miércoles, 15 de marzo de 2017

Un prisionero de las Molucas en México

En el tema de la migración forzada, un capítulo especial corresponde a los prisioneros de la Inquisición que fueron transladados de Manila a México.  Es una veta de investigación importante para conocer los vínculos políticos y culturales que unieron a los dos extremos de la ruta del Galeón, y falta todavía mucho para descubrir detalles y tendencias de ese tribunal. No menciono aqui la parte religiosa porque en los hechos la Inquisición fue sobre todo un brazo político y económico de control social.

El 'Santo Oficio' en las islas Filipinas era una dependencia del tribunal radicado en la Ciudad de México, instituido por Felipe II el 16 de agosto de 1570. El nombramiento formal de un comisario de la Inquisición fue en 1575,  tarea que recayó en el fraile agustino Francisco Manrique. La fecha es incierta, explica el historiador José Toribio Medina, por la carencia de documentos, pero es en 1581 cuando se da noticia de las actividades de Fr. Manrique. No nos detendremos ahora en describir el conflicto que se produjo con el obispo Domingo de Salazar, quien se opuso a la acción de Fr. Manrique en las islas.

Los casos revisados por la Inquisición correspondían únicamente a los infractores católicos y no a la población original. Este principio era el mismo utilizado en América para proteger a los pueblos originarios. En suma, el espacio de acción se limitaba a vigilar transgresiones de los pocos peninsulares y criollos que vivían en la islas. Los delitos que se castigaban tenían que ver con actos contra la religión y contra la moral (amancebamiento, bigamia, homosexualidad), pero sobre todo la Inquisición en Filipinas estaba siempre alerta contra la herejía en un espacio tan cercano al mundo islámico en el sudeste de Asia. No olvidemos que en su origen Manila era un sultanato musulmán.





Ryan Crewe publicó en la revista Itinerario un ensayo histórico realmente novedoso. Describe la vida de Alexo de Castro acusado por su círculo familiar en Manila como hereje musulmán; fue trasladado a México en 1645 para ser juzgado por la Inquisición. Pasaron muchos años de encarcelamiento e proceso inquisitorial. Este es un caso, entre varios, de personas que fueron forzadas a viajar a otro extremo del mundo en una globalización que determinó su vida.



El prisionero fue acusado por su  esposa, su hija y una sirvienta de cometer abusos contra ellas e incluso violación.

La acusación era considerada grave, pero lo que llamó la atención de los inquisidores era más bien el origen de Alexo de Castro, nacido en las islas Molucas y fácilmente sospechoso de practicar la religión musulmana. El proceso que duró varios años se decantó por este camino.

Alexo de Castro era descendiente por la vía materna de nobles de la isla de Bacan, en el sur del archipiélago. Su madre tomó el nombre de Felipa Deça, convertida al catolicismo, y era la hermana del rey de Bacan. Alexo también declaró que tenía vínculos familiares con el rey de Ternate.

Una complicación más es que la región pertenecía en aquella época a los portugueses, con quienes las familias del lugar hicieron acuerdos para convertirse al catolicismo. El abuelo materno de Alexo, el Sultán Siro se convertiría así en Dom Joāo, rey de Bacan. El padre de Alexo era Juan de Castro, hijo de un soldado español avecindado en las islas, que estaban en jurisdicción portuguesa. En suma, los padres de Alexo de Castro eran: una princesa malaya (?) convertida al catolicismo y casada con el hijo de un español identifcado como portugués.

Alexo de Castro se trasladó a Manila en 1617, con su mujer Ynés de Lima.  Sirvió como soldado en  el fuerte Santiago en las murallas de la ciudad. La pareja vivía en el barrio de San Antón, cercano al barrio del Parián, donde vivían los chinos, y al barrio de Dilao, habitado por japoneses católicos. De acuerdo con los registros de la Inquisición citados por Crewe, Ynes de Lima era de origen Bengalí, en la India y también con sangre portuguesa. Ambos hablaban los idiomas español y portugués. Tuvieron una hija, a la que dieron por nombre Felipa de Lima, quien casó con un soldado de la Ciudad de México, pero quedó viuda. Posteriormente se casó con otro soldado, éste era de Sevilla.

Ynés de Lima tenía una sirvienta de origen criollo, que en este contexto significa haber nacido en Manila, por lo tanto filipina, pero con influencia española. No se informa si peninsular o de la Nueva España. Se le identifica como negra, pero el término es impreciso.

Alexo de Castro fue acusado por las mujeres de su casa por su temperamento violento, de constante abuso y de violación a todas ellas. Pedían la intervención de las autoridades religiosas para alejarlo de ellas e interpusieron una primera denuncia en 1623, pero no sucedió nada. Veinte años después, las mujeres volvieron a acusarlo ante el párroco de Santo Domingo en Binondo, pero dijeron  que el pater-familia practicaba el ritual moro, o islámico. Esta vez, la denuncia sí tomó forma. La acusación es que Alexo de Castro rezaba en secreto los viernes dirigiendo la miradas a varias direcciones. Los inquisidores identificaron la acción como la ceremonia  musulmana Çala o Salat. 

Como las mujeres no podía hacer la denuncia directamente, por ser consideradas menores, tuvieron que pedir a Germán Espinosa, el soldado español yerno de Ynés para ofrecer testimonio. Para dar mayor veracidad a su acusación, declararon que Alexo era de Ternate, no de Bacán, es decir, de una región que seguía siendo dominantemente musulmana.

El comisario de la Inquisición que tomó el caso fue el fraile Domingo González, dominico. En su opinión, las denuncias de las mujeres no eran de fiar, pero sí la del soldado español y sobre todo en el tema de la herejía, no el de la violencia familiar. De esta forma, el caso quedó establecido como el de un hereje musulmán. Alexo fue enviado a México en 1645 en el galeón de Manila para seguir proceso en la capital de la Nueva España.

El prisionero entró en la carcel de la Inquisición, que era uno de los lugares más cosmopolitas de la Ciudad de México, poblada de extranjeros sospechosos de herejía. Entre otro, había ingleses protestantes, portugueses de origen judío y un irlandés. En el período en que estuvo prisionero aprendió el complejo arte de la política internacional y construyó su defensa cuidadosamente, alegando que a pesar de sus origenes nobles, el se había siempre mostrado leal a la corona española, a pesar de tener oportunidad de regresar a las islas Molucas o pasar del lado de los portugueses, que se habían separado de España en 1640.

Alexo fue condenado el 30 de marzo de 1648 para salir en procesión en un acto de fé, cargado una vela verde y vestido con el jubón de San Benito, como arrepentimiento por su herejía.  Sirvió el resto de sus días en el Convento de Santo Domingo, que está a un costado del edificio de la Inquisición, en el centro de la Ciudad de México. 

Concluye Crewe "y fue ahí, quizás después de un largo día de barrer el claustro del convento y desempolvando las esculturas de santos de marfil traídas desde las lejanas Filipinas, donde su vida llegó a su fin; al otro lado del mundo en el que vivían Ynés y María de Lima."
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 José Toribio Medina, El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las Islas Filipinas, Santiago de Chile, Imprenta Elzeveriana, 1899.

Ryan Crewe, "Transpacific Mestizo: Religion and Caste in the Worlds of a Moluccan Prisoner of the Mexican Inquisition". Itinerario Vol. 39, Num. 3, Dic. 2015. Investigación basada en el expediente Archivo General de la Nación, Inquisición, vol. 418, exp. 5.
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