sábado, 19 de abril de 2014

Náufragos

El reverso de la historia del Galeón de Manila puede ser contado también como un listado de naufragios y percances que costaron innumerables vidas y fortunas perdidas en el mar. Los desastres pueden ser atribuídos a las tempestades que azotan al "pacífico", océano que mal fue nombrado de esa manera, pues es especialmente voraz e impredecible, como lo atestiguan quienes cruzaron en barco ese enorme tramo del planeta. 

Otros tantos desastres se debieron a la ambición de los poderes imperiales, que acarreaban tesoros en los navíos hasta correr el riesgo de hundirlos en medio del trayecto; piratas y corsarios hicieron lo propio al atacar las naves que se dirigían a Acapulco, cargados de mercancías, o a Manila, con apetecibles cofres de plata.

San Nicolás de Bari evita un naufragio. Bicci de Lorenzo, 1433.

Para muchos de ellos, comerciantes, sacerdotes, mujeres y niños, la aventura sería la primera y única ocasión en el mar. El viaje era tan arriesgado y largo que la mayoría de las veces no tendría boleto de retorno, sólo de ida para iniciar una nueva vida en Filipinas, el otro lado del mar. En momentos de tempestad, la esperanza de que ocurriera un milagro acompañaba a los viajeros que se embarcaban en aquellas cáscaras de madera por semanas y meses. Los viajeros imploraban para que al menos una isla los recibiera mientras algún otro barco fuera a su rescate.

Un caso más dramático es cuando la voluntad humana, cuando la autoridad de un capitán castigaba a un hombre y lo condenaba a quedarse solo en una isla en medio del océano, como sucedió con Alexander Selkirk (1676-1721) cuya estancia en solitario castigo por cuatro años y cuatro meses en una de las islas denominadas Juan Fernández frente a las costas Chile, dio pie al famoso Robinson Crusoe, escrito por Daniel Defoe.

Un lector amigo, Paco Moreno, quien nos ha proporcionado siempre información interesante, publicó en su blog la historia de Selkrik y la importancia de las islas en aquella parte del sur del océano Pacífico. 



Hoy escribo estas líneas motivado porque un viajero de las letras, Gabriel García Márquez llegó a su puerto final.  El gran escritor narró con maestría la experiencia de un náufrago moderno, que padeció el mismo miedo, hambre y sed que sus antecesores milenarios.

martes, 15 de abril de 2014

Concluye exposición sobre el Pacífico

En el Archivo de Indias, en Sevilla, el 20 de abril será la clausurada la exposición "Pacífico, España y la aventura del Mar del Sur", que desde que fue inaugurada en septiembre pasado recibió a más de 127,500 visitantes. La exposición fue organizada conjuntamente por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Archivo General de Indias y Acción Cultural Española, en conmemoración del V Centenario del avistamiento del océano Pacífico por Vasco Núñez de Balboa.

La muestra estuvo al cuidado de Antonio Fernández Torres y Antonio Sánchez de Mora, utilizando parte del extenso acervo que se conserva en el Archivo General de Indias.


Interesante que la clausura de la exposición contará con un concierto del grupo Arcadiantiqua / Música prima, que interpretará un repertorio de música americana con aportaciones indígenas a partir de manuscritos peruanos, colombianos y mexicanos. La música barroca del período virreinal es parte del patrimonio común de las naciones que iniciaron un contacto estrecho a partir, no sólo de la conquista española, sino también de la historia del océano Pacífico. Falta mucho por investigar acerca de las influencias culturales mutuas que se propagaron hacia el mundo, incluyendo Asia, y la música barroca que se disfrutaba en los largos viajes transpacíficos.

Por cierto, la exposición se trasladará a Bogotá, Colombia.

sábado, 5 de abril de 2014

La gente que vino de Oriente

Aunque el término Oriente puede ser confuso, pues Asia está al occidente de México, es muy común referirse a todo lo que proviene de aquel continente como oriental, personas, objetos y cultura. Otra expresión que durante mucho tiempo causó confusión es el identificar a la gente como china, a pesar de que en su origen provienen de la zona más poblada del planeta, con diversidad de culturas, religiones e idiomas. Ese anacronismo está tan arraigado en México que a muchos les da lo mismo saber si alguien es japonés, indio o malayo "...todos son chinos".  

Pero lo que me interesa es mostrar que en un capítulo con este título el investigador Armando González Quiñones, del INAH de Zacatecas, en su Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común, nos ofrece una serie de ejemplos sobre la presencia asiática en aquel estado de la actual República Mexicana. Cita concretamente el libro de don Eugenio del Hoyo Plateros, Plata y Alhajas de Zacatecas, la presencia en los años 1691-1692 de dos orfebres filipinos; uno de nombre Juan de los Reyes, "filigranero de oro, natural de Manila", y otro Francisco Mañago, "filigranero de oro, de nación Pampanga, natural de las Islas Filipinas". En 1647, "Simón de los Angeles, oficial filigranero, natural de las Islas Filipinas" murió en Sombrerete. Estas noticias permiten suponer que en un lugar tan rico como Zacatecas la producción de joyería, incluyendo accesorios que por ejemplo se adaptaban a la porcelana (chocolateros, viandas, copas), requerían mano de obra experta de Asia, en concreto de Filipinas, que terminó viviendo en México.

En la región del Sudeste de Asia existe una larga tradición en la joyería, que recibió influencias varias, desde la India, Tailandia, Malasia, y que se amoldó a las necesidades y gustos de consumidores principalmente europeos. Filipinas no era la excepción, si bien la producción de oro en las islas siempre fue muy poca. A manera de ejemplo, encuentro en el portal Filipino cultured muestras del siglo XIX de este arte. Dos peinetas, de influencia española pero muy similares a las que se utilizaban en festividades en la Nueva España y en Perú. La montura de una de ellas es carey, tan apreciado en el Sudeste de Asia.




No debería extrañar entonces la presencia de estos maestros artesanos en tierra mineras mexicanas, hace apenas cuatro siglos.

Don Eugenio de Hoyo hace mención también de esclavos radicados probablemente filipinos o malayos, pero no chinos, en Zacatecas en aquel período:


  • "1650. Un chino esclavo  llamado Bernardo, de 30 años"
  • "1656. Un esclavo chino llamado Juan de la Cruz". Quizás refiriéndose al mismo esclavo, en el mismo año se encuentra la noticia: "Juan de la Cruz, chino libre, compra un esclavo mulato llamado Mateo de la Cruz"
  • "1664. Un chino, mi esclavo, llamado Juan, de edad de 30 años, casado con una india"
  • "1696. Isabel, esclava y china".
El libro de Armando González Quiñones cita al historiador Ernesto Lemoine V. quien comenta sobre el auge minero de Zacatecas en el siglo XVI.

Zacatecas siguió en ascenso durante la segunda mitad del siglo XVII, por más que en algunos documentos de la época se trasluzca que el lugar empezaba a venir a menos. En efecto, el virrey Duque de Escalona escribió al monarca en 3 de julio de 1640, acerca de la decadencia del mineral por falta de indios para que lo trabajasen, ante lo cual propone "Que convenía a poner remedio en ello, y disponer que aquel Real de Minas, le den indios de repartimiento, como los hay en el Perú, o que se mandasen traer de China negros (sic) en las naos que de allí vienen cada año, que cuestan allá baratos".

El historiador comenta que "desde luego, la medida, inhumana como tantas de su tiempo, no se aplicó, y Zacatecas pudo pasarse sin la mano de obra de los orientales que costaban tan barato.

Regresando al tema de las mercaderías. el libro de González Quiñones ofrece dos noticias: en 1580 el presbítero sevillano Luis Ponce de Esquivel, uno de los primeros pobladores de Zacatecas, dejó al morir catorce platos de China, cuatro escudillas de China, que "rematáronse en Gonzalo Sánchez, a tres reales y cuartillo cada pieza, 8 pesos, 1 tomín". 

El gusto por esos bienes de origen asiático, no necesariamente chino, siguió creciendo y a principios del siglo XVII, el obispo andariego, Don Alonso de la Mota y Escobar, describe de esta manera el comercio de productos asiáticos, observado durante su visita pastoral a la entonces extensa Diócesis de la Nueva Galicia, de la ciudad de Zacatecas:

Entre los vecinos nobles, pocos hay ricos y ésos son mineros, pero entre la gente intermedia muchos hay ricos de veinte, treinta y cuarenta mil pesos, y de cien mil habrá tres o cuatro, y todos éstos son mercaderes de tienda pública; pero ninguno de ellos lo es de España, que acá llaman, porque no emplean allá sino en México, de donde traen todo tipo de genero de ropa de Castilla, paños, lienzos, sedas vino, aceite, hierro, especias, y con esto traen también ropa y sedas de esta tierra, y de la que se trae de China, lo cual se trajina y trae a esta ciudad en carros y carretas; habrá en ella al pie de cincuenta tiendas de mercaderías que traen caudal de dos mil a treinta mil pesos; quiero decir que comenzando la ínfima por dos mil pesos van subiendo  por sus números sucesivos hasta llegar a treinta mil pesos, los mercaderes de menor valor y caudal venden por sus personas en sus tiendas y los más ricos tienen mozos y criados españoles.
Tienen estos mercaderes dos corredores de lonja* que sirven de lo que suena su oficio; además de esto hay otras tiendas donde se venden cosas menudas de jarcias y baratijas, todo cosa de poco precio y menos caudal.

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* Lonja, comercio por subasta.

Armando González Quiñones, Zacatecas y Filipinas, Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común, Edición del autor, México, 2002.