jueves, 19 de enero de 2017

Macao y Hong Kong

Para iniciar el año, deseo compartir con los lectores un viaje que hice al sur de China, esta vez a las ciudades de Hong Kong y Macao. Ambos puertos son considerados como regiones administrativas especiales, después de que por siglos fueron ocupados por poderes extranjeros y fueron devueltos a China hace casi dos décadas. Lo que más destaca de ambos puertos es la riqueza cultural que han acumulado a lo largo de siglos y la variedad y bullicio de su gente. 

La fundación de Macao no tiene una fecha exacta, pues se trató de una estación de comercio en las puertas de China, en la provincia de Guangzhou, alrededor de 1557, pero probablemente antes de esa fecha. Los portugueses habían intentado en varias ocasiones establecer contacto diplomático y comercio con China desde el inicio del siglo XVI, pero sus esfuerzos encontraron una barrera impenetrable, ya que la dinastía Ming mantenía la idea de que el comercio con extranjeros acarreaba peligros para la unidad de China. La primera embajada portuguesa, encabezada por Tomé Pires en 1515, sufrió un tremendo fracaso y sus integrantes terminaron con sus huesos en cárceles chinas.  Cuatro décadas más tarde, con nuevas condiciones en China y más habilidad diplomática por parte de los portugueses, se logró establecer este puesto comercial, que técnicamente estaba fuera de China, para ofrecer tranquilidad a los mandarines. Ver entrada de este blog El comercio de China

Macao es la primera ciudad fundada por europeos en Asia, aunque los lusitanos habían ocupado antes otras urbes ya habitadas, como Malacca en 1511, pero esta vez se trataba de un espacio libre que ocupaban los comerciantes europeos. Siempre bajo la severa vigilancia de las autoridades regionales chinas, Macao creció gracias a un pujante comercio y a una excepcional situación: se convirtió en intermediaria entre China y Japón, que en el siglo XVI tenían también mutuamente cerradas sus puertas. Es interesante ver que el comercio de seda china a cambio de plata japonesa era controlado por los comerciante portugueses y un activo interés de los jesuítas, que también invertían en el comercio pero esperaban recaudar feligreses en Japón (1). Durante mucho tiempo, la relación de Macao y Manila, fundada en 1571, fue alternativamente de tensión y de cooperación. Ese es todo un tema que intentaré desarrollar en otra entrada de este blog.

Macao está compuesto de tres pequeñas islas, Macao, Taipa y Coloane, ahora unidas por puentes. Macao tenía originalmente la característica de contar con dos puertos, uno al este, abierto al comercio foráneo, y otro al oeste, que mira hacia la costa China. De esta forma, la pequeña isla se dividía en dos asentamientos, uno europeo y otro con la población china que llevaba los productos a tierra firme. La ciudad conserva varios elementos de la arquitectura barroca portuguesa, iglesias, plazas, el Senado, la Casa de la Misericordia, que son signos del poder europeo y de la forma de vida de esa peculiar población. A lo largo de los siglos, la maleabilidad de los habitantes de Macao ha permitido mantener el espíritu abierto de ese puerto. Al cabo de muchas décadas contó con un fuerte en la parte más alta, negociado con las autoridades locales para proteger a China contra los ataques de piratas. Bajo ese espíritu de permanente negociación, los idiomas chino-cantonés y el portugués dan nombre a las calles y a las comidas. 

El ícono de la ciudad es la fachada de la iglesia de San Pablo, construida a mediados del XVII, pero el templo se derrumbó en 1835 tras de un incendio.

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Si pudiera aconsejar a los amigos una visita a Macao, traten de ver por abajo de las apriencias. Más allá de los horribles casinos, está la ciudad y sus interesantes templos chinos, la fortaleza, las callejuelas y las comidas portuguesas y chinas.  Para un refigerio, un pan crujiente con una fina chuleta de cerdo y chile, es lo más recomendable y barato. De postre, unas Natas de Belem, justo como en Lisboa.



La siguiente entrada de este blog estará dedicada a Hong Kong.
 Un diablo-dragón en la fachada de la catedral
 Otro diablo-tragón
 No podía falta una Nau o Nao que muestra el contacto inicial de esta ciudad
 En la inconografía religiosa macanense, las naos de plata
Hermosa virgen de marfil
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Charles R. Boxer, The Christian Century in Japan, 1549-1650. Manchester: Carcanet, 1993.


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