanto obtuvo reconocimientos como miembro de las órdenes religioso-militares, incluyendo la de Santiago. Fue partidario en todo momento de la casa de los Borbones y se tiene noticia de que estuvo en Cadiz "defendiendo la Bahía del ataque de ingleses y holandeses y tomó parte en otras campañas por tierras andaluzas".

Volveremos a ver a este personaje en la lejana Manila (alejada de la península y la corte por supuesto), pero no como un castigo, sino como un reto en su carrera.  Zarpó de Acapulco en el galeón Santo Cristo de Burgos y en los primeros días de julio de 1717 llegó al puerto de Bacón, donde tuvo que dejar a su mujer gravemente enferma pues en la travesía había dado a luz a dos mellizos. Concepción Pajarón comenta: "Difícil debía ser la situación del Archipiélago, pues Bustamante no duda en abandonar a su mujer en aquel estado, marchando por tierra para hacerse cargo del gobierno lo más pronto posible". Pocos días después  ella moriría.

El final de su recorrido

Al inicio del siglo XVIII, la vida en Filipinas había llegado a un estado de conflicto dominado por los diversos sectores que se aprovechaban del comercio del galeón, así como de la explotación de la población indígena. Comerciantes, burócratas llegados desde España y México, religiosos y aventureros medraban con esta situación. Un primer intento de colocar orden en el caos fue el nombramiento de Fernando Manuel de Bustillo Bustamante y Rueda, un representante de las ideas reformadoras en España que enfrentó una serie de problemas "con mejor voluntad que fortuna", como apunta Concepción Pajarón.

En el contexto concreto de los acontecimientos de Filipinas, Bustillo Bustamante heredaba una tremenda serie de conflictos en el que las órdenes religiosas se habían enfrentado con los administradores anteriores y entre ellas mismas. Estancamiento económico, corrupción y una plaga de langostas que había destruido la cosecha de arroz por esos años. Este estado de conflicto se percibía en otras latitudes, como lo pudo atestiguar el propio funcionario durante su etapa en México.

Una de sus primeras acciones fue tratar de recaudar ingresos que no habían sido pagados a las Cajas Reales. Para exigir el pago de impuestos a los funcionarios retuvo el situado, o subvención real en plata que traía consigo en el galeón, lo que generó la primera gran fricción con la clase política de las islas. También intentó resolver la caída del comercio con los países vecinos que abastecían el galeón, especialmente China y los reinos del sudeste de Asia. La presencia de holandeses e ingleses en la región había afectado gravemente al emporio manilense y el contrabando penetraba por todos los poros del comercio local.

En una entrada anterior habíamos hablado brevemente de los primeros intentos del gobierno colonial en Filipinas de acercarse a Siam, la actual Tailandia, para fortalecer el comercio y eventualmente construir galeones. El antecedente inmediato del que hablábamos es precisamente una embajada enviada en 1718 a cargo de su sobrino don Gregorio Alejandro de Bustamante y Bustillo, para fortalecer el comercio con Siam. En febrero de 1719 también autorizó una misión comercial a Tonquín, hoy Vietnam, probablemente en busca de sedas. Salieron también enviados a comerciar con Macao, Cantón y Madrás, así como a Batavia, bajo el dominio holandés.

En el caso de Siam, en papel obtuvo un excelente acuerdo con el Rey que gobernaba en la ciudad de Ayuthaya, con capitulaciones muy provechosas para la Corona española, como la autorización para la construcción  de barcos en suelo siamés, con la posibilidad de comprar y usar madera y hierro local a buenos precios. A excepción del salitre y el marfil, que eran estancos propiedad del Rey, se autorizó a los españoles a comprar libremente toda clase de productos para su venta en Manila o en la Nueva España.

"En compensación, explica Concepción Pajarón, los siameses gozarían de total exención de tributos en Manila. Los barcos y embarcaciones que llevaran salitre, hierro, plomo, arroz y otros artículos, tampoco pagarían derechos de entrada y salida y a los comerciantes se les permitiría llevar sus mercancías a Manila".

En suma, todas estas acciones comerciales, más el intento de hacer que los morosos pagaran sus impuestos fueron motivo de que muchos lo acusaran de utilizar el cargo para beneficio propio, como era usual en los funcionarios que llegaban por poco tiempo a tan lejanas tierras. Pero el asunto que descarriló su gobierno y acabó con su vida fue haber tocado los intereses de la iglesia.

Con el propósito de hacer valer una orden de arresto contra un contador que se había refugiado en la Catedral (ni más ni menos que en posesión de los archivos de gobierno) el Gobernador ordenó violar el principio de santuario que garantiza en recintos religiosos la protección de los perseguidos por la justicia civil. A pesar de que se solicitó la intervención del Arzobispo de Manila Francisco de la Cuesta, no se hizo entrega del contador, de tal modo que Bustamante y Bustillo envió a las fuerzas del orden y detuvo al propio Arzobispo. Ofendidos por la acción de fuerza, Franciscanos, Dominicos y Agustinos salieron de sus conventos y el 11 de octubre de 1719 se reunieron frente a la casa del Gobernador  La respuesta del experimentado militar fue lanzar la artillería contra la multitud, pero con tan malos resultados que el recinto fue ocupado por los manifestantes. No obtuvo respuesta de su propia guardia y blandiendo su sable, el Gobernador se enfrentó a los insurrectos que en poco tiempo dominaron la situación y le dieron muerte. Su hijo murió en el mismo hecho de sangre.





Su periodo de gobierno duró escasos 15 meses pero dejó una huella profunda en el imaginario popular filipino. A su muerte, cada acción realizada por el Gobernador fue utilizada por los perpetradores, especialmente por las órdenes religiosas, para acusarlo de abusos y mal gobierno. Otra versión es que su muerte se debió a una revuelta popular incitada por la escasez de arroz.

Paradojas de la historia, en México estuvo a punto de la muerte por el maíz y en Manila por el arroz.

El Arzobispo de Manila, Francisco de la Cuesta fue liberado de la prisión en donde estaba encerrado y asumió el cargo interino de Gobernador. Con todo, el Rey de España ordenó en julio de 1721 su destitución y fue enviado a Michoacán, México. Fue consagrado en el cargo como Obispo de Michoacán el 18 de abril de 1724, pero murió un mes más tarde, el 30 de mayo, a la edad de 63 años.


El legado económico de Bustamante y Bustillo tampoco fue de largo alcance. Apunta Florentino Rodao que "Las presiones de los mercaderes de Cadiz y de Sevilla limitaron el comercio del Galeón a aquellos productos que no se remitieran después, desde Nueva España, a la península y en enero de 1718 motivaron un decreto real prohibiendo a los galeones cargar seda de la China, elaborada o no. La falta de comercio con China, la imposibilidad del gobierno de pagar las tasas de Macao y Cantón y esa falta temporal de arroz -por la ya mencionada plaga de langostas y por los problemas de distribución- azuzaron la búsqueda de alternativas para que no decayese el comercio exterior".

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Ambeth Ocampo. Murder in 1719.  Inquirer, Manila, 15 octubre 2010.

Concepción Pajarón Parody, El Gobierno en Filipinas de Don Fernando Manuel de Bustamante y Bustillo (1717-1719), Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, 1964.

Florentino Rodao García. Españoles en Siam, 1540-1936: Una aportación al estudio de la presencia hispana en Asia. Biblioteca de Historia. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1997.

Ferdinand C. Llanes. The trade mission to Siam in 1718 in the context of Filipinas-Siam relations and Southeast Asian history. Asian Studies, Volume 35, 1999.